Ellen G. White Writings

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El Hogar Cristiano, Page 452

Capítulo 80—Cómo hemos de jugar

Lo inocente en lugar de lo pecaminoso—No se puede hacer que los jóvenes sean tan calmosos y graves como los ancianos, el hijo tan sobrio como el padre. Aunque se condenan las diversiones pecaminosas, como en verdad debe hacerse, que los padres, maestros y tutores de los jóvenes provean en su lugar placeres inocentes, que no mancillen ni corrompan la moral. No sujetéis a los jóvenes bajo reglas y restricciones rígidas, que los induzcan a sentirse oprimidos, y a precipitarse en sendas de locura y destrucción. Con mano firme, bondadosa y considerada, sujetad las riendas del gobierno, guiando y vigilando sus mentes y propósitos, aunque de manera tan suave, sabia y amorosa, que ellos puedan darse cuenta de que tenéis presentes sus mejores intereses.1Consejos para los Maestros Padres y Alumnos, 255.

Hay diversiones, como el baile, los naipes, el ajedrez, las damas, etc., que no podemos aprobar porque el Cielo las condena. Estas diversiones abren las puertas a un gran mal. Su tendencia no es benéfica, sino que ejercen una influencia excitante, y producen en algunos una pasión que los arrastra a los juegos de azar y a la disipación. Todos aquellos juegos deben ser condenados por los cristianos y reemplazados por algo perfectamente inofensivo.2Testimonies for the Church 1:514.

Mientras imponemos restricciones a nuestros hijos con respecto a los placeres mundanales que tienden a corromper y extraviar, debemos proveerles recreación inocente, para conducirlos por sendas agradables en las cuales no haya peligro. Ningún hijo de Dios necesita vivir triste y lamentándose.

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