Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 412

ciudades deben despertarnos a la actividad intensa de dar el mensaje de amonestación al pueblo en estos congestionados centros de población mientras aún tenemos oportunidad. El tiempo más favorable para la presentación de nuestro mensaje en las ciudades ya ha pasado. El pecado y la iniquidad aumentan rápidamente; y ahora tendremos que redimir el tiempo trabajando en forma más fervorosa.—Carta 148, 1906.

Buscad hogares rurales

A los padres que viven en las ciudades el Señor les envía una clamorosa advertencia: Reunid a vuestros hijos en vuestras propias casas, separadlos de los que menosprecian los mandamientos de Dios, que enseñan y practican el mal. Salid de las ciudades tan pronto como sea posible.

Los padres pueden adquirir casas pequeñas en el campo con tierra para el cultivo, donde puedan tener huertos y sembrar verduras y cultivar árboles frutales para que estos productos naturales tomen el lugar de la alimentación a base de carne, que es tan corruptora de la sangre. En tales lugares los jóvenes no estarán rodeados de las influencias seductoras de la vida cotidiana. Dios ayudará a su pueblo a hallar tales lugares fuera de las ciudades.—Manuscrito 133, 1902.

Ubicación rural para las instituciones

Hasta donde sea posible, nuestras instituciones debieran estar lejos de las ciudades. Debemos tener obreros para estas instituciones, y si están en la ciudad, eso significa que las familias de nuestro pueblo deben estar cerca de ellas. Pero no es la voluntad de Dios que su pueblo se establezca en las ciudades, donde hay tumulto y confusión constantes. Los hijos de ellos deben quedar libres de esto, pues todo el organismo se desmoraliza por el afán, la prisa y el ruido.

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