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Testimonios para los Ministros

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    Apéndice

    Página 23. Folletos que denunciaban a la Iglesia Adventista como Babilonia: Se alude a un folleto titulado “El fuerte Clamor y el Mensaje del Tercer Angel”, publicado por un laico adventista, el señor Stanton, en el año 1893. Este señor, al estudiar la Biblia y los Testimonios, concentró su atención principalmente en los mensajes de reprensión y amonestación que encontró en ellos, olvidándose de que Dios había dicho: “Yo reprendo y castigo a todos los que amo”. Apocalipsis 3:19. Llegó a la conclusión de que los testimonios que contenían reprensiones constituían un rechazamiento de los reprendidos por Dios, y que los que querían participar del fuerte clamor debían salir de la Iglesia Adventista. La Iglesia, según él, se había convertido en Babilonia, de tal manera que los que quisieran terminar la obra de Dios en la tierra y salir en paz al encuentro de su Señor, debían separarse de ella.TM 521.1

    Un ferviente discípulo del señor Stanton, el señor W. F. Caldwell, salió rumbo a Australia para llevar su mensaje a ese país, y visitar a la Hna White quien, según se suponía, se iba a unir a las fuerzas “reformistas”. Al llegar a Australia, este señor descubrió que mientras él cruzaba el Pacífico, había salido desde Nueva Zelandia un testimonio rumbo a los Estados Unidos, declarando que el mensaje del folleto acerca del “Fuerte Clamor” era “uno de los engaños satánicos destinados a crear confusión entre las iglesias” y afirmando en el lenguaje más claro que se puede concebir que “si usted está enseñando que la Iglesia Adventista del Séptimo Día es Babilonia, está equivocado”. La carta completa se puede leer en las páginas 58 a 62 de este libro. La Hna White enfrentó esta enseñanza engañosa en una serie de artículos publicados en la Review and Herald, bajo el titulo general de “La Iglesia Remanente no es Babilonia”, que aparece desde la página 32 hasta la 62 de esta obra. Ese movimiento separatista tuvo muy corta vida.]TM 521.2

    Página 26. Adventistas del Primer Día: Los que colaboraron en la proclamación de los mensajes de las ángeles primero y segundo en el gran despertar de la década de 1840, pero que rechazaron el mensaje del tercer ángel con la verdad del sábado, y que sin embargo continuaron abrazando la esperanza adventista, son mencionados por la Hna. White y otros primitivos adventistas guardadores del sábado como “adventistas nominales” o “adventistas del primer día”. Después de la desilusión ocurrida en el otoño de 1844, cuando Cristo no vino como se lo esperaba, los adventistas se dividieron en diversos grupos. Los principales que existen en la actualidad son la Iglesia Cristiana Adventista, una organización pequeña, y los Adventistas del Séptimo Día. Comparativamente pocos adventistas conservaron su confianza en el cumplimiento de la profecía en 1844 después de la desilusión, con excepción de los que aceptaron el mensaje del tercer ángel con la verdad del sábado.TM 521.3

    Página 27. La benevolencia sistemática: En 1859 los dirigentes de los adventistas observadores del sábado vieron la necesidad de trazar un plan sistemático para el sostén de la obra de Dios, y en un congreso, en el cual se estudió este asunto, se hicieron las siguientes recomendaciones:TM 522.1

    “1. Que cada hermano entre 18 y 60 años de edad aparte en el primer día de cada semana entre 5 y 25 centavos.TM 522.2

    “2. Que cada hermana entre 18 y 60 años de edad aparte el primer día de cada semana entre 2 y 10 centavos.TM 522.3

    “3. También, que cada hermano y hermana aparten el primer día de cada semana de 1 a 5 centavos por cada 100 dólares de propiedad que posean”.—The Review and Herald, 3 de febrero de 1859, 84. Este acuerdo fue votado por la Asociación General el 4 de junio de 1859.TM 522.4

    Para aclarar lo que implicaba el punto 3, Jaime White escribió lo siguiente en elGood Samaritan(El buen samaritano) de enero de 1861:TM 522.5

    “Proponemos que los amigos den un diezmo o la décima parte de sus entradas, considerando como entradas el 10% de lo que poseen”.TM 522.6

