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Testimonios para la Iglesia, Tomo 8

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    Palabras de ánimo

    El Señor no abandona a sus obreros fieles. Tenga presente que nuestra vida en este mundo no es más que un peregrinaje, que el cielo es el hogar al cual nos dirigimos. Tenga fe en Dios. Si mis palabras han herido su alma, lo siento; yo también estoy herida. Nuestra obra, una extraña obra, una gran obra que Dios nos ha dado, nos une de corazón y alma. No se atreva a quitarse la armadura. Debe llevarla puesta hasta el fin. Cuando el Señor lo exima, será tiempo para poner su armadura a sus pies. Usted se ha alistado en su ejército para servir hasta terminar la batalla y no debe desacreditarse abandonándola y dejando de agradar a Dios.8TPI 187.2

    Que el Señor le muestre muchos asuntos que me ha expuesto a mí. Satanás está esperando la oportunidad de causarle afrenta a la causa de Dios. Me ha sido señalado el peligro, y también me ha sido mostrado su ángel guardián salvándolo a usted una y otra vez de sí mismo, protegiéndolo de un naufragio en cuanto a la fe. Hermano mío, levante en alto el estandarte, levántelo, y no se amilane ni se desanime.8TPI 187.3

    Les he comunicado a los hombres principales de la Asociación General y del Mission Board [Departamento de Misiones] la luz que Dios me ha dado para que usted y ellos se consulten unos a otros; que en lugar de mantenerse distanciados sean sus compañeros ayudantes; que se sepa que Dios lo ordenó a usted para que estuviera en un puesto de confianza, y que necesita ayuda en lugar de censura.8TPI 188.1

    Mi deseo de que usted proceda rectamente ha sido tan intenso que le he dirigido palabras fervientes, pero nunca, nunca, con el propósito de denunciarlo o condenarlo. ¡Oh, si Dios le hiciera entender que mi profundo interés por usted no ha cambiado en lo más mínimo! Deseo con ahínco que usted esté del lado del Señor, firme, experimentado, y leal. Yo sé que el Señor quiere que usted reciba la corona de victoria. 8TPI 188.2

    *****

    “Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres... Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor”. Efesios 4:8-16.8TPI 188.3

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