Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 413

El Señor desea que su pueblo se traslade al campo, donde puedan conseguir tierra y cultivar sus propios frutos y verduras, y donde sus hijos puedan estar en contacto directo con las obras de Dios en la naturaleza. Llevad vuestras familias lejos de las ciudades, es mi mensaje.—Carta 182, 1902.

Obra en favor de los desechados

En la última parte de 1899 se despertó un gran interés a favor de la clase pobre y desechada; una gran obra debe emprenderse para levantar al caído y al degradado. Esta obra es buena en sí misma. Siempre debemos tener el espíritu de Cristo, y hacer la misma clase de trabajo que él llevó a cabo por la humanidad doliente. El Señor tiene una obra que hacer en favor de los desechados. No hay duda de que ése es el deber de algunos: trabajar entre ellos y tratar de salvar las almas que están pereciendo. Esto tendrá su lugar en conexión con la proclamación del mensaje del tercer ángel y la recepción de la verdad bíblica. Pero hay peligro de recargar a todos con esta clase de trabajo debido a la intensidad con que se lleva a cabo. Hay peligro de inducir a ciertos hombres a concentrar sus energías en este trabajo cuando Dios los ha llamado a otro.

El gran asunto de nuestro deber hacia la humanidad es serio, y se necesita mucho de la gracia de Dios para decidir cómo obrar a fin de alcanzar el mayor bien. No todos son llamados a empezar su trabajo entre las clases más pobres. Dios no requiere que sus obreros obtengan su educación profesional para que se dediquen exclusivamente a estas clases.

La obra de Dios se manifiesta en una forma que establecerá confianza en que la obra fue ordenada por él y que los principios correctos son el fundamento de toda acción. Pero he tenido instrucción de parte de Dios de que hay

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