Ellen G. White Writings

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Joyas de los Testimonios 2, Page 511

Nuestro deber hacia el mundo*Testimonios para la Iglesia 6:273-280 (1900).

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito.” “No envió Dios a su Hijo al mundo para que condene al mundo, mas para que el mundo sea salvo por él.” Juan 3:16, 17. El amor de Dios abarca a toda la humanidad. Cristo, al enviar a sus discípulos, dijo: “Id por todo el mundo; predicad el evangelio a toda criatura.” Marcos 16:15.

Cristo quería que se hiciese en favor de los hombres una obra mayor que la que se había visto hasta entonces. No quería que tan grande número de personas decidiese permanecer bajo la bandera de Satanás, y quedar alistado entre los que se rebelaban contra el gobierno de Dios. El Redentor del mundo no quería que la herencia que él había comprado viviese y muriese en sus pecados. ¿Por qué, pues, son tan pocos los alcanzados y salvados?—Es porque tantos de los que profesan ser cristianos están obrando en forma similar al gran apóstata. Millares de los que no conocen a Dios podrían estar hoy regocijándose en su amor si los que aseveran servirle obrasen como Dios obró.

Las bendiciones de la salvación, tanto temporales como espirituales, son para toda la humanidad. Son muchos los que se quejan de Dios porque hay tanta necesidad y dolor en el mundo; pero Dios no quiso nunca que existiese esta miseria. Nunca quiso que un hombre tuviese abundancia de los lujos de la vida, mientras que los hijos de otros lloraran por pan. El Señor es un Dios benévolo. Proveyó abundantemente para las necesidades de todos, y por medio de sus representantes, a quienes ha confiado sus bienes, quiere que las necesidades de todas sus criaturas sean suplidas.

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