Ellen G. White Writings

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El Ministerio Médico, Page 96

vivió una vida pura, noble y perfecta, dando un ejemplo que todos pueden seguir sin peligro. El Señor extiende su mano para salvar. Responda a la invitación hecha a todos para “que echen mano... de mi fortaleza, y hagan paz conmigo. ¡Sí, que hagan paz conmigo!” ¡Cuán ávidamente toma el Señor la mano temblorosa en la suya, reteniéndola con calor y firmeza, hasta que los pies se asientan en terreno ventajoso!...

Confiad en Aquel que comprende vuestra debilidad. Manteneos cerca de Cristo; porque el enemigo está listo para llevar cautivo a cualquiera que no esté en guardia...

Son los jóvenes a quienes el Señor quiere como manos auxiliadoras. Samuel era tan sólo un niño cuando el Señor lo usó para hacer una obra buena de misericordia...

Dios envía ángeles a los que con firme perseverancia se esfuerzan por revelar los atributos de Cristo, para darles una visión ampliada de su carácter y obra, de su poder, gracia y amor. Así llegan a ser participantes de su naturaleza, y día tras día crecen hasta la plena estatura de hombres y mujeres en Cristo. Se ve la santificación del Espíritu en sus pensamientos, palabras y obras. Su ministerio es vida y salvación para todos aquellos con quienes se relacionan. De los tales se declara: “Y vosotros estáis completos en él”.—Consejos para los Maestros Padres y Alumnos, 469-474.

Precaución necesaria al animar a los estudiantes

Muchos, sabiendo cuán penosos deberes tienen los médicos, y cuán pocas oportunidades tienen de ser aliviados de las congojas, aun en el sábado, no quieren elegir esta carrera para su vida. Pero el gran enemigo busca constantemente destruir la obra de las manos de Dios, y hombres de cultura e inteligencia están llamados a combatir su cruel poder. Se necesitan más hombres de la debida clase para que se dediquen a esta profesión. Debe hacerse un esfuerzo

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