Ellen G. White Writings

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El Ministerio de Curación, Page 295

para dar a sus hijos buena herencia, y luego, mediante una buena educación, se esforzaran por remediar cualquiera mala condición en que hubieran nacido, ¡qué cambio tan favorable se vería en el mundo!

Cuanto más tranquila y sencilla la vida del niño, más favorable será para su desarrolio físico e intelectual. La madre debería procurar siempre conservarse tranquila, serena y dueña de sí misma. Muchos pequeñuelos son en extremo susceptibles a la excitación nerviosa, y los modales suaves y apacibles de la madre ejercerán una influencia calmante de incalculable beneficio para el niño.

Los infantes requieren calor, pero se incurre muchas veces en el grave error de tenerlos en cuartos caldeados y faltos de aire puro. La costumbre de taparles la carita mientras duermen es perjudicial, pues entorpece la libre respiración.

Debe evitarse a la criatura toda influencia que tienda a debilitar o envenenar su organismo. Debe ejercerse el más escrupuloso cuidado para que cuanto la rodee sea agradable y limpio. Es necesario proteger al pequeñuelo de los cambios repentinos y excesivos de la temperatura; pero hay que cuidar de que cuando duerma o esté despierto, de día o de noche, respire aire puro y vigorizante.

El vestido del niño

En la preparación del ajuar para el niño hay que buscar lo que más conviene, la comodidad y la salud, antes que la moda o el deseo de despertar la admiración. La madre no debe gastar tiempo en bordados y en labores de fantasía para embellecer la ropa de su pequeñuelo, ni imponerse así una carga de trabajo inútil, a costa de su salud y de la del niño. No debe cansarse encorvándose sobre labores de costura que comprometen su vista y sus nervios, cuando necesita mucho descanso y ejercicio agradable. Debe comprender la obligación de conservar sus fuerzas para hacer frente a lo que de ella exigirá su cargo.

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