Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 66

mantener el ojo de la fe contemplando lo eterno y lo invisible, para que cada vez pueda conocer mejor el gran plan de Dios para ayudar a los sufrientes a discernir el valor del alma humana. Debe estimar el reproche de Cristo como una riqueza de más valor que los tesoros de Egipto.

Sé que usted pasa por momentos de desánimo y pruebas que agobian su alma, hasta el punto de que casi olvida que Jesús es su Auxiliador, y que su ojo lo observa en todo momento. En el desarrollo de sus planes en favor de la bendición y el alivio de la humanidad, recuerde siempre que no es usted quien está realizando el trabajo. Cristo requiere que lleve su yugo y levante su carga. El gran corazón de Cristo, lleno de simpatía, siempre se está identificando con la humanidad doliente. Usted no puede hacer nada por su propia cuenta. Considérese como un instrumento en las manos de Dios, y deje que su mente, su paz y su gracia gobiernen su corazón y su vida.

Sea el hilo de Dios con el cual él teja su diseño. Nunca podrá manejarse a sí mismo. Tampoco podrá ubicarse con éxito en una posición adecuada. Debe trabajar como agente que colabora con Dios. “Ocupaos de vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”. Aquí están los elementos combinados: Dios y el agente humano, ambos trabajando en armonía.—Carta 97, 1894.

Ocultando el yo en Cristo

El Dr. John Cheyne, mientras se desarrollaba hasta alcanzar un lugar destacado en su profesión, no olvidó sus obligaciones hacia Dios. Cierta vez, escribió esto a un amigo: “Podría ser que usted deseara conocer la condición de mi mente. Me siento humillado hasta el polvo por el pensamiento de que no existe una sola acción en mi

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