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La Voz: Su Educación y Uso Correcto

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    Capítulo 57—Probando las verdades

    La verdad para este tiempo—Debemos extendernos en nuestros discursos doctrinales sobre la verdad, tal cual es en Jesús. Presente la verdad para este tiempo como un mensaje importante, como de otro mundo. Levante a Cristo, el Hombre del Calvario. Acérquese en consagración a un terreno más, y más sagrado cada vez. Predique la verdad con el poder de Dios enviado desde el cielo. Que la verdad se apodere de la parte espiritual de nuestra propia naturaleza, y entonces el flujo de poder divino, será comunicado a aquellos a quienes nos dirigimos. Tenga en mente que debe acrecentar su fe. Nuestra fe es demasiado pequeña. Lo que nos puede dar la ayuda que la crisis demanda, es el conocimiento inteligente de la verdad, como es en Jesús. Queremos tener su naturaleza—todas nuestras facultades y poderes fortalecidos y vitalizados por el Espíritu de Cristo.—Carta 230, 1899.VEUC 359.1

    El mensaje del tercer ángel—La verdad presente, el mensaje especial dado a nuestro mundo, aun el mensaje del tercer ángel, abarca un campo amplio que contiene tesoros celestiales. No tiene excusa el que diga: “Ya no tengo nada que hacer con estos mensajes especiales; yo predicaré a Cristo”. Nadie puede predicar a Cristo y presentar la verdad como es en Jesús, a menos que presente las verdades que han de ir delante del pueblo en el tiempo presente, cuando se desarrollan tantos eventos importantes.—Manuscrito 33, 1897.VEUC 360.1

    Primero las verdades comunes—Jesús hablaba ante los fariseos y saduceos en parábolas, escondiendo la claridad de la verdad bajo símbolos y figuras, porque ellos harían un uso equivocado de las verdades que él les presentaba; pero a sus discípulos les hablaba con toda claridad. Debemos aprender el método de enseñanza de Cristo, y ser cuidadosos para no desconectar los oídos de la gente, presentando verdades que ellos no están preparados de ninguna manera para recibir, por no ser completamente explicadas.VEUC 360.2

    Primero, debemos presentar las verdades que tenemos en común y obtener la confianza de los oyentes; entonces, a medida que los atraigamos, podemos avanzar despacio con el tema que se presente. Se necesita una gran sabiduría para presentar verdades impopulares en la forma más cautelosa delante de personas prejuiciadas para obtener acceso a sus corazones. Las discusiones ponen delante de las personas que no tienen ninguna luz acerca de nuestra posición, y que ignoran las verdades bíblicas, una serie de argumentos, hábilmente obtenidos y arreglados cuidadosamente, para cubrir los claros puntos de la verdad. Algunos se han propuesto ocultar con sus teorías engañosas declaraciones sencillas de hechos de la Palabra de Dios, y hacen que ello parezca plausible a aquellos que no han investigado por sí mismos. impopulares en la forma más cautelosa, delante de personas prejuiciadas, para obtener acceso a sus corazones. Han surgido discusiones delante de personas que no tienen ninguna luz acerca de nuestra posición, y que ignoran las verdades bíblicas; una serie de argumentos hábilmente obtenidos y arreglados cuidadosamente, para cubrir los claros puntos de la verdad. Algunos se han propuesto ocultar con sus teorías engañosas, declaraciones sencillas de hechos de la Palabra de Dios, y hacen que ello parezca plausible a aquellos que no han investigado por sí mismos.—Testimonies for the Church 3:426.VEUC 360.3

    Los argumentos sólidos—Es importante que al defender las doctrinas, que consideramos artículos fundamentales de nuestra fe, nunca nos permitamos emplear argumentos que no sean completamente sanos. Otra clase de argumentos puede servir para acallar a los oponentes, pero no honran la verdad. Debemos presentar argumentos sólidos, que no sólo acallen a nuestros oponentes, sino que soporten el examen más estricto y escudriñador. Los que se han educado como disputadores, están en grave peligro de no manejar la Palabra de Dios con justicia. Cuando hacemos frente a un oponente, nuestro esfuerzo debe consistir en presentar los temas de tal manera, que despierten la convicción en la mente, en vez de tratar simplemente de dar confianza al creyente.—Testimonios Selectos 4:247.VEUC 361.1

