Ellen G. White Writings

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La Educación, Page 263

El niño a quien se censura frecuentemente por alguna falta especial, la llega a considerar como peculiaridad suya, algo contra lo cual es en vano luchar. Así se da origen al desaliento y la desesperación que a menudo están ocultos bajo una aparente indiferencia o fanfarronería.

Únicamente se logra el verdadero objetivo de la reprensión cuando se guía al transgresor a ver su falta y se prepara su voluntad para su corrección. Obtenido esto, indíquesele la fuente del perdón y el poder. Trátese de que conserve el respeto propio e inténtese inspirarle valor y esperanza.

Esta obra es la más hermosa y difícil que haya sido confiada a los seres humanos. Requiere tacto y sensibilidad delicadísimos, conocimiento de la naturaleza humana, fe y paciencia divinas, dispuestas a obrar, velar y esperar. Nada puede ser más importante que esta obra.

Los frutos del dominio propio

Los que desean dominar a otros deben primero dominarse a sí mismos. Si se trata airadamente a un niño o joven, solo se provocará su resentimiento. Cuando un padre o un maestro se impacienta, y corre peligro de hablar imprudentemente, es mejor que guarde silencio. En este hay un poder maravilloso.

El maestro ha de tener en cuenta que va a encontrar naturalezas perversas y corazones endurecidos. Pero al tratar con ellos, nunca debe olvidar que él también fue niño y necesitó disciplina. Aun siendo adulto, y poseyendo las ventajas de la edad, la educación y la experiencia, yerra a menudo y necesita misericordia y tolerancia. Al educar a los jóvenes debe considerar que trata con personas que tienen inclinaciones al mal semejantes a las suyas. Tienen que aprender casi todas las cosas y para algunos es mucho más difícil aprender que para otros. Necesita tratar pacientemente al alumno torpe, no censurar su ignorancia, sino aprovechar toda oportunidad para animarlo. Con los alumnos muy sensibles y nerviosos debe proceder con mucha ternura. La sensación de sus propias imperfecciones debe moverlo constantemente a manifestar compañerismo y tolerancia hacia los que también tienen que luchar con dificultades.

La regla del Salvador: “Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos”5Lucas 6:31., tiene que ser adoptada por todos los que emprenden la educación de los niños y jóvenes. Son ellos los miembros más jóvenes de la familia del Señor,

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