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Testimonios para la Iglesia, Tomo 7

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    Eduquemos a la gente

    Santa Helena, California,

    20 de agosto de 1902.

    Doquiera se proclame la verdad, debe darse instrucción acerca de cómo preparar alimentos sanos. Dios desea que en todo lugar se enseñe a la gente a usar prudentemente los productos que es fácil obtener. Instructores hábiles deben mostrar a la gente cómo pueden utilizar ventajosamente los productos que se pueden cosechar u obtener en su región del país. De esta manera tanto los pobres como los de circunstancias desahogadas pueden aprender a vivir en forma sana7TPI 130.1

    Desde el comienzo de la reforma pro salud, hemos encontrado que era necesario educar, educar y educar. Dios desea que continuemos esta obra. No debemos descuidarla por temor a que reduzca las ventajas de los productos sanos preparados en nuestras fábricas. Dichas ventas no son el asunto más importante. Nuestra obra consiste en mostrar a las personas cómo pueden obtener y preparar los alimentos más sanos, cómo pueden cooperar con Dios para restaurar su imagen moral en sí mismas.7TPI 130.2

    Nuestros obreros debieran ejercer su ingenio en lo que se refiere a la preparación de alimentos sanos. Nadie se debe inmiscuir en los secretos del Dr. Kellogg, pero todos deben comprender que el Señor, en muchas partes, esta preparando la mente de muchos con el fin de capacitarlos para elaborar productos alimentarios sanos. Hay muchos productos que si se los prepara y combina bien, se los puede transformar en alimentos que constituirán una bendición para los que no pueden darse el lujo de gastar en productos sanos más caros y especialmente elaborados. Aquel que concedió a sus hijos toda clase de habilidad y entendimiento en toda suerte de obra difícil cuando construían el tabernáculo, también dará hoy a su pueblo habilidad y entendimiento en la combinación adecuada de los productos naturales, enseñándoles de este modo a adoptar un régimen alimentario saludable.7TPI 130.3

    El conocimiento relativo a la preparación de productos alimentarios sanos es la propiedad de Dios y ha sido confiado a los hombres para que éstos lo impartan a sus semejantes. Al decir esto no me refiero a las fórmulas especiales que el Dr. Kellogg y otros han perfeccionado después de mucho estudio y enormes gastos. Hablo especialmente de los alimentos sencillos que todos pueden preparar por sí mismos, acerca de cuya elaboración se puede instruir libremente a todos los que desean vivir en forma saludable, y especialmente a los pobres.7TPI 131.1

    El Señor quiere que en todo lugar se estimule a hombres y mujeres a desarrollar sus talentos en la preparación de alimentos sanos con los productos naturales de su propia región. Si miran a Dios y ejercen su habilidad e ingenio bajo la dirección de su Espíritu, aprenderán a transformar los productos naturales en alimentos sanos. Así podrán enseñar a los pobres a proveerse de alimentos que reemplacen la carne. A su vez los que reciban esta ayuda podrán instruir a otros. Una obra tal se ha de hacer todavía con celo y vigor consagrados. Si se hubiese hecho antes, habría hoy muchas más personas en la verdad, y muchos más instructores. Aprendamos cuál es nuestro deber, y luego hagámoslo. No debemos ser incapaces ni depender de otros para que hagan la obra que Dios nos ha confiado.7TPI 131.2

    En el consumo de los alimentos, debemos ejercer buen sentido. Cuando descubrimos que cierto alimento no nos sienta bien, no necesitamos escribir cartas para averiguar la causa de la molestia. Cambiemos el régimen; usemos menos de ciertos alimentos; proveamos otras preparaciones. Pronto conoceremos el efecto que tienen sobre nosotros ciertas combinaciones. Como seres humanos inteligentes, estudiemos individualmente los principios, y hagamos uso de nuestra experiencia y juicio para decidir cuáles son los mejores alimentos para nosotros.7TPI 131.3

    Los alimentos debieran adaptarse a la ocupación a la cual nos dedicamos y al clima en el cual vivimos. Algunos alimentos apropiados en un país no lo son en otros.7TPI 131.4

    Algunas personas recibirían más beneficio de abstenerse de alimentos durante un día o dos por semana que de cualquier tratamiento o consejo médico. El ayunar un día por semana les sería de beneficio incalculable.7TPI 131.5

    Se me ha indicado que los alimentos a base de oleaginosas se usan con frecuencia imprudentemente. Se consume una proporción demasiado elevada de oleaginosas y algunas de ellas no son tan sanas como otras. Las almendras son preferibles al maní; pero éste puede añadirse en cantidades limitadas a los cereales para constituir un alimento nutritivo y digestible.7TPI 132.1

    Las aceitunas pueden prepararse de tal manera que se puedan ingerir con buen resultado en cada comida. Las ventajas que se procuran con el uso de mantequilla pueden obtenerse con el consumo de aceitunas debidamente preparadas. El aceite de las aceitunas alivia el estreñimiento, y para los tuberculosos y para los que tienen estómago inflamado e irritado es mejor que cualquier droga. Como alimento, es mejor que cualquier aceite obtenido de segunda mano de los alimentos.7TPI 132.2