    En la The Review and Herald, 19 de abril 1861, Jaime White explicaba la forma en que los hermanos de Míchigan cumplían con este plan.TM 522.7

    “Consideran que el uso de sus propiedades equivale a invertir el capital con un 10% de interés. Consideran que ese 10% es un incremento de su propiedad. El diezmo de este incremento sería el 1%, lo que equivale a unos 2 centavos por semana por cada 100 dólares, que los hermanos, por conveniencia, están dispuestos a dar”.TM 522.8

    De manera que la benevolencia sistemática implicaba ofrendas voluntarias y un diezmo calculado sobre la base de una ganancia razonable de las propiedades de los hermanos. En 1846 se descubrió que el método de calcular el diezmo consistía realmente en determinar cuál era la décima parte de las entradas de cada persona, de cualquier fuente que éstas provinieran, con lo que se llegó a alcanzar con este sistema a un grupo mucho más numeroso de personas que solamente a los propietarios. Un folleto titulado “La Benevolencia Sistemática o el Plan Bíblico para Sostener el Ministerio”, publicado en 1878 por la Asociación Adventista de Publicaciones, presenta un resumen de este asunto en forma de preguntas y respuestas:TM 522.9

    “—¿Cuánto debo dar para el sostén del Evangelio?TM 523.1

    “—Después de considerar el asunto desde todos sus puntos de vista, respondemos: la décima parte de todas sus entradas”.TM 523.2

    Página 32. El folleto publicado por el Hno. S.: Véase la nota correspondiente a la página 23 de este apéndice.TM 523.3

    Página 41. El único objeto en la tierra al cual Cristo otorga su consideración suprema: Este reconfortante mensaje de la pluma de Elena G. de White fue repetido en varias ocasiones ulteriores. Véase—Mensajes Selectos 2:457 y 458.TM 523.4

    Página 57. Eli Curtis: El 21 de abril de 1847 Elena G. de White escribió una carta a Eli Curtis, contestando una serie de preguntas que él formulaba con respecto a sus opiniones teológicas. La parte medular de esa carta fue publicada por Jaime White en mayo de 1847 en A Word to the Little Flock (Una palabra para el rebaño pequeño), páginas 11 y 12. También encontramos alusiones al señor Curtis en Mensajes Selectos 1:68 y 69.TM 523.5

    Página 58. Carta al Hno. S.: Otra carta relacionada con este mismo tema, dirigida al señor Caldwell, ardiente discípulo del señor Stanton, que viajó a Australia para llevar el nuevo mensaje del “Fuerte Clamor” del tercer ángel a Elena G. de White y solicitarle su apoyo al movimiento, aparece en Mensajes Selectos 2:72 a 81.TM 523.6

    Página 64. La manifestación del Espíritu Santo condenada como fanatismo: En 1893 el espíritu de Dios fue derramado de una manera notable en el congreso de la Asociación General celebrado en Battle Creek, y en el colegio. Desgraciadamente hubo quienes consideraron que era señal de fanatismo. Véase Mensajes Selectos 1:151 a 153, donde encontraremos otras referencias a este incidente.TM 523.7

    Página 76. El espíritu de desenfreno manifestado en Minneapolis: Las circunstancias en que se celebró el congreso de la Asociación General realizado en 1888 en Minneapolis, y sus consecuencias, aparecen presentados en forma resumida en el Marco Histórico. Esa información nos permitirá comprender mejor estas y otras declaraciones que aparecen en esta obra con respecto a los incidentes de Minneapolis.TM 524.1

    Página 76. La editorial de Battle Creek y los procedimientos incorrectos: Estas declaraciones y otras más relacionadas con la editorial de Battle Creek, debieran ser leídas teniendo en cuenta las circunstancias que prevalecían allí en la década iniciada con el año 1890, tal como aparecen descritas en el Marco Histórico de este libro.TM 524.2

    Página 78. Una institución trata de dominar a otras: Se invita al lector a consultar el Marco Histórico para que pueda formarse una idea de las relaciones que existían entre las instituciones desde comienzos y hasta mediados de la década de 1890, y de los pasos que se dieron en aquella época para unificar las diferentes instituciones adventistas en una sola organización.TM 524.3

