Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 52

El Señor desea que nuestros médicos colaboren con él en su manera de tratar a los enfermos, y que demuestren más fe y utilicen menos medicamentos. Confiemos en Dios. Nuestra fe es débil, y nuestro corazón permanece sin cambiar. Dios quiere que se produzca un cambio. Dice: “Os daré un corazón nuevo”. Cuando esta promesa se cumpla para el pueblo de Dios, la condición de las cosas será muy diferente de lo que es ahora.—Manuscrito 14, 1904.

Un anhelo más profundo por las almas

Dios desea que en la obra médica misionera se introduzca un anhelo más profundo por las almas. Este anhelo llenaba el corazón de quienes establecieron nuestra primera institución médica. Cristo debe estar presente en el cuarto del enfermo, y llenar el corazón del médico con la fragancia de su amor. Cuando su vida sea de tal naturaleza que Cristo pueda acompañarlo junto al lecho de los enfermos, éstos recibirán la convicción de que él, el compasivo Salvador, está presente, y esta convicción hará mucho por restaurar en ellos la salud.

Los médicos y las enfermeras de nuestras instituciones debieran expresar en forma inequívoca, por sus obras y sus palabras, que “Dios está aquí” para salvar y no para destruir. Cristo invita a nuestros médicos a familiarizarse con él. Cuando respondan a su invitación, sabrán que reciben lo que piden. Se les iluminará la mente con sabiduría de lo alto. Al contemplar constantemente al Salvador se harán cada vez más semejantes a él, hasta que finalmente podrá decirse de ellos en las cortes celestiales: “Estáis completos en él”. Cristo se ha comprometido a dar a sus discípulos lo que pidan en su nombre. Al trabajar en armonía con él, pueden pedirle que les ayude en todo momento de necesidad.—Manuscrito 14, 1904.

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