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Testimonios para la Iglesia, Tomo 9

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    La benevolencia de Dios

    Dios nos da constantemente, generosamente y en abundancia. Toda bendición terrenal procede de su mano. ¿Qué sucedería si el Señor cesara de derramar sus dones sobre nosotros? ¡Qué clamor de miseria, sufrimiento y necesidad se elevaría desde la tierra! Necesitamos diariamente el flujo inagotable de la benignidad de Jehová.9TPI 40.4

    Este mundo fue establecido y es sustentado por el compasivo amor del Creador. Dios es el dador de todo lo que tenemos. El nos insta a devolverle una porción de la abundancia que ha derramado sobre nosotros. Pensad en el cuidado que prodiga a la tierra, enviando la lluvia y la luz del sol a su tiempo, para hacer que la vegetación crezca y florezca. Derrama sus favores sobre justos e injustos. ¿No debieran los que reciben sus bendiciones demostrar su gratitud dando de sus recursos para ayudar a la humanidad doliente?9TPI 40.5

    Hay muchas personas a quienes llevar al conocimiento salvador de la verdad. El hijo pródigo se encuentra lejos de la casa de su Padre y perece de hambre. Tenemos que hacerlo objeto de nuestra compasión. ¿Os preguntáis: “Cómo considera Dios a los que perecen en sus pecados?’ Dirijo vuestra atención hacia el Calvario. Dios “ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, sino tenga vida eterna”. Juan 3:16. Pensad en el amor sin parangón del Salvador. Mientras éramos aún pecadores, Cristo murió para salvarnos de la muerte eterna. A cambio del gran amor con el que Cristo nos ha amado, tenemos que llevarle nuestras ofrendas de agradecimiento. Tenemos que presentarle una ofrenda de gratitud de nuestra propia persona. Nuestro tiempo, nuestros talentos, nuestros recursos: todo debe fluir hacia el mundo en una ola de amor por la salvación de los perdidos. Jesús ha hecho posible que aceptemos su amor y que trabajemos en feliz colaboración con él bajo su fragante influencia. El requiere que usemos nuestras posesiones en servicio generoso para que su plan para la salvación de la gente se lleve a cabo con poder. El espera que entreguemos a su obra nuestras energías indivisas.9TPI 41.1

    ¿Deseáis asegurar vuestra propiedad? Colocadla en la mano que lleva la cicatriz donde fue horadada por el clavo en la crucifixión. Retenedla en vuestra posesión y la perderéis para siempre. Entregadla a Dios, y a partir de ese momento llevará su inscripción. Quedará sellada con su inmutabilidad. ¿Queréis disfrutar de vuestros bienes? Entonces usadlos para bendición de los que sufren.9TPI 41.2

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