    Página 79. La reunión de Minneapolis: Véase la explicación de esta situación en el Marco Histórico.TM 524.4

    Página 83. Carreras de bicicletas (véase también la nota correspondiente a la página 398): En 1895 se le dio a Elena G. de White una visión de lo que estaba ocurriendo en Battle Creek. Entre las escenas que se les presentaron había una que se refería a carreras de bicicletas y a la lucha entablada para ocupar en ellas el primer lugar. Cuando ella recibió esa visión, la bicicleta no era un medio barato de transporte, sino más bien un juguete de gente rica. Los jóvenes compraban bicicletas en Battle Creek no para ir al trabajo o a la escuela, sino como una manifestación de superioridad, para hacerse ver y para lograr el predominio. Los jóvenes contraían compromisos que equivalían a muchos meses de sueldo para comprarlas. Pocos años después la bicicleta se convirtió en un instrumento útil y un medio de transporte relativamente barato.TM 524.5

    Página 89. Algunos desprecian la luz: Véanse las declaraciones concernientes al mensaje acerca de la justificción por la fe en el Marco Histórico.TM 525.1

    Página 91. El mensaje enviado por medio de los pastores Waggoner y Jones: Véanse las declaraciones concernientes al mensaje de la justificación por la fe en el Marco Histórico.TM 525.2

    Página 96. Los que han pasado años oponiéndose a la luz: Véanse las declaraciones concernientes a los incidentes de Minneapolis en el Marco Histórico.TM 525.3

    Página 117. El libro publicado por el pastor Haskell: Esta declaración se refiere a un libro tituladoThe History of Daniel the Prophet(La historia de Daniel el profeta), publicado en 1901 por el pastor S. N. Haskell. Era un tomo de 340 páginas con breves comentarios acerca de las profecias de Daniel. Esta declaración de la Hna. White fue escrita en 1902. Dos años más tarde el pastor Haskell publicó el segundo tomo de su obra tituladoThe History of the Seer of Patmos(La historia del vidente de Patmos), con comentarios acerca del Apocalipsis.TM 525.4

    Página 146. La sensualidad, el desenfreno y el adulterio: El pastor no está libre de las sutiles tentaciones del enemigo. En efecto, a menudo se convierte en el blanco de los ataques de Satanás. El sensualismo, el desenfreno y el adulterio aparecen aquí entre los pecados que cometen los que llevan el mensaje. Pero en la página 153 la Hna. White afirma que sólo “algunos” fueron infieles. Se abusa burdamente de esta declaración cuando se llega a la conclusión de que se aplica a todos los pastores en general. Debe recordarse que había un Judas entre los doce. La amonestación tiene como propósito que cada cual conserve su propia experiencia cristiana de tal manera que esta situación no se produzca.TM 525.5

    Página 160. Asambleas para ministros: Las asambleas mencionadas aquí se celebraban con bastante frecuencia en la última parte de la década de 1880 y en la primera de la iniciada en 1890, y a veces tomaban mucho tiempo. La referencia de la página 401 indica que esas asambleas fueron muy necesarias después del congreso de la Asociación General celebrado en 1888, para que nuestros obreros pudieran recibir instrucción adecuada y fueran adoctrinados en las verdades que debían presentar a la gente.TM 525.6

    Página 197. La recepción de los donativos de los gentiles (véanse también las páginas 202 y 203): Hacia fines de 1893, el pastor A. T. Robinson, que dirigía la obra de la iglesia en Africa del Sur, hizo arreglos para celebrar una entrevista con Cecil Rhodes, primer ministro de la Colonia del Cabo y representante principal de la Compañía Británica de Sudáfrica, que tenía intereses en Mashonalandia, con el propósito de conseguir un terreno para fundar una misión entre los nativos.TM 526.1

    Cecil Rhodes se sintió especialmente complacido con el plan de poner en marcha una misión entre los habitantes de ese país, y le extendió al pastor Robinson una carta sellada dirigida al Dr. Jemison, secretario de la Compañía, a quien debía dársela en Bulawayo.TM 526.2

    Los hermanos fueron a Bulawayo con la idea de comprar la tierra, y no se enteraron, hasta que el Dr. Jemison lo dijo, que Cecil Rhodes había dado orden de que se les concediera gratuitamente toda la tierra que necesitaran.TM 526.3

