Ellen G. White Writings

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Profetas y Reyes, Page 455

Capítulo 51—Un despertamiento espiritual

La ida de Esdras a Jerusalén fué muy oportuna. Era muy necesaria la influencia de su presencia. Su llegada infundió valor y esperanza al corazón de muchos que habían trabajado durante largo tiempo en medio de dificultades. Desde el regreso de la primera compañía de desterrados, bajo la dirección de Zorobabel y Josué, como setenta años antes, se había hecho mucho. Se había acabado el templo y los muros de la ciudad habían sido parcialmente reparados. Sin embargo quedaba todavía mucho por hacer.

Buen número de los que habían regresado a Jerusalén en años anteriores, habían permanecido fieles a Dios mientras vivieron, pero una proporción considerable de los hijos y de los nietos se habían olvidado del carácter sagrado de la ley de Dios. Aun algunos de los hombres a quienes se habían confiado responsabilidades vivían en pecado abierto. Su conducta contribuía mucho a neutralizar los esfuerzos hechos por otros para hacer progresar la causa de Dios; porque mientras se permitía que quedasen sin reprensión las violaciones flagrantes de la ley, la bendición del Cielo no podía descansar sobre el pueblo.

Concordaba con la providencia de Dios el hecho de que los que habían regresado con Esdras hubiesen dedicado momentos especiales a buscar al Señor. Lo que acababan de experimentar durante el viaje que habían realizado desde Babilonia, sin protección de poder humano alguno, les había enseñado ricas lecciones espirituales. Muchos se habían fortalecido en la fe; y al tratar éstos con los desalentados e indiferentes que había en Jerusalén, ejercieron una influencia que fué un

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