Ellen G. White Writings

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El Ministerio de Curación, Page 280

deseos uno a otro. No podéis hacer esto y conservar el amor mutuo. Sed bondadosos, pacientes, indulgentes, considerados y corteses. Mediante la gracia de Dios podéis haceros felices el uno al otro, tal como lo prometisteis al casaros.

Felicidad en el servicio abnegado

Tened presente, sin embargo, que la felicidad no se encuentra en retraeros de los demás conformándoos con prodigaros todo el cariño de que sois capaces. Aprovechad toda oportunidad que se os presente para contribuir a labrar la felicidad de los que os rodean. Recordad que el gozo verdadero sólo se encuentra en servir desinteresadamente.

La indulgencia y la abnegación caracterizan las palabras y los actos de los que viven la vida nueva en Cristo. Al esforzaros por llevar la vida que Cristo llevó, al procurar dominar el yo y el egoísmo, así como al atender a las necesidades de los demás, ganaréis una victoria tras otra. Vuestra influencia será entonces una bendición para el mundo.

Hombres y mujeres pueden alcanzar el ideal que Dios les señala si aceptan la ayuda de Cristo. Lo que la humana sabiduría no puede lograr, la gracia de Dios lo hará en quienes se entregan a él con amor y confianza. Su providencia puede unir los corazones con lazos de origen celestial. El amor no será tan sólo un intercambio de palabras dulces y aduladoras. El telar del cielo teje con urdimbre y trama más finas, pero más firmes, que las de los telares de esta tierra. Su producto no es una tela endeble, sino un tejido capaz de resistir cualquiera prueba, por dura que sea. El corazón quedará unido al corazón con los áureos lazos de un amor perdurable.

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