Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 9

considerar los árboles cargados de frutos como el don de Dios, de igual forma como si él hubiera colocado el fruto en nuestras manos.—Manuscrito 114, 1899.

Dios alimenta a los millones de la tierra

Al alimentar a los cinco mil, Jesús alzó el velo del mundo de la naturaleza y reveló el poder que se ejerce constantemente para nuestro bien. En la producción de las mieses de la tierra, Dios obra un milagro cada día. Por medio de agentes naturales, se realiza la misma obra que fue hecha al alimentar a la multitud. Los hombres preparan el suelo y siembran la semilla, pero es la vida de Dios lo que la hace germinar. Es la lluvia, el aire y el sol de Dios lo que le hace producir, “primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga”. Es Dios quien alimenta cada día a los millones con las mieses de esta tierra.—El Deseado de Todas las Gentes, 335.

Mantenidos en actividad

El corazón palpitante, el pulso vibrante, todo nervio y músculo del organismo viviente se mantienen en orden y actividad por el poder del Dios infinito. “Considerad los lirios, cómo crecen; no trabajan, ni hilan; mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos. Y si así viste Dios la hierba que hoy está en el campo, y mañana es echada al horno, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe? Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud. Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas. Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas”.

Cristo dirige aquí la mente hacia el exterior para que contemple los campos abiertos de la naturaleza, y su vigor toque los ojos y los sentidos para que disciernan las obras

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