Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 62

y obedecen a Dios se encontrarán entre los fieles, los puros y los leales: los que son dignos de morar con él en los recintos celestiales.—Carta 41, 1903.

Exhortación a la unión fraternal

Temer a Dios y andar con él es privilegio y deber de todo médico. Se me ha mostrado que Satanás asedia con sus tentaciones con mayor fuerza a los médicos que pertenecen a nuestro pueblo que a los que no son de nuestra fe. La obra de Satanás consiste en fomentar el orgullo y la ambición, egoísmo y amor por la supremacía, con el fin de impedir esa fuerte unión fraternal que debiera existir entre nuestros médicos, la cual daría vigor a sus propósitos y contribuiría en gran medida a asegurar el éxito en todas sus empresas. Los médicos que creen la verdad debieran esforzarse por alcanzar la armonía en todas nuestras instituciones.

No debiera existir la rivalidad. Los desacuerdos y la rivalidad son más ofensivos aun para Dios cuando se manifiestan entre los médicos que entre los que aseguran haber sido llamados al ministerio; porque el médico piadoso es embajador de Cristo que debe llevar la palabra de vida a los sufrientes que están por despedirse de esta vida. Si posee sabiduría para hablar palabras oportunas que inducirán al sufriente a confiar en Jesús, podría ser el instrumento en manos de Dios para la salvación de un alma. Cuán firmemente resguardada debiera estar el alma del médico para que los pensamientos impuros y sensuales no encuentren lugar en ella.

Se me ha mostrado que se pierde mucho cuando los médicos de nuestra fe se apartan unos de otros debido a las diferencias que existen entre sus métodos de práctica médica. Debieran efectuarse reuniones para médicos, en las que todos pudieran departir juntos, intercambiar ideas y

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