    Con demostración del Espíritu—Nuestra obra para este tiempo no debe ser hecha mediante palabras halagüeñas de sabiduría humana, tal como hacían los oradores paganos para ganar aplausos. Hablad con la evidencia del Espíritu, y con el poder que sólo Dios puede impartir. Las verdades cruciales para este tiempo, deben ser proclamadas por hombres cuyos labios han sido tocados con un carbón encendido, tomado del altar de Dios. Una predicación tal, contrastará muchísimo con la predicación que generalmente se escucha.—Comentario Bíblico Adventista 6:1084.VEUC 361.2

    Pan para el hambriento—Hay muchas almas hambrientas del Pan de vida. Su lamento es: “Dadme pan; no me deis una piedra. Lo que quiero es pan”. Alimentad a esas almas hambrientas que perecen. Tengan en mente nuestros ministros, que el alimento más fuerte no se le da a los bebitos, que no conocen los principios de la verdad como nosotros los creemos. En cada época, el Señor ha tenido un mensaje especial para el pueblo de ese tiempo; del mismo modo, nosotros tenemos un mensaje para la gente de este tiempo. Pero aunque tenemos muchas cosas que decir, debemos ser constreñidos a guardar algunas de ellas por un tiempo, porque la gente no está preparada para recibirlas ahora.VEUC 362.1

    Cuando se presenta un discurso, la gente puede escuchar con interés, pero es extraño y nuevo para ellos, y Satanás está listo a sugerir en sus mentes muchas cosas que no son ciertas. El tratará de pervertir e interpretar mal, las palabras del orador. ¿Qué haremos? Los discursos que presenten las razones de nuestra fe debieran publicarse en folletos pequeños, y hacerlos circular tanto como sea posible. De este modo, las falsedades y tergiversaciones que el enemigo de la verdad trata constantemente de mantener en circulación, serán reveladas en su verdadero carácter. La gente tiene oportunidad de saber exactamente lo que el ministro dijo. Los que introducen la levadura de la verdad en medio de la masa de las falsas teorías, y doctrinas, pueden esperar oposición. Las baterías de Satanás apuntarán a los que defienden la verdad, y los portaestandartes deben esperar encontrar muchas trampas y oprobios difíciles de soportar.VEUC 362.2

    El mensaje de advertencia, debe proclamarse en todos las carreteras y caminos apartados. En las ciudades hay que trabajar, no solamente predicar; debe trabajarse de casa en casa.—Manuscrito 95, 1894.VEUC 363.1

    La belleza moral de la verdad que prueba—Al comenzar a trabajar en un nuevo campo de labor, cuídese de no exaltar sus defectos como virtudes, retardando de esta manera la obra de Dios. Lo que estamos presentando a la gente son verdades que prueban, y debiéramos elevar estas verdades en cada movimiento, para que se destaquen en toda su belleza moral delante de aquellos por quienes laboramos. No haga aparecer en torno a la verdad las peculiaridades de su propio carácter, o su propia forma de trabajar.—Carta 12, 1887.VEUC 363.2

    El mensaje de los tres ángeles—Es nuestro privilegio esperar grandes cosas, aun la demostración del Espíritu de Dios. Este es un poder que convence al alma de pecado y la convierte. Nuestro mensaje es un mensaje de vida o muerte, y debemos hacerlo aparecer como es—el gran poder de Dios. Entonces el Señor lo hará eficaz. Debemos presentarlo en toda su fuerza reveladora. Los mensajes del primer ángel y del segundo, están ligados con el mensaje del tercer ángel. El poder de la proclamación del mensaje del primer ángel y del segundo, se concentra en la del tercero.—Carta 209, 1899.VEUC 363.3

