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Promesas para los últimos días

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    CAPÍTULO 35—PROMESAS PARA LAS MUJERES

    “Hay para las mujeres un trabajo que es aún más importante y elevador que los deberes del rey en su trono. Ellas pueden amoldar la mente de sus hijos y formar su carácter, de manera que sean útiles en este mundo y puedan llegar a ser hijos e hijas de Dios” (1JT412,413).PUD 148.1

    “Tome tiempo para orar, y mientras ora, crea que Dios la escucha. Mezcle la fe con sus oraciones. No siempre recibirá una respuesta inmediata; pero es aquí donde se prueba la fe. Será probada para ver si confía en Dios, si tiene una fe viviente, constante... Confíe en todas las promesas del Señor. Confíe en Dios en la oscuridad. Este es el momento de tener fe” (1T 167).PUD 148.2

    “Espera pacientemente en el Señor. Será para ti una ayuda presente en todo momento de necesidad. El Señor es bueno. Alaba su nombre. Al Señor le agrada que confiemos en él y en sus promesas. Cree solamente, y veremos la obra de Dios” (2MS 283).PUD 148.3

    “Si hubiera veinte mujeres donde ahora hay una, que hicieran de esta santa misión su obra predilecta, veríamos a muchas más personas convertidas a la verdad. La influencia refinadora y suavizadora de las mujeres cristianas se necesita en la gran obra de predicar la verdad” (Ev 345).PUD 149.1

    “La mujer debe ocupar el puesto que Dios le designó originalmente como igual a su esposo. El mundo necesita madres que lo sean no sólo de nombre sino en todo sentido de la palabra. Puede muy bien decirse que los deberes distintivos de la mujer son más sagrados y más santos que los del hombre. Comprenda ella el carácter sagrado de su obra y con la fuerza y el temor de Dios, emprenda su misión en la vida. Eduque a sus hijos para que sean útiles en este mundo y obtengan un hogar en el mundo mejor” (HC 206).PUD 149.2

    “Si se sienten con libertad para quejarse y murmurar acerca de padecimientos, de cosas que están en el pasado, cosas que no pueden solucionar, ni modificar, ni alterar, estarán descuidando los deberes que en este mismo momento surgen en el camino. Miren a Jesús, el autor y consumador de su fe. Aparten su atención de los temas que las entristecen, porque si no lo hacen se convertirán en instrumentos en las manos del enemigo para aumentar el pesar y las tinieblas... Aunque les sobrevengan graves aflicciones, tienen que dirigir la mirada hacia lo alto, para ver la luz de Jesús” (CD 233).PUD 149.3

    “Muchos se agitan cuando no pueden saber qué resultará en definitiva de los asuntos. No pueden soportar la incertidumbre, y en su impaciencia rehúsan esperar para ver la salvación de Dios. Los males que presienten casi los enloquecen. Ceden a sus sentimientos de rebelión, y corren de aquí para allá con dolor y cólera, procurando entender lo que no se ha revelado. Si tan sólo confiaran y velaran en oración, hallarían consuelo divino. Su espíritu sería calmado por la comunión con Dios. Los cansados y trabajados hallarían descanso para sus almas, con sólo ir a Jesús” (PP 742,743).PUD 150.1

    “Tenemos el privilegio de pedir por medio de Jesús cualquier bendición espiritual que necesitemos. Podremos decir al Señor exactamente lo que necesitamos, con la sencillez de un niño. Podemos exponerle nuestros asuntos temporales, y suplicarle pan y ropa, así como el pan de vida y el manto de la justicia de Cristo. Nuestro Padre celestial sabe que necesitamos todas estas cosas, y nos invita a pedírselas. En el nombre de Jesús es como se recibe todo favor. Dios honrará ese nombre y suplirá nuestras necesidades con las riquezas de su liberalidad” (DMJ 113).PUD 150.2

    “A algunos les resulta difícil dedicar tiempo a la meditación y a la oración, debido a las exigencias de su trabajo; pero nunca deben dejar de hacerlo. La bendición del cielo que se obtiene mediante súplicas diarias, será como pan de vida para el alma y hará que aumente en ellos su fortaleza moral y espiritual, como el árbol plantado a la orilla de los ríos, cuyas hojas serán siempre verdes y darán su fruto a su tiempo” (4T 539).PUD 150.3

    “Aunque se suplan sus necesidades presentes, muchos se niegan a confiar en Dios para el futuro, y viven en constante ansiedad por temor a que los alcance la pobreza y que sus hijos tengan que sufrir a causa de ellos. Algunos están siempre en espera del mal, o agrandan de tal manera las dificultades que realmente existen, que sus ojos se incapacitan para ver las muchas bendiciones que demandan su gratitud. Los obstáculos que encuentran, en vez de guiarlos a buscar la ayuda de Dios, única fuente de fortaleza, los separan de él...PUD 151.1

    “¿Hacemos bien en ser tan incrédulos? ¿Por qué hemos de ser ingratos y desconfiados? Jesús es nuestro amigo; todo el cielo está interesado en nuestro bienestar”(PP 299).PUD 151.2

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