Ellen G. White Writings

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El Hogar Cristiano, Page 201

Capítulo 37—Lo que no debe ser el esposo

El que espera demasiado de su esposa—En la mayoría de las familias, hay niños de diversas edades, algunos de los cuales necesitan no sólo la atención y sabia disciplina de la madre, sino también la influencia más severa, aunque afectuosa, del padre. Pocos son los padres que dan a este asunto su debida importancia. Son negligentes acerca de su deber y así acumulan gravosas cargas sobre la madre, al mismo tiempo que, basándose en su propio juicio, se permiten criticar y condenar las acciones de ella. Con frecuencia, la pobre esposa y madre, abrumada por la impresión de responsabilidad y censura, se siente culpable y llena de remordimiento por lo que ha hecho inocentemente o por ignorancia, y que era, en muchos casos, lo mejor que podía hacerse en las circunstancias vigentes. Y sin embargo, cuando debieran apreciarse y aprobarse sus penosos esfuerzos e infundir alegría a su corazón, se ve obligada a andar bajo una nube de pesar y condenación porque su esposo, mientras pasa por alto su propio deber, espera de ella que cumpla el de ambos en forma satisfactoria para él, sin tener en cuenta las circunstancias que puedan impedirlo.1The Signs of the Times, 6 de diciembre de 1877.

Muchos esposos no entienden ni aprecian suficientemente los cuidados y perplejidades que sufren sus esposas, generalmente apresadas todo el día en un ciclo interminable de deberes caseros. Con frecuencia regresan ellos a casa con frente ceñuda y no aportan alegría al círculo familiar. Si la comida no está lista a tiempo, la esposa cansada, que a menudo es a

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