    Un mensaje que prueba—Elimine de su programa los sermones que no iluminen el alma, que no respondan a la pregunta: “¿Qué debo hacer para ser salvo?” Predique el mensaje de prueba del tercer ángel. Es esencial que nuestros predicadores prediquen la verdad, que tiene una conexión con el mensaje para este tiempo, y que presenten los temas en la forma más sencilla. “Qué debo hacer para ser salvo”, y “la justicia de Cristo”, son temas de vital importancia para la gente.—Carta 29, 1895.VEUC 364.1

    La importancia de la verdad del sábado—El sábado del cuarto mandamiento es la prueba para este tiempo, y por lo tanto, todo lo relacionado con este gran memorial, debe ser presentado ante la gente.—Carta 207, 1899.VEUC 364.2

    Una prueba para este tiempo—Escribo esta carta, para decir algunas cosas a mis hermanos en el ministerio. Cuando ustedes tengan una congregación delante de ustedes por solamente dos semanas, no difieran la presentación del asunto del sábado, el tema verdadero y real, hasta que todo lo demás haya sido presentado, suponiendo que están pavimentando el camino para eso. En Ballarat y en Maitland se cometió ese error. El asunto del sábado fue tocado, pero no fue convertido en el gran tema, la prueba para este tiempo.VEUC 364.3

    Eleven las normas, los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. Hagan de esto el todo, y entonces, cérquenlos con sus fuertes argumentos y hagan de ello, una fuerza aún mayor.—Carta 209, 1899.VEUC 365.1

    La causa del zarandeo—Pregunté cuál era el significado del zarandeo que yo había visto, y se me mostró que lo motivaría el testimonio directo que exige el consejo que el Testigo fiel dio a la iglesia de Laodicea. Moverá este consejo el corazón de quien lo reciba, y le inducirá a exaltar el estandarte, y a difundir la recta verdad. Algunos no soportarán este testimonio directo, sino que se levantarán contra él, y esto es, lo que causará un zarandeo en el pueblo de Dios.—Primeros Escritos, 270.VEUC 365.2

    La revelación de Juan—A Juan le fueron descubiertos cuadros de la experiencia de la iglesia, que resultaban de interés profundo y conmovedor. Vio las circunstancias, los peligros, las luchas y la liberación final del pueblo de Dios. Consigna los mensajes finales que han de hacer madurar la mies de la tierra, ya sea en gavillas para el granero celestial, o en manojos para los fuegos de la destrucción. Fuéronle revelados asuntos de suma importancia, especialmente para la última iglesia, con el objeto de que los que se volviesen del error a la verdad, pudiesen ser instruidos con respecto a los peligros y luchas que los esperaban. Nadie necesita estar a oscuras, en lo que concierne a lo que ha de acontecer en la tierra.—Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, 390.VEUC 365.3

    El testimonio de Cristo—El Señor hizo conocer a Juan las cosas que podían ser útiles a su pueblo, en los últimos días. Las instrucciones que le diera están consignadas en el libro de Apocalipsis. Los que quieran ser colaboradores del Señor y del Salvador Jesucristo, manifestarán un intenso interés en las verdades contenidas en este libro. De viva voz y por escrito, se esforzarán en explicar esas cosas maravillosas que Cristo ha revelado, al venir del cielo...VEUC 366.1

    Los solemnes mensajes que han sido dados en el Apocalipsis, según su orden de sucesión, deben ocupar el primer lugar en el pensamiento de los hijos de Dios. No debemos permitir que nuestra atención sea cautivada por otra cosa.VEUC 366.2

    Un tiempo precioso pasa rápidamente, y hay peligro de que muchos se dejen robar el tiempo, que debieran dedicar a la proclamación del mensaje que Dios envió a un mundo caído. Satanás está satisfecho cuando nota la distracción de las mentes, que debieran estar ocupadas en el estudio que concierne a las realidades eternas.VEUC 366.3

    El testimonio de Cristo, testimonio particularmente solemne, debe ser llevado al mundo. A través de todo el libro de Apocalipsis se encuentran preciosas promesas alentadoras, así como advertencias del significado más solemne. ¿No querrán leer el testimonio dado por Cristo a su discípulo Juan, los que pretenden poseer un conocimiento de la verdad? En él, no hay suposiciones, ni engaños científicos. Contiene verdades que atañen a nuestro bienestar presente y futuro.—Testimonios Selectos 5:126, 127.VEUC 367.1

