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Sermones Escogidos Tomo 2

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    38—Charla dirigida a los jóvenes

    «POR TANTO, NOSOTROS TAMBIÉN, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante” [Heb. 12: 1].SE2 361.1

    El «peso” mencionado aquí son los hábitos y prácticas que hemos adquirido al seguir nuestras inclinaciones naturales. ¿Quiénes son los «testigos”? A ellos se los menciona en el capítulo anterior. Son los que han enfrentado los males y las dificultades en sus vidas y que en el nombre del Señor se han enfrentado con éxito a las fuerzas del mal. Los «testigos” fueron sustentados y fortalecidos y el Señor los llevó de la mano.SE2 361.2

    Hay también otros testigos. Alrededor de nosotros: están aquellos que nos observan cuidadosamente para verSE2 361.3

    _______________

    Presentada en el congreso campestre de Santa Helena, el 27 de junio de 1907. Manuscrito 61, 1907. cómo vivimos la verdad que decimos creer, y cuáles son nuestras actitudes. Hemos de, en la medida de lo posible, enaltecer la verdad ante el mundo en todo momento y lugar.

    Por tanto, «despojémonos de todo peso”. Alejémonos de nuestras propias inclinaciones mal. «Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante». No podemos permanecer en la pasividad. Tenemos que avanzar, y avanzar, y seguir avanzando.SE2 362.1

    «Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe». Agradezcan el Señor que él es tanto el autor como el consumador de nuestra fe, «el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios» [Heb. 12: 2].SE2 362.2

    Ante cada uno de nosotros se ha colocado el gozo y una cruz. Quizá piensen que la cruz es difícil de llevar, pero recuerden que también hay un gozo ante ustedes. En caso que una pequeña nube cruce por sus mentes ustedes no deben creer que por eso Dios los ha olvidado. Tomen sus Biblias, diríjanse a los Salmos y se darán cuenta de que debemos alabar al Señor en todo momento. «Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza estará de continuo en mi boca» [Sal. 34: 1]. Dios es todo misericordia. Lo que él desea de todos nosotros es que le abramos las puerta de nuestro corazón y le permitamos entrar para que santifique nuestros sentimientos y nuestros pensamientos.SE2 362.3

    Cristo ha de ser nuestro ejemplo en todo. «Él «sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar, pues aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado; y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: “Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor ni desmayes cuando eres reprendido por él, porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo”. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?” [Heb. 12: 2-7].SE2 362.4

    Hay una gran tarea ante nosotros y cada uno tiene que realizar individualmente la parte que le corresponde. Todos no tendremos la misma encomienda pero si nos entregamos plenamente al Señor, él dirigirá en forma directa nuestras sendas. ¡Ojalá hubiera varios centenares más de jóvenes consagrados! Dios desea un gran ejército de jóvenes fervorosos y consagrados que se ciñan la armadura y que peleen con denuedo las batallas del Señor. Hay una obra que cada uno debe realizar.SE2 362.5

    Si ustedes se dedicaran al conocimiento del Señor haciendo su voluntad, entenderían que Dios les sugerirá diferentes ideas mientras hablan con aquellos que están a su alrededor, frenándolos para que no hagan lo malo y señalándoles cómo deben vivir. Tenemos el privilegio de hablarles de la Palabra del Dios vivo y de aconsejarlos con bondad y en amor. Jamás se impacienten, incluso cuando los pedidos de ellos parezcan poco razonables; sino más bien agradezcan al Señor verbalmente y de todo corazón porque disfrutan el privilegio de convertirse en hijos de Dios y herederos del cielo. «Regocijaos en el Señor siempre», y mediante su gracia ustedes vencerán una dificultad tras otra. Una experiencia de ese tipo fortalece nuestra fe y nos reafirma en nuestra convicción de que es posible ser vencedores.SE2 363.1

    Hay jóvenes en este lugar por quienes siento una gran preocupación. He hablado con ellos. Les he dicho: «Dios los ha seleccionado para que se conviertan en miembros de la familia real, hijos del rey celestial. En el nombre del Señor podrán ustedes perfeccionar caracteres cristianos. Ustedes son miembros del cuerpo de Cristo. Él murió por ustedes y en el cielo tiene una corona reservada para ustedes si son vencedores”.SE2 363.2

    Pero algunos de ustedes por quienes me preocupo, se han colocado a sí mismos en situaciones en las que les es difícil mantener el amor por la verdad. Se han juntado con otros jóvenes que en sus palabras y acciones ponen de manifiesto dudosos rasgos de carácter. Han perdido de vista lo que Dios requiere de cada cual y lo que él desea ardientemente hacer por cada uno de nosotros. Ojalá hubieran seguido aprendiendo del Señor para darse cuenta de que su venida es tan cierta como que cada día amanece. He tratado de darles ánimo, pero hacen amistad con jóvenes que solo hablan de trivialidades, que se dedican a fumar y a beber. Así van camino de la perdición, a menos que se arrepientan y se conviertan.SE2 363.3

