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Promesas para los últimos días

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    CAPÍTULO 31—PROMESAS PARA LOS MAESTROS

    “Amados maestros, cuando consideréis vuestra necesidad de fuerza y dirección, necesidad que ninguna fuente humana puede suplir, os ruego que penséis en las promesas de Aquel que es un maravilloso Consejero... ‘Clama a mí, y yo te responderé’. ‘Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos (Jer. 33:3; Sal. 32.8) (Ed. 273).PUD 132.1

    “Como la preparación más elevada para vuestro trabajo os aconsejo las palabras, la vida y los métodos del Príncipe de los maestos. Os ruego que lo consideréis. El es vuestro verdadero ideal. Contempladlo, meditad en él hasta que el Espíritu del Maestro divino tome posesión de vuestro corazón y vuestra vida” (Ed. 274).PUD 132.2

    “Los maestros tienen muchas pruebas. El desánimo se cierne sobre ellos cuando ven que sus esfuerzos no siempre son apreciados por los estudiantes. Satanás lucha por afligirlos con enfermedades, esperando conducirlos a murmurar contra Dios, a olvidar sus bondades, su misericordia, su amor, y el excelente peso de gloria que espera al vencedor. Recuerden que por medio de las pruebas Dios los está conduciendo para que tengan una confianza más perfecta en él. Su ojo está sobre ellos y si en su perplejidad miran a él con fe, él los sacará del homo de fuego refinados y purificados como oro tratado en el fuego... El no coloca sobre ellos cargas más pesadas que las que puedan llevar” (7T 274).PUD 133.1

    “Los maestros necesitan ser bautizados con el Espíritu Santo. La ferviente oración de las almas contritas será acogida ante el trono, y Dios responderá esas oraciones en su momento si nos aferramos de su brazo por medio de la fe. Que el yo se fusione en Cristo, y Cristo en Dios, y habrá un despliegue tal de su poder que derretirá y subyugará los corazones” (2JT426).PUD 133.2

    “Cuando en oración el maestro confía en Dios, el Espíritu de Cristo descenderá sobre él, y por el Espíritu Santo Dios obrará mediante él sobre la mente del alumno. Las palabras de verdad crecerán en importancia, y asumirán una anchura y plenitud de significado cual él nunca soñó” (CM 163).PUD 133.3

    “Adiestrad a los jóvenes, moldead el carácter, educad, educad, educad para la vida futura inmortal. Orad a menudo. Rogad a Dios que os dé espíritu de suplicación. No sintáis que vuestra labor como maestro ha terminado a menos que podáis conducir a vuestros jóvenes alumnos a tener fe en Jesús y amor por él. Que el amor de Cristo sature vuestras propias almas, y entonces inconscientemente enseñaréis a otros. No fracasaréis como instructores si os dedicáis sin reservas a Jesús, para que él dirija, guíe y controle. Enseñar a vuestros alumnos a ser cristianos es la mayor obra que tenéis por delante. Id a Dios; él escucha y responde las oraciones” (5T 590).PUD 133.4

    “Los maestros y los padres deben sembrar junto a todas las aguas, y si son fíeles pueden tener una cosecha de almas en el cercano futuro. Y cuando vean las almas por las cuales han trabajado alrededor del gran trono blanco, con coronas y niveos mantos y arpas de oro, sentirán entonces que sus esfuerzos no fueron perdidos. El ‘bien hecho, buen siervo y fiel’, sonará en sus oídos como dulce música” (COES 60).PUD 134.1

    “Vivimos en una época en que Satanás está obrando con todo su poder para desanimar y vencer a los que trabajan en el servicio de Dios. Pero no debiéramos fracasar ni desanimamos. Debemos ejercitar una mayor fe en Dios. Debemos confiar en su palabra viviente. A menos que tengamos un apoyo más fírme de arriba, nunca podremos vencer los poderes de las tinieblas que serán vistos y sentidos en todos los departamentos de la obra” (7T276).PUD 134.2

    “Los maestros deben trabajar en forma cautelosa. Los que se comunican con Dios a menudo por medio de la oración, tienen a los santos ángeles a su alrededor. La atmósfera que rodea su alma es pura y santa, porque toda su alma está saturada de la influencia santifícadora del Espíritu de Dios” (FE 430).PUD 134.3

    “Muchos, aun en sus momentos de devoción, no reciben la bendición de la verdadera comunión con Dios. Están demasiado apurados. Con pasos presurosos penetran en la amorosa presencia de Cristo y se detienen tal vez un momento dentro de ese recinto sagrado, pero no esperan su consejo. No tienen tiempo para permanecer con el divino Maestro. Vuelven con sus preocupaciones al trabajo. Estos obreros jamás podrán lograr el éxito supremo, hasta que aprendan cuál es el secreto del poder. Tienen que dedicar tiempo a pensar, orar, esperar que Dios renueve sus energías físicas, mentales y espirituales” (Ed. 254).PUD 135.1

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