Ellen G. White Writings

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El Hogar Cristiano, Page 142

necesario velar constantemente, no sea que el egoísmo obtenga la supremacía y, llegando vosotros mismos a ser el centro de atención, exijáis cuidados e interés que no os sentís obligados a conceder a otros.4Testimonies for the Church 2:230, 231.

Muchos enferman física, mental y moralmente porque dedican su atención casi exclusivamente a sí mismos. Podría salvarles del estancamiento la sana vitalidad de espíritus más jóvenes y diversos así como la inquieta energía de los niños.5Testimonies for the Church 2:647.

Atender a los niños desarrolla rasgos nobles—Siento un interés muy tierno por todos los niños, porque empecé muy temprano a sufrir. He asumido el cuidado de muchos niños, y siempre sentí que el trato con la sencillez de la infancia era una gran bendición para mí....

La simpatía, la tolerancia y el amor que se requieren para tratar con niños serían una bendición en cualquier familia. Suavizarían y subyugarían los rasgos de carácter asentados en quienes necesitan ser más animosos y apacibles. La presencia de un niño en una casa endulza y refina. Un niño criado en el temor del Señor es una bendición.6Carta 329, 1904.

El cuidado y el afecto hacia los niños que dependen de nosotros elimina la tosquedad de nuestra naturaleza, nos infunde ternura y simpatía y ejerce influencia en el desarrollo de los elementos más nobles de nuestro carácter.7Testimonies for the Church 2:647.

La influencia de un hijo sobre Enoc—Después del nacimiento de su primer hijo, Enoc alcanzó una experiencia más elevada; fué atraído a más íntima relación con Dios. Comprendió más cabalmente sus propias obligaciones y responsabilidades como hijo de Dios. Cuando conoció el amor de su hijo hacia él, y la sencilla confianza del niño en su protección; cuando sintió la profunda y anhelante ternura de su corazón hacia su primogénito, aprendió la preciosa lección del maravilloso amor de Dios hacia el hombre manifestado en la dádiva de su Hijo, y la confianza que los hijos de Dios podían tener en el Padre celestial.8Historia de los Patriarcas y Profetas, 71, 72.

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