    Se consiguió un terreno de considerable extensión, en el que se fundó la Misión de Solusi, que fue la primera establecida por los adventistas entre gente no cristiana.TM 526.4

    Cuando algunos dirigentes de Battle Creek se enteraron de esto, se sintieron profundamente preocupados, pues temían que la aceptación de ese terreno podría constituir una violación de los principios de separación de la iglesia y el estado. Cuando este asunto se estudió en el congreso de la Asociación General de 1895, se tomó este acuerdo: “No debemos, como organización, buscar ni aceptar de ningún gobierno civil, jefe, dirigente o compañía real, local o de cualquier otra índole, ningún obsequio, donativo o concesión, ya sea de tierra, dinero, créditos, privilegios especiales, o cualquier otra cosa de valor, que no se conceda en común a todos los demás, sin una referencia particular a nuestras creencias religiosas y a la obra que realizamos”.TM 526.5

    Este acuerdo fue seguido por el siguiente:TM 526.6

    “De acuerdo con esta resolución, la Corporación Legal de la Asociación General debe recibir instrucciones para pagar la suma de dinero que corresponda, por toda la tierra del gobierno que se haya obtenido en Africa o que se obtenga en cualquier otra parte”.—The General Conference Bulletin, 283, 21 de febrero de 1895.TM 526.7

    La Junta de Misiones Extranjeras ratificó este acuerdo mediante la siguiente declaración: “Las tierras obtenidas del gobierno deben ser compradas y no recibidas como una concesión”.TM 526.8

    Pero antes que este acuerdo pudiera ser aplicado, el 30 de enero de 1895, Elena G. de White escribió un mensaje desde Australia en el que afirmaba: “Con respecto a las propiedades que hemos recibido como obsequio de los gentiles o paganos... que ellos deben dar, nosotros debemos considerar que tenemos el privilegio de recibirlos”.TM 527.1

    Al día siguiente escribió el artículo que aparece en las páginas 200 y 203 de este libro, en el que afirmaba que ciertos “dirigentes” estaban tomando “actitudes extremas”. Debido a estos dos mensajes de Elena G. de White, el acuerdo de la Asociación General nunca se cumplió.TM 527.2

    Página 200. Pasos tendientes a pagar impuestos por el Sanatorio y el Tabernáculo: En el congreso de la Asociación General de 1893 se tomó el siguiente acuerdo:TM 527.3

    Considerando, que nosotros creemos que debe existir separación entre la iglesia y el estado, resulta inconsecuente que la iglesia reciba del estado donativos en dinero, favores y exenciones por motivos religiosos; por lo tanto, votado, repudiar la doctrina de que la iglesia u otras propiedades de ella sean exentas de pagar impuestos y, votado, además, que se use nuestra influencia para lograr que esa legislación sea anulada, puesto que implica donativos y exenciones”.—The General Conference Bulletin, 475, 5 de marzo de 1893.TM 527.4

    El mensaje de Elena G. de White enviado el 31 de enero de 1895 contiene consejos acerca de este asunto, y fue aceptado por los dirigentes de la iglesia como instrucción que debía servir de guía en cuanto al pago de impuestos por nuestras propiedades exentas de hacerlo.TM 527.5

    Página 212. No todo debe concentrarse en Battle Creek: Véase el Marco Histórico.TM 527.6

    Página 266. Retiro rural de salud: Esta institución, el segundo sanatorio fundado por los adventistas, se levantó en el norte de California, cerca de Santa Elena. Más tarde se lo conoció como Sanatorio de Santa Elena, y en la actualidad como Sanatorio y Hospital de Santa Elena.TM 527.7

    Página 280. El sistema “o yo gobierno o esto no marcha”: Véase el Marco Histórico.TM 527.8

    Página 291. Centralización: En los congresos de la Asociación General celebrados en 1889 y 1891 se tomaron acuerdos con el propósito de centralizar las actividades editoriales de la organización. El plan consistía no solamente en poner los intereses de la obra de publicaciones bajo la dirección de una sola organización, con sede en Battle Creek, sino en unificar también la obra educacional y la obra médica de los adventistas. Véase el Marco Histórico para tener una idea de los pasos que se dieron en esa dirección.TM 527.9

