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Sermones Escogidos Tomo 2

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    5—El privilegio de ser cristiano

    «MIRAD CUÁL AMOR nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no lo conoció a él. Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta es-peranza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro» (1 Juan 3: 1-3).SE2 47.1

    Aquí el discípulo amado intenta presentar ante nosotros el gran amor de Dios por todos los seres humanos caídos. Él no puede encontrar palabras lo suficientemente profundas para expresar ese maravilloso amor, e invita al mundo a contemplar el amor que el Padre nos ha prodigado para que seamos llamados hijos de Dios. ¿Cómo podremos entender ese amor? Mirando a la cruz del Calvario. LaSE2 47.2

    _______________

    Sermón presentado en Grimsby, Inglaterra, el 19 de septiembre de 1886. Manuscrito 16, 1886 luz de la cruz expresa el amor de Dios por la humanidad caída. Juan dice: «Mirad cuál amor». Miren al Hombre del Calvario; contemplen al que es igual al Padre; contemplen la majestad del cielo; contemplen al Rey de gloria. El amado Hijo de Dios; él se ofreció voluntariamente por nosotros y en esto vemos la maravillosa conmiseración del Padre.

    Nos espaciamos mucho en el amor de Cristo, pero con frecuencia perdemos de vista el amor del Padre al entregar a la muerte a su único Hijo amado, con el fin de que nosotros vivamos. Deseamos llamar la atención de ustedes al amor de Dios por la raza caída, un amor que quedó demostrado cuando no retuvo a su amado y único Hijo, sino que lo entregó como una ofrenda voluntaria para beneficio nuestro; y ¿cuánto más no nos daría él todas las cosas voluntariamente?SE2 48.1

    Después de la caída de Adán y Eva la raza humana se hundió en una indigencia carente de esperanza. Entonces el gran plan de redención fue implementado. El Hijo de Dios accedió a dejar el trono de su Padre, a poner a un lado su corona real, a asumir la forma humana y convertirse en uno de nosotros. Él llegó a ser un «varón de dolores, experimentado en sufrimiento, herido por nuestras rebeliones y molido por nuestros pecados». ¡Acaso no diremos con Juan: «Mirad cuál amor nos ha dado el Padre para que seamos llamados hijos de Dios”!SE2 48.2

    En nuestro mundo muchos parecen creer que para ser cristiano hay que rebajarse al máximo. Pero esa es una idea muy errónea. ¿Qué significa en realidad ser cristiano? Implica ser como Cristo. ¿Quién es Cristo? Es el Hijo del Dios viviente. Él es aquel que forjó el plan de salvación para la raza caída. Toda bendición que poseemos proviene de esa Fuente, de Jesucristo. Todo aquel que abrigue la idea de que hacerse cristiano constituye un gran sacrificio, debería recordar cuando esté sentado a la mesa compartiendo los alimentos con su familia, que todas esas bendiciones provienen de Jesucristo.SE2 48.3

    El ser humano fue separado del trono de Dios como consecuencia del pecado; pero Cristo se ofreció a pagar el precio, y por sus méritos todo ser humano puede ser restaurado a la gracia de Dios.SE2 48.4

    Cuando Cristo se arrodilló en las orillas del Jordán después de su bautismo, apareció una brillante luz que descendió en forma de una paloma como de oro refulgente y descansó sobre él. Desde el cielo se escuchó una voz que dijo: «Este es mi Hijo amado en quien tengo complacencia”. Leemos esas palabras, pero no captamos su pleno significado. No parecemos entender el valor que tienen para nosotros. Estas palabras nos indican que nosotros hemos sido aceptados en el Amado.SE2 48.5

    Cristo, con su extendido brazo humano abraza a la raza caída, mientras que con su brazo divino se aferra al trono del Todopoderoso, uniendo a la tierra y al cielo; al hombre caído y finito con el Dios infinito. Y esta tierra que estaba divorciada del cielo, se encuentra de nuevo unida con el cielo. Se abrió una comunicación con el cielo mediante Jesucristo de tal manera que el hombre, que había caído, es llevado de vuelta a la gracia de Dios.SE2 49.1

    Jesús es llevado al desierto de la tentación, y la prueba que sufre es cien veces más fuerte que la experimentada por Adán y Eva en el huerto de Edén. ¿Soportará él la tentación?SE2 49.2

    Satanás presenta su tentación relacionada con el apetito, donde Adán tropezó y cayó. Cristo ayunó durante cuarenta días y cuarenta noches. La raza humana se había degenerado y se había ido debilitando cada vez más. El Hijo de Dios vio que era imposible para el hombre vencer por sus propias fuerzas, por lo tanto viene a nuestro mundo y le otorga poder divino al hombre para alcanzar la victoria. Mediante el apetito Satanás realizó su primer intento tratando de vencer al Señor.SE2 49.3

    Pero Cristo debía cruzar por el mismo terreno en el que Adán cayó, para redimir su triste caída. En todo momento enfrentó a Satanás diciendo: «No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios».SE2 49.4

