Ellen G. White Writings

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El Evangelismo, Page 162

Capítulo 8—La predicación de las verdades distintivas

La proclamación del segundo advenimiento

Despertad a la gente para la preparación—Vivimos en la terminación de la historia de esta tierra... La profecía se está cumpliendo. Pronto Cristo vendrá con poder y grande gloria. No tenemos tiempo que perder. Resuene el mensaje con fervientes palabras de amonestación.

Por doquiera debemos persuadir a los hombres a arrepentirse y huir de la ira que vendrá. Tienen almas que salvar o perder. No haya indiferencia en este asunto. El Señor llama a obreros que estén llenos de un propósito ferviente y decidido. Decid a la gente que esté preparada a tiempo y fuera de tiempo. Con las palabras de vida en vuestros labios, id a decir a los hombres y mujeres que el fin de todas las cosas está a las puertas.

Preservemos nuestras almas en el amor de Dios. La nota de amonestación debe ser dada. La verdad no debe languidecer en nuestros labios. Debemos despertar a la gente para que haga una preparación inmediata, porque poco nos imaginamos lo que está delante de nosotros. Estoy tan convencida como siempre de que vivimos en el último remanente del tiempo. Presente cada maestro una puerta abierta ante todos los que quieran venir a Jesús, arrepintiéndose de sus pecados.—Carta 105, 1903.

Proclamadlo en todo país—Se me ha indicado que presente palabras de amonestación a nuestros hermanos y hermanas que están en peligro de perder de vista la obra especial para este tiempo. En todo país hemos de promulgar la segunda venida de Cristo, en el lenguaje del revelador, quien proclama: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá”.—Testimonies for the Church 8:116 (1904).

Ha llegado el tiempo en que el mensaje de la pronta venida de Cristo ha de resonar por todo el mundo.—Testimonies for the Church 9:24 (1909).

El mensaje: “El Señor viene”—El Señor viene. Levantad vuestras cabezas y regocijaos. Oh, queremos pensar que los que oyen las gozosas nuevas, que reclaman el amor de Jesús, se sentirán llenos de gozo inenarrable y glorioso. Estas son las buenas y regocijantes nuevas que deberían galvanizar cada alma, y que deberían repetirse en nuestros hogares y

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