    Página 331. La actual discusión financiera: Este mensaje dirigido al congreso de la Asociación General celebrado en 1897, y escrito en diciembre de 1896, tiene que ver con la campaña presidencial de William Jennings Bryan. Ese candidato estaba promoviendo ciertas políticas monetarias que según él y sus sostenedores daría grandes ganancias. Algunos adventistas se entusiasmaron con el plan. En sus consejos la Hna. White pone énfasis una y otra vez en que nuestra obra consiste en proclamar el mensaje del tercer ángel, y que los adventistas, como pueblo separado y peculiar, no debería implicarse en asuntos políticos.TM 528.1

    Página 342. Actitud hacia los Testimonios: La declaración de algunos que ocupaban el puesto de consejeros, en el sentido de que “no recibirían los testimonios dados”, subraya la situación que existía a mediados de la década de 1890, tal como se la describe en el Marco Histórico. Afortunadamente, durante el congreso de la Asociación General celebrado en 1901, más hombres que confiaban en el espíritu de profecía llegaron a ocupar puestos directivos.TM 528.2

    En la sesión inaugural de ese congreso, después que Elena G. de White instó a reorganizar la obra de la iglesia, el pastor A. G. Daniells, que había estado en Australia muchos años, y que en ese congreso llegaría a ser el principal dirigente de la Iglesia, dejó bien en claro su posición al afirmar: “Todos nosotros sentimos que nuestra única seguridad reside en la obediencia, en seguir a nuestro gran Dirigente... Si caminamos en la luz que tenemos, y avanzamos hoy tanto como podemos, Dios nos va a dar más luz; nos va a trasladar de la esclavitud a gloriosa libertad”.—The General Conference Bulletin, 27, 3 de abril de 1901.TM 528.3

    Algunos dirigentes de instituciones no respondieron a los mensajes de amonestación, advertencia y consejo que se habían dado, de manera que no se efectuaron las reformas propuestas.TM 528.4

    Página 342. El presidente de la Asociación General: En 1896, el año en que se escribió el mensaje dirigido a los presidentes y consejeros de las asociaciones, en el cual Elena G. de White declaró: “No es sabio escoger a un solo hombre como presidente de la Asociación General”, los administradores de la Asociación General eran: (1) un presidente, (2) un secretario, y (3) un secretario de actas y tesorero. En ese mismo año, el secretario de Misiones Extranjeras y el de Educación también se encontraban entre los administradores de la Asociación General.TM 529.1

    Pero en 1901 descubrimos que los administradores eran sólo el presidente, el secretario y el tesorero. El contexto de la declaración hecha por la Hna. White en 1896 aclara que no era su intención enseñar que no debía haber presidente de la Asociación General, sino más bien, tal como lo afirma en la página 343, “el presidente de la Asociación General necesita consejeros del carácter de los que Dios escogió para Moisés”. En ninguno de los escritos de Elena G. de White, ya sea anteriores o posteriores a 1901, afirma ella que en el plan de la organización de la iglesia no debiera haber un presidente elegido por los delegados. En sus escritos, publicados e inéditos, hay muchas referencias al presidente de la Asociación General, a sus responsabilidades y a la actitud que debiera manifestar.TM 529.2

    En 1902, la junta de la Asociación General, que en el congreso de 1901 había recibido la facultad de reorganizarse y elegir sus propios administradores, creó el cargo de vicepresidente de la Asociación General, y eligió a un hombre para ocuparlo. De allí en adelante el peso de la dirección recayó no sólo en un hombre, sino en varios. Los estatutos de la Asociación General hacen provisión para que haya varios vicepresidentes generales, como asimismo vicepresidentes destinados a cada una de las divisiones mundiales, que en este momento son trece.TM 529.3

    Página 349. El actual estado de cosas debe cambiar: Véase el Marco Histórico con respecto a las circunstancias que prevalecían en Battle Creek y a las cuales se hace referencia aquí.TM 529.4

    Página 359. La Asociación General se está corrompiendo: Véase el Marco Histórico para tener idea de las circunstancias que existían cuando se escribieron estas fuertes declaraciones y otras más en 1895.TM 529.5