    Sería bueno que cocinásemos menos y comiésemos más frutas al natural. Enseñemos a la gente a hacer consumo copioso de uvas, manzanas, duraznos y peras en estado fresco, así como de toda clase de fruta que se pueda obtener. Prepárense dichas frutas para el consumo invernal poniéndolas en conserva, usando vidrio hasta donde sea posible, en vez de latas.7TPI 132.3

    Acerca de la carne, debemos educar a la gente a dejarla. Su consumo contraría el mejor desarrollo de las facultades físicas, mentales y morales. Y debemos dar un testimonio claro contra el consumo de té y café. También es bueno descartar los postres suculentos. La leche, los huevos y la mantequilla no deben clasificarse con la carne. En algunos casos el uso de huevos es beneficioso. No ha llegado el tiempo en que debamos decir que se debe descartar completamente el consumo de leche y huevos. Hay familias pobres cuya alimentación consiste mayormente en pan y leche. Tienen poca fruta, y no pueden comprar los alimentos a base de oleaginosas. Al enseñar la reforma pro salud, como en toda otra obra evangélica, debemos tener en cuenta la situación de la gente. Hasta que podamos enseñarle a preparar alimentos saludables, apetitosos, nutritivos, y sin embargo, poco costosos, no estamos libres para presentar los principios más adelantados de la alimentación saludable.7TPI 132.4

    Sea progresiva la reforma alimentaria. Enséñese a la gente a preparar alimentos sin mucho uso de leche o mantequilla. Expliquémosle que llegará pronto el tiempo en que será peligroso usar huevos, leche, crema o mantequilla, porque las enfermedades aumentan proporcionalmente a la maldad que reina entre los hombres. Se acerca el tiempo en que, debido a la iniquidad de la especie caída, toda la creación animal gemirá bajo las enfermedades que azotan nuestra tierra.7TPI 132.5

    Dios dará a su pueblo capacidad y tacto para preparar alimentos sanos sin aquellas cosas. Descarte nuestro pueblo todas las recetas malsanas. Aprenda a vivir en forma saludable y enseñe a otros lo que aprendió. Sepa impartir este conocimiento como impartiría la instrucción bíblica. Enseñe a la gente a conservar la salud y aumentar su vigor, evitando mucho del arte culinario que ha llenado el mundo con inválidos crónicos. Por precepto y ejemplo demuestre claramente que el alimento que Dios dio a Adán en su estado sin pecado es el mejor para el consumo del hombre que procura recuperar ese estado sin pecado.7TPI 133.1

    Los que enseñan los principios de la reforma de la salud deben comprender bien los asuntos relacionados con la enfermedad y sus causas, y entender que cada acción del agente humano debe realizarse en perfecta armonía con las leyes de la vida. La luz que Dios nos ha concedido en esto de la reforma de la salud es para nuestra propia salvación y la del mundo. Se debe informar a la gente con relación al cuidado del cuerpo humano, preparado por el Cordero para que sea su morada, y sobre el cual desea que ejerzamos una mayordomía fiel. “Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo”. 2 Corintios 6:16.7TPI 133.2

    Mantengan en alto los principios de la reforma de la salud, y permitan que el Señor guíe a los que son de corazón honesto. Presenten los principios de la temperancia en su forma más atrayente. Hagan circular los libros que contienen instrucciones relativas a la vida sana.7TPI 133.3

    La gente sufre por la necesidad de que los alumbre la luz de las páginas de nuestros libros y revistas que contienen el mensaje de la salud. Dios desea utilizar tales publicaciones como faros de donde procedan rayos luminosos que llamen poderosamente la atención de la gente y les hagan oír la amonestación del mensaje del tercer ángel. Nuestras revistas sobre salud son instrumentos en este campo, llamados a realizar una obra especial en la diseminación de la luz que los habitantes del mundo necesitan en este día de preparación de Dios. Ejercen una influencia incalculable en favor de los intereses de la reforma pro salud, la temperancia y la pureza social, y realizarán una gran cantidad de bien al presentar adecuadamente estos temas a la gente, en su luz verdadera.7TPI 133.4

    Sobre estos principios el Señor nos ha estado enviando una línea tras otra y si desoímos estos principios, no rechazamos al mensajero que los enseña, sino a Aquel que nos los ha dado.7TPI 134.1

    La reforma debe presentarse de continuo a la gente, y por nuestro ejemplo debemos vigorizar nuestra enseñanza. La verdadera religión y las leyes de la salud se relacionan estrechamente. Es imposible trabajar para la salvación de los hombres y mujeres sin presentarles la necesidad de romper con las complacencias pecaminosas que destruyen la salud, degradan el alma e impiden que la verdad divina impresione la mente. A hombres y mujeres debe enseñárseles a considerar cuidadosamente todo hábito y toda práctica, y a descartar inmediatamente todas las cosas que crean una condición malsana en el cuerpo y así ensombrecen la mente. Dios desea que sus portaluces sostengan siempre un alto ideal. Por el precepto y el ejemplo, deben tener su norma perfecta muy superior a la falsa norma de Satanás, que, si se la sigue, producirá miseria, degradación, enfermedad y muerte tanto para el cuerpo como para el alma. Los que han obtenido un conocimiento acerca de cómo comer, beber y vestirse en forma que conserve la salud, deben impartir ese conocimiento a otros. Predíquese a los pobres el evangelio de la salud desde el punto de vista práctico, para que ellos sepan cuidar debidamente del cuerpo que es templo del Espíritu Santo.7TPI 134.2

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