Ellen G. White Writings

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Historia de los Patriarcas y Profetas, Page 350

incitó a odiarse y matarse mutuamente, sino también a desafiar atrevidamente la autoridad de Dios, hasta el punto de violar el sexto mandamiento como parte de su religión.

Merced a los conceptos pervertidos de lo que son los atributos divinos, los paganos fueron inducidos a creer que los sacrificios humanos eran necesarios para obtener el favor de sus dioses; y las crueldades más horribles se han perpetrado bajo diferentes formas de idolatría. Entre éstas se contaba la costumbre de hacer pasar a los hijos por el fuego ante ídolos. Cuando uno de ellos salía ileso de esta prueba del fuego, la gente creía que su ofrenda había sido aceptada; al niño así librado se le consideraba extraordinariamente favorecido por los dioses. Era colmado de beneficios, y después muy estimado; y por graves que fuesen sus crímenes, nunca se le castigaba. Pero si alguno se quemaba al pasar por el fuego, su suerte estaba decidida; se creía que la ira de los dioses sólo podía satisfacerse quitando la vida a la víctima, y por consiguiente era ofrecida como sacrificio. En épocas de gran apostasía, estas abominaciones prevalecieron hasta cierto grado, aun entre los israelitas.

También la violación del séptimo mandamiento se practicó antiguamente en nombre de la religión. Los ritos más licenciosos y abominables llegaron a formar parte del culto pagano. Hasta los dioses mismos se representaban como impuros, y sus adoradores daban rienda suelta a las pasiones bajas. Prevalecían vicios contra la naturaleza, y las fiestas religiosas se caracterizaban por una impureza general y pública.

La poligamia se practicó desde tiempos muy antiguos. Fué uno de los pecados que trajo la ira de Dios sobre el mundo antediluviano y sin embargo, después del diluvio esa práctica volvió a extenderse. Hizo Satanás un premeditado esfuerzo para corromper la institución del matrimonio, debilitar sus obligaciones, y disminuir su santidad; pues no hay forma más segura de borrar la imagen de Dios en el hombre, y abrir la puerta a la desgracia y al vicio.

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