    Página 366. Una especie de esclavitud: Véase el Marco Histórico para tener idea de la situación que existía en Battle Creek hacia mediados de la década de 1890.TM 529.6

    Página 373. El Señor está a punto de trastornar las instituciones: Tal como lo explicamos en el Marco Histórico, algunas instituciones de Battle Creek estaban administradas por hombres que habían perdido su consagración. Se envió una amonestación tras otra con el fin de que cambiaran los procedimientos que se seguían. Algunos miembros de la junta trataron de introducir algunos cambios, sin mayores resultados. Tampoco hubo una respuesta favorable a la invitación extendida por la Hna. White en ocasión del congreso de la Asociación General de 1901. Hacia fines de ese año aparecieron solemnes amonestaciones en un mensaje dirigido a los administradores de la Review and Herald que fue leído en ocasión de la junta celebrada en noviembre de 1901. Elena G. de White escribió:TM 530.1

    “Siento terror en el alma al ver hasta qué punto ha llegado nuestra casa editora”.—Testimonies for the Church 8:91.TM 530.2

    En la misma página declara: “Casi he tenido miedo de abrir la Review, por temor de enterarme de que Dios ha purificado la casa editora por medio del fuego”.TM 530.3

    Trece meses después, el 30 de diciembre de 1902, la editorial fue destruida por el fuego. Nunca se pudo descubrir la causa, pero los testigos oculares informaron que todo el edificio pareció explotar en llamas casi instantáneamente. Al enterarse de ese desastre, Elena G. de White escribió: “No me sorprendieron esas tristes noticias, porque en visiones de la noche vi a un ángel de pie con una espada, que parecía de fuego, extendida sobre Battle Creek”.—Testimonies for the Church 8:97.TM 530.4

    Página 374. Se acepta el consejo de los hombres como si fuera la voz de Dios: Vea el Marco Histórico para informarse acerca de las circunstancias que prevalecían en Battle Creek hacia mediados de la década de 1890, cuando los hombres buscaban el consejo de sus semejantes en lugar de procurar el de Dios.TM 530.5

    Página 397. El corazón de la obra debilitado por mala administración: Véase el Marco Histórico para evaluar la situación descrita aquí.TM 530.6

    Página 398. Bicicletas y otras cosas innecesarias: Véase la nota correspondiente a la página 83 en este apéndice.TM 530.7

    Página 400. No forméis colonias: Los intereses desarrollados por los adventistas en Battle Creek habían atraído a muchos creyentes a esa ciudad. En numerosas ocasiones Elena G. de White aconsejó a nuestros hermanos que se esparcieran y dejaran brillar su luz. Persistentemente se escuchó el consejo a través de los años, advirtiendo a los adventistas contra este tipo de “colonización”. Al mismo tiempo aconsejó a los que decidían salir de Battle Creek que se guardaran de tomar decisiones apresuradas. Véanse estos consejos en Mensajes Selectos 2:412 a 418.TM 530.8

    Página 401. Asambleas ministeriales: Véase la nota correspondiente a la página 160 en este apéndice.TM 531.1

    Página 427. La fornicación existe en nuestras filas: Las palabras de Elena G. de White que encontramos en la página 404 de este libro son significativas: “Todos deben tener en cuenta que Satanás dirige esfuerzos especiales contra el ministerio”. Desgraciadamente, algunos traicionaron la confianza que se les dispensó. Los solemnes mensajes que encontramos en este capítulo han servido de advertencia a través de los años. Las estrictas medidas actualmente en vigencia, que incapacitan al ministro, culpable de violar una vez el séptimo mandamiento, de llevar las credenciales sagradas, han sido un medio eficaz para hacer frente a la situación que presenta aquí Elena G. de White a los dirigentes de la Iglesia.TM 531.2

    Página 460. La visión de Salamanca: En Life Sketches (Esbozos biográficos), págs. 309 a 318, encontramos la historia de la visión de Salamanca y de la presentación de las instrucciones contenidas en esa visión.TM 531.3

    Página 462. Referencias a la unificación y la centralización: Véase el Marco Histórico, donde se presentan los pasos que se dieron a comienzos de 1889 para unificar la obra de Publicaciones y otras actividades de la organización.TM 531.4

