Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 378

nuestro sanatorio es mostrar el valor de una alimentación saludable.

Evitad los cambios repentinos

Es correcto que en nuestros sanatorios no se sirva té, café ni carne. Para muchos, éste es un gran cambio y una severa privación. Poner en vigencia al mismo tiempo otras innovaciones, tales como la adopción de dos comidas al día, puede tender, en los casos de algunos, a causar más daño que bien.

Para muchos la cena ha sido la hora más feliz del día. Es entonces cuando toda la familia, una vez terminado el trabajo del día, se sienta alrededor de la mesa para una reunión social.

Claro que es mejor tener dos comidas al día que tres. Lo creo y lo practico; pero no tengo un “así dijo el Señor” de que no esté bien para alguno tener la tercera comida. No debemos ser como los fariseos, atados por un grupo de reglas y regulaciones establecidas. La Palabra de Dios no ha especificado horas precisas para ingerir los alimentos. Debemos evitar hacer leyes como las de los fariseos, o enseñar como doctrinas los mandamientos de los hombres. Permitid que nuestras regulaciones sean tan consecuentes que apelen a la razón de los que aún no se han educado para ver todas las cosas en su claridad. Al esforzaros por introducir los principios renovadores y transformadores de la verdad en la vida práctica de los que vienen al sanatorio en busca de mejoría para su salud, dejad que vean que no se les imponen reglas arbitrarias. No les deis razón para que sientan que se les obliga a seguir una conducta que no han elegido.—Carta 213, 1902.

No debe haber carne sobre las mesas del sanatorio

El Señor me ha instruido claramente acerca de que no

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