    «Haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino» [Heb. 12: 13]. No nos estamos dando cuenta de lo poderosa que es nuestra influencia sobre aquellos con quienes nos juntamos, para el bien o para el mal. Seamos cuidadosos para que el día del juicio final no se encuentre en nuestras vestiduras la sangre de preciosas almas.SE2 363.4

    Esperamos que haya algunos en esta congregación que creerán en Jesucristo, y que serán sepultados con él en una tumba líquida. Que recuerden que su bautismo es un símbolo de que mueren al mundo, a sus modas, a sus costumbres y a sus malas prácticas. Aunque deben morir al mundo, han de vivir en Dios. En él encontramos poder de vida.SE2 363.5

    ¿En nombre de quién somos bautizados? En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo: los tres excelsos Poderes del gobierno celestial, que están totalmente dedicados a nosotros. Podemos reclamar fuerzas y la victoria mientras estamos ante el mundo, no para imitar sus costumbres ni para estudiar sus revistas de modas; sino para andar en humildad ante Dios. «Porque habéis muerto y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria» [Col. 3: 3, 4]. Así que, no deshonremos a nuestro Salvador, tomándolo con liviandad, ni dedicándonos a trivialidades, ni buscando las cosas del mundo.SE2 364.1

    Mis queridos jóvenes amigos, ojalá que mantengan la sencillez de la genuina santidad. Ustedes pueden continuar en el conocimiento del Señor, sabiendo que su venida es tan cierta como el amanecer de cada día. Así estarán seguros de que él es su fortaleza. Al comprometerse a ser completamente fieles a los Poderes celestiales, y a apartarse de las corruptoras influencias del mundo, tendrán una mayor luz, gozo, esperanza y consolación en Jesucristo.SE2 364.2

    Enderezar las sendas de nuestros pies, esa es nuestra tarea. «Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe». Él estará con nosotros a diario según avancemos en la senda estrecha, y finalmente podamos entrar por la puerta de rectitud que conduce a la vida eterna. Él será tu ayudador y tu fortaleza. Alabémoslo más. Todos hemos recibido mucho por lo que podemos alabarlo. Por tanto hablemos mucho de él, y amémoslo.SE2 364.3

    Aquí hay niños pequeños, y Cristo los ama. Cuando las madres llevaron sus hijitos a Jesús para que él los bendijera colocando su manos sobres sus cabecitas, los discípulos se dispusieron a ahuyentarlas. El Maestro estaba dando trascendentales indicaciones al pueblo y los discípulos pensaron que no debía ser interrumpido. Jesús escuchó sus palabras. Él, sin embargo, les dijo: «Dejad a los niños venir a mí y no se lo impidáis, porque de los tales es el reino de Dios» [Luc. 18: 16].SE2 364.4

    Tengo un gran interés en cada uno de estos niños y espero que ustedes los traten con mucha ternura. En el seno de la familia, los mayores deben ser pacientes y bondadosos con sus hermanos y hermanas menores. Los mayores debemos ayudar en la educación de los más pequeños y en el conocimiento de la Biblia. Cuando hablen con ellos no lo hagan con una voz desagradable. Vístanse de la bendición que acompaña hacer el bien, agradar al Señor.SE2 364.5

    Señoritas, ustedes pueden aligerar las cargas y prolongar las vidas de sus madres si las alivian de la carga de muchas de labores domésticas. Eso será más útil que tocar el piano y vestirse a la última moda pretendiendo «actuar como damas”.SE2 365.1

    Si buscan al Señor en forma continua no tendrán que arrepentirse al llegar el momento del culto vespertino por haber utilizado palabras desanimadoras, o caído en actitudes poco corteses durante el día. Aférrense de Cristo mediante una fe viva, estimulando así a los más pequeños. En ocasiones, ellos no lo harán todo bien y puede que creen problemas, pero no se desanimen. Protéjanlos de la tentación tanto como sea posible y estimúlenlos a que obedezcan al Señor.SE2 365.2

    «Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre», debido a que hay tantos jóvenes hoy en mi presencia. Clamemos al Señor en el hogar y en la iglesia, para que no nos falte el ánimo y para que continuemos avanzando paso a paso, adelante y hacia arriba, hacia el cielo.SE2 365.3

    «Que el Dios de paz, que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén» [Heb. 13: 20, 21].SE2 365.4

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