    Daniel y Apocalipsis—Los que aceptan posiciones como educadores, debieran apreciar cada día más y más, la voluntad revelada de Dios en forma clara e impresionante, presentada en Daniel y el Apocalipsis.—Testimonies for the Church 6:131.VEUC 367.2

    El propósito del libro de Apocalipsis—En el libro de Apocalipsis leemos de una obra especial, que Dios quiere que realice su pueblo en estos últimos días. El nos ha revelado su ley, y nos ha mostrado la verdad para este tiempo. Esta verdad está constantemente desplegándose, y el propósito de Dios es, que seamos inteligentes en relación con ella, para que podamos distinguir entre lo bueno y lo malo, entre la justicia y la injusticia.VEUC 367.3

    El mensaje del tercer ángel, la gran prueba de la verdad para este tiempo, debe enseñarse en todas nuestras instituciones. El plan de Dios es, que mediante ellas, se dé esta advertencia especial, y fulgurantes rayos de luz brillarán sobre el mundo. El tiempo es corto. Los peligros de los últimos días están sobre nosotros, y debemos velar y orar, estudiar y tomar en serio, las lecciones que se nos dan en los libros de Daniel y Apocalipsis.VEUC 367.4

    Cuando Juan fue separado de sus amados y recluido en la isla de Patmos, Cristo sabía dónde encontrar a su amado testigo. Dice Juan: “Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo. Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta”.VEUC 368.1

    El día del Señor es el séptimo día, el sábado de la creación. En ese día que Dios santificó y bendijo, Cristo reveló “por medio de su ángel a su siervo Juan” cosas que han de suceder, antes del cierre de la historia del mundo, y con eso, él quiere decir que debemos ser inteligentes en cuanto a ellas. No en vano él declara: “Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca”. Apocalipsis 1:9, 10, 1-3. Esta es la enseñanza que se debe dar pacientemente. Que nuestras lecciones sean apropiadas para la época en que vivimos, y que nuestras instrucciones religiosas se den, de acuerdo con los mensajes que Dios envía.VEUC 368.2

    Nosotros compareceremos ante magistrados, para responder de nuestra lealtad a la ley de Dios, para dar a conocer las razones de nuestra fe. Y los jóvenes deben entender esto. Deben conocer las cosas que vendrán, antes de que termine la historia del mundo. Estas cosas tienen que ver con nuestro bienestar eterno, y tanto maestros como alumnos deben prestar más atención a ellas. Este conocimiento se debe impartir oralmente y por escrito en el tiempo oportuno, no solamente a los jóvenes, sino también a los de edad madura.—Testimonies for the Church 6:127-129.VEUC 368.3

    Solemnes escenas proféticas—Los peligros de los últimos días están sobre nosotros, y en nuestro trabajo hemos de amonestar a la gente acerca del peligro en que está. No se dejen sin tratar las solemnes escenas que la profecía ha revelado. Si nuestros hermanos estuvieran despiertos, aunque fuera a medias, si se dieran cuenta de la cercanía de los sucesos descritos en el Apocalipsis, se realizaría una reforma en nuestras iglesias, y muchos más creerían el mensaje. No tenemos tiempo que perder; Dios nos pide que velemos por las almas, como quienes han de dar cuenta de ellas.VEUC 369.1

    Presentad nuevos principios, y acumulad la clara verdad. Ella será como espada de doble filo. Pero no os manifestéis demasiado dispuestos a asumir una actitud polémica. Hay ocasiones, en que hemos de quedar quietos para ver la salvación de Dios. Dejad que hablen Daniel y el Apocalipsis, y digan cuál es la verdad. Pero sea cual fuere el aspecto del tema que se presente, ensalzad a Jesús como el centro de toda esperanza, “la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana”.—Testimonios para los Ministros, 118.VEUC 369.2

    Los peligros de los últimos días—¿Tendrán en cuenta nuestros hermanos, que estamos viviendo en medio de los peligros de los últimos días? Leed el Apocalipsis en relación con Daniel, enseñad estas cosas.—Testimonios para los Ministros, 115.VEUC 370.1

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