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Testimonios para la Iglesia, Tomo 8

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    No hay tiempo que perder

    Hay entre nosotros muchos hombres y mujeres jóvenes quienes, si se les ofreciera ciertos incentivos, se verían naturalmente inclinados a tomar un curso de estudio que dure varios años para prepararse para el servicio. Pero, ¿valdría la pena? El tiempo es corto. Se necesitan obreros para Cristo por doquiera. Debiera haber cien obreros fervientes y fieles en campos misioneros domésticos y extranjeros donde ahora hay sólo uno. Los caminos y vallados todavía no se han trabajado. Se debería ofrecer incentivos apremiantes a los que ahora mismo tendrían que estar empeñados en la obra del Maestro.8TPI 240.3

    Las señales que demuestran que la venida de Cristo se acerca se están cumpliendo con rapidez. El Señor llama a nuestra juventud para trabajar como colportores y evangelistas, para laborar de casa en casa en lugares donde todavía no han escuchado la verdad. Se dirige a nuestros hombres jóvenes, diciendo: “No sois vuestros; habéis sido comprados por precio: glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”. 1 Corintios 6:19, 20. Los que salgan a hacer la obra bajo la dirección de Dios serán maravillosamente bendecidos. Los que en esta vida hagan lo mejor que pueden, se harán idóneos para la vida inmortal del futuro.8TPI 241.1

    El Señor pide a todos los que están conectados con nuestros sanatorios, casas publicadoras y escuelas, que enseñen a nuestra juventud a hacer obra evangelista. Nuestro tiempo y fuerza no debieran emplearse mayormente en establecer sanatorios, tiendas de víveres y restaurantes, a descuido de los otros aspectos de la obra. Hombres y mujeres jóvenes, quienes tendrían que estar empeñados en el ministerio, en la obra bíblica, y en la obra de colportaje, no debieran sujetarse al empleo mecánico.8TPI 241.2

    Anímese a la juventud a ingresar en las escuelas para obreros cristianos, las cuales deben asemejarse cada vez más a las escuelas de los profetas. Estas instituciones han sido establecidas por el Señor, y si son administradas en armonía con sus propósitos, la juventud que es enviada a ellas pronto estará preparada para trabajar en varias de las ramas de la obra misionera. Algunos recibirán el adiestramiento necesario para entrar en el campo como enfermeros misioneros, otros como colportores, y algunos como ministros del evangelio.8TPI 241.3

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