    Página 467. Prejuicios y opiniones que prevalecieron en Minneapolis: Véase el Marco Histórico, que contiene información acerca de las circunstancias relacionadas con el congreso celebrado en Minneapolis en 1888.TM 531.5

    Página 468. Menospreciado, criticado, ridiculizado y rechazado: Se refiera aquí a la actitud asumida por algunos que se oponían al énfasis que se dio al mensaje de la justificación por la fe durante el congreso de la Asociación General de 1888 e inmediatamente después. Véase el Marco Histórico donde aparece una declaración más amplia que indica que mientras algunos asumían esa actitud, otros recibían el mensaje y obtenían una gran bendición.TM 531.6

    Página 469. American Sentinel: Este periódico, publicado semanalmente por la Pacific Press, se dedicó a promover los intereses de la libertad religiosa. Fue el precursor de Liberty.TM 532.1

    Página 472. Las trampas de Satanás: Tal como se lo indica al final del artículo, este capítulo fue publicado originalmente en 1884 en The Spirit of Prophecy (El espíritu de profecía), tomo 4. Era un libro escrito para la iglesia. Cuando Elena G. de White hacía planes para la presentación de la obra que ahora conocemos con el nombre de la serie de “El Conflicto de los Siglos”, que era de circulación general, decidió separar del material de El Gran Conflicto, publicado en 1888, algunas porciones que destinó especialmente para la iglesia. Reconocía que había algunas cosas que podían decirse sin dificultades a la iglesia, pero que no resultaban apropiadas para los que no eran miembros de ella.TM 532.2

    Página 475. Alguien debe venir con el espíritu y el poder de Elías: Estas palabras han sido aplicadas equivocadamente por algunas personas que pensaron que alguien habría de aparecer con un mensaje profético después de la vida y la obra de la Hna. White.TM 532.3

    Los tres párrafos que comprenden este articulo titulado “Que el Cielo nos Guíe”, constituyen sólo una pequeña parte del discurso dado por Elena G. de White en Battle Creek, Míchigan, en la mañana del 20 de enero de 1890. Al ser publicado en la The Review and Herald, 18 de febrero de 1890, apareció con este título: “Cómo Hacer Frente a un Controvertido Punto Doctrinal”.TM 532.4

    Otros extractos de ese artículo, usados para completar ciertas páginas de esta obra, pueden encontrarse en las páginas 23, 104, 111, 119, 158, 278 y 386. El artículo ha sido reproducido totalmente en Mensajes Selectos, tomo 1, cap. 65, incluso la porción que aparece en las páginas 482 y 483 de este libro.TM 532.5

    Cuando se lee el artículo entero, resulta evidente que Elena G. de White estaba hablando de su propio ministerio en esa declaración hecha poco después de un año del congreso de la Asociación General, y dirigido a un grupo de hermanos de Battle Creek. Algunos estaban criticando su obra. Nótese que en el párrafo que precede al que aparece en este libro en la página 475, Elena G. de White declara: “Debiéramos llegar a un estado en el que desaparezca toda diferencia. Si pienso que tengo luz, mi deber es presentarla. Supongamos que yo consultara a otros acerca del mensaje que el Señor me ha dado para la gente; la puerta podría cerrarse de modo que la luz no llegara a aquellos a quienes Dios la ha enviado. Cuando Jesús entró en Jerusalén, ‘toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto, diciendo: ‘¡Bendito el Rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas!’ Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. El, respondiendo, les dijo: Os digo que si estos callaren, las piedras clamarían’”. Lucas 19:37-40.TM 532.6

    “Los judíos trataron de detener la proclamación que había sido predicha en la Palabra de Dios”.TM 533.1

    Después de esto, se refiere otra vez con estas palabras a su propia experiencia:TM 533.2

    “La profecía debe cumplirse. El Señor dice: ‘He aquí yo os envío al profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible’. Alguien debe venir con el espíritu y el poder de Elías, y cuando aparezca, los hombres posiblemente dirán: ‘Eres demasiado piadoso, no interpretas las Escrituras de la debida manera!’”—Mensajes Selectos 1:482.TM 533.3

    El hecho de que se refería a su propia experiencia resulta evidente por el párrafo que sigue, en el que declara: “Presentaré la verdad tal como Dios me la da...”TM 533.4

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