Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 8

fuente de la vida. Nuestra vida es algo que recibimos, algo que el Dador toma nuevamente para sí. Si nuestra vida está escondida con Cristo en Dios, cuando se manifieste, también nos manifestaremos con él en gloria. Y mientras tanto en este mundo daremos a Dios, en servicio santificado, todas las facultades que él nos ha legado.—Carta 309, 1905.

La vida por el poder de Dios

La parábola de la semilla revela que Dios obra en la naturaleza. La semilla tiene en sí un principio germinativo, un principio que Dios mismo ha implantado; sin embargo, si se abandonara la semilla a sí misma no tendría poder para brotar. El hombre tiene una parte que desempeñar para promover el crecimiento del grano.

Hay vida en la semilla, hay poder en el terreno; pero a menos que se ejerza día y noche el poder infinito, la semilla no dará frutos. Deben caer las lluvias para humedecer los campos sedientos, el sol debe impartir calor, debe comunicarse electricidad a la semilla enterrada. El Creador es el único que puede hacer surgir la vida que él ha implantado. Cada semilla crece y cada planta se desarrolla por el poder de Dios.—Palabras de Vida del Gran Maestro, 43, 44.

Vida de Dios en la naturaleza

El Señor ha dado su vida a los árboles y las plantas de su creación. Su palabra puede aumentar o disminuir el fruto de la tierra.

Si los hombres abrieran su entendimiento para discernir la relación entre la naturaleza y el Dios de la naturaleza, se escucharían entusiastas reconocimientos del poder del Creador. La naturaleza moriría sin la vida de Dios. Sus obras creadas dependen de él. Él derrama propiedades vivificantes sobre todo lo que produce la naturaleza. Debemos

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