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Testimonios Selectos Tomo 5

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    Capítulo 24—Llamados a ser testigos

    En un sentido muy especial, los adventistas del séptimo día han sido colocados en el mundo como centinelas y transmisores de luz. A ellos ha sido confiada la tarea de dirigir la última amonestación a un mundo que perece. La Palabra de Dios proyecta sobre ellos una luz maravillosa. Una obra de la más grande importancia les ha sido confiada: Proclamar los mensajes del primero, segundo y tercer ángeles. Ninguna otra obra puede ser comparada con ésta, y nada debe desviar nuestra atención de ella.5TS 136.1

    Las verdades que debemos proclamar al mundo son las más solemnes que jamás hayan sido confiadas a seres mortales. Nuestra tarea consiste en proclamar estas verdades. El mundo debe ser amonestado, y para eso, el pueblo de Dios tiene que ser fiel a su cometido. No debe dejarse arrastrar a la especulación, ni asociarse a los incrédulos en empresas comerciales; porque eso entorpecería su acción en la obra de Dios.5TS 136.2

    Cristo dice a los suyos: “Vosotros sois la luz del mundo.” Mateo 5:14. No es un hecho de poca importancia el que Dios nos haya revelado, con tanta claridad, sus planes y sus consejos. Comprender la voluntad de Dios, tal como está revelada en la segura palabra profética, es para nosotros un maravilloso privilegio, pero al mismo tiempo coloca sobre nosotros una pesada responsabilidad. Dios espera que impartamos a otros el conocimiento que nos ha dado. Según su plan, los factores divinos y humanos deben unirse para la proclamación del mensaje de amonestación.5TS 136.3

    En la medida de las oportunidades que se le ofrecen, cualquiera que haya recibido la luz de la verdad, carga con la misma responsabilidad que el profeta de Israel, a quien fueron dirigidas estas palabras: “Tú pues, hijo del hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel, y oirás la palabra de mi boca, y los apercibirás de mi parte. Diciendo yo al impío: Impío, de cierto morirás; si tú no hablares para que se guarde el impío de su camino, el impío morirá por su pecado, mas su sangre yo la demandaré de tu mano. Y si tú avisares al impío de su camino para que de él se aparte, y él no se apartare de su camino, por su pecado morirá él, y tú libraste tu vida.” Ezequiel 33:7-9.5TS 136.4

    ¿Esperaremos a que las profecías del fin se cumplan antes de hablar de ellas? ¿De qué servirían entonces nuestras palabras? ¿Esperaremos hasta que los juicios de Dios caigan sobre el pecador para decirle cómo evitarlos? ¿Dónde está nuestra fe en la Palabra de Dios? ¿Debemos ver realizadas las cosas anunciadas para creer en lo que él nos ha dicho? En claros y distintos rayos, nos ha llegado la luz, enseñándonos que el gran día está cercano “a las puertas.” Leamos y comprendamos antes que sea demasiado tarde.5TS 137.1

    Hemos de ser conductos consagrados, por los cuales la vida se comunique a otros. El Espíritu Santo debe animar e impregnar toda la iglesia, purificando los corazones y uniéndolos unos a otros. Aquellos que han sido sepultados con Cristo por el bautismo deben entrar en una nueva vida, y dar un ejemplo vivo de lo que es la vida de Cristo. Una comisión sagrada nos ha sido confiada. Esta es la orden que nos ha sido dada: “Por tanto, id, y doctrinad a todos los gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” Mateo 28:19, 20. La obra a la que os habéis consagrado consiste en dar a conocer el evangelio de salud. Vuestro poder está en la perfección celestial.5TS 137.2

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