Ellen G. White Writings

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El Hogar Cristiano, Page 321

Capítulo 58—La familia del pastor

Su vida debe representar su mensaje.—Dios quiere que en su vida en el hogar el que enseña la Biblia ejemplifique las verdades que presenta. La clase de hombre que sea tendrá mayor influencia que lo que diga. La piedad en la vida diaria dará poder al testimonio público. Su paciencia, su carácter consecuente y el amor que ejerza impresionarán corazones que los sermones no alcanzarían.1Obreros Evangélicos, 215.

Si se la imparte debidamente, la educación de los hijos de un ministro ilustrará las lecciones que él da desde el púlpito. Pero si, por la mala educación que haya dado a sus hijos, un pastor demuestra su incapacidad para gobernar y regir, necesita aprender que Dios requiere de él que discipline debidamente a los hijos que le fueron dados antes que pueda cumplir su deber como pastor de la grey de Dios.2Carta 1, 1877.

Su primer deber es hacia sus hijos.—Los deberes propios del predicador le rodean, lejos y cerca; pero su primer deber es para con sus hijos. No debe dejarse embargar por sus deberes exteriores hasta el punto de descuidar la instrucción que sus hijos necesitan. Puede atribuir poca importancia a sus deberes en el hogar; pero en realidad sobre ellos descansa el bienestar de los individuos y de la sociedad. En extenso grado, la felicidad de hombres y mujeres y el éxito de la iglesia dependen de la influencia ejercida en el hogar. ...

Ninguna disculpa tiene el predicador por descuidar el círculo interior en favor del círculo mayor. El bienestar espiritual de su familia está ante todo. En el día del ajuste

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