Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 64

impropio de comer y beber, y a pesar de eso no le dice al paciente que su padecimiento se debe a acciones equivocadas, está perjudicando la fraternidad humana. Presente el asunto con delicadeza, pero nunca guarde silencio acerca de la causa de la enfermedad.—Carta 120, 1901.

El médico como observador del sábado

Cristo era prácticamente un adventista del séptimo día. Él fue quien llamó a Moisés para que subiera al monte donde recibió instrucciones para su pueblo... Cristo, con imponente magnificencia, dio a conocer la ley de Jehová, y promulgó entre otros mandamientos, el que sigue: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo”. Hermano mío, usted no ha atribuido al sábado la santidad requerida por Dios. La irreverencia se ha introducido y ha dado un ejemplo que Dios no aprueba. Él no es honrado ni glorificado. Siempre habrá deberes que tendrán que realizarse en el día sábado para aliviar el sufrimiento de la humanidad. Esto es correcto y está de acuerdo con la ley de Aquel que dice: “Misericordia quiero, y no sacrificio”. Pero existe en esto el peligro de caer en una actitud descuidada, y de hacer lo que no es realmente indispensable efectuar en el sábado.

Se viaja innecesariamente en sábado, y hay muchas otras cosas que debieran dejarse sin hacer. “Presta atención a todos tus caminos—dice el Señor—no sea que quite mi Espíritu Santo debido a la floja consideración que has dado a mis preceptos”. “Acuérdate del día de reposo para santificarlo”. No descuiden la exhortación a recordar. No olviden descuidadamente que “seis días trabajarás, y harás toda tu obra”. Durante este lapso deberán llevarse a cabo todos los deberes necesarios para efectuar los preparativos para el sábado.—Carta 51, 1901.

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