    Si los seres humanos por quienes Cristo murió, tomaran esas palabras en serio y las vivieran, observaríamos una situación diferente en nuestro mundo actual. Habría menos egoísmo, menos amor al mundo y más amor a Dios. El Señor nos ha dotado de talentos para que llevemos el conocimiento de la verdad y de Cristo a todas las naciones del planeta.SE2 49.5

    Si Adán y Eva hubieran vivido en armonía con toda la palabra que salía de la boca de Dios jamás hubieran caído, jamás habrían perdido el derecho al árbol de la vida. Todo aquel que viva en sintoníacon las palabras que salen de la boca de Dios será llevado de vuelta al hogar del Edén.SE2 49.6

    La pregunta que surge es: ¿Adaptará el ser humano sus pensamientos a las cosas de valor eterno y obrará en armonía con Dios? ¿Acaso manifestaremos alguna condescendencia cuando aceptamos la oferta de salvación? Para nosotros no representa rebaja alguna aceptar al Salvador crucificado y resucitado. ¿Aceptamos el sacrificio y nos apropiamos de la única cadena que descendió del cielo para que el hombre se aferre de ella? Nuestra respuesta es no. Pero ese es el honor más elevado que se nos puede conceder. Cada uno de nosotros anhela el cielo. Ustedes no pueden darse el lujo de perder el cielo No podemos permitir que las puertas del paraíso les sean cerradas. Ustedes desean el cielo, la vida eterna.SE2 49.7

    Entonces, ¿qué harán con el fin de obtenerla? Ustedes deben ser obedientes a todos los mandamientos de Dios. Es la única norma y regla moral que Dios ha dado a sus súbditos. Él tiene reglas y estatutos y al hombre le corresponde obedecerlos. Debido a que Adán y Eva no obedecieron, se vieron privados del paraíso de Dios.SE2 50.1

    El Señor dice: «Bienaventurados los que lavan sus ropas para tener derecho al árbol de la vida y para entrar por las puertas en la ciudad”. Luego hay algo que ganar: el acceso al árbol de la vida; el acceso al árbol que se les negó a Adán y Eva después de su transgresión.SE2 50.2

    Ahora bien, ¿no se le presta mucho más atención a los sombreros que se van a usar, a la casa, a lo que comeremos y beberemos, que a los asuntos que tienen que ver con los intereses eternos y con la salvación del alma? Todas esas cosas pasarán.SE2 50.3

    Hemos de procurar todas las bendiciones que Dios ha prometido en su Palabra, para beneficio de aquellos que están en la oscuridad. Hay gozo, esperanza y paz para los angustiados. No podemos damos el lujo de dedicar a las cosas comunes del mundo los talentos que Dios nos ha concedido. Deseamos tener una fe que se apropie de la promesa que se nos presenta en el evangelio.SE2 50.4

    ¿Qué tal si perdemos nuestra alma? Sería mejor que no hubiéramos nacido. Un alma vale más que todo el oro y la plata que podría acumularse en esta tierra.SE2 50.5

    Pensemos en un mundo que perece porque no le presta atención a las cosas invisibles. Las cosas que son eternas no parecen atraerle; son las cosas materiales las que le llaman la atención.SE2 50.6

    Pero, ¿de dónde proceden los talentos y el conocimiento que ustedes poseen? ¿Acaso los han fabricado ustedes? No. Vienen del Dios del cielo, y él los demandará de ustedes un día. ¿Qué han hecho ustedes con el don del raciocinio que Dios les ha concedido? ¿Han estudiado las Escrituras y han confiado sus almas al Maestro? Deseamos saber cómo mantendremos esta casa en orden a fin de ser capacitados para servir a Dios de manera aceptable.SE2 50.7

    Recordemos el Calvario. Recordemos a aquel que resistió la tentación en el desierto, débil, pálido y hambriento en el campo de batalla, con el fin de obtener una victoria gloriosa para el hombre. Cuando somos tentados a complacer el apetito sacrificando la razón y la salud, recordemos cómo Cristo venció a Satanás para que el hombre pudiera salir victorioso por sí mismo, y para su propio beneficio. Debemos tener todo eso en mente.SE2 50.8

    Nadie puede prever que de un momento a otro pueda caer enfermo o incluso morir. Qué gusto nos daría saber que están ustedes listos. Qué bueno sería saber que están buscando purificarse de toda mancha de pecado en el cuerpo y en el alma. Quisiéramos ver que todos ustedes viven esperando confiadamente la inmortalidad.SE2 51.1

    Veo gracias inigualables en Jesús. Jamás hablo de pruebas que no pueda enfrentar, o de algún sacrificio que no pueda realizar. Veo a uno que murió en mi lugar, y él no habrá muerto en vano por mí. Al entrar en una relación correcta con Dios seré guiada apropiadamente desde lo alto. No estoy analizando lo que el mundo dirá de mí, sino que mi oración es: «Señor, ¿cómo podré agradarte? ¿Cómo podré llevar a cabo mi misión en este mundo? ¿Cómo podré salvar a las preciosas almas que me rodean?».SE2 51.2

    Al respecto él dice: «Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas, a perpetua eternidad». Anhelo el eterno reino de gloria; deseo ver a Jesús quien sufrió y murió una vergonzosa muerte en la cruz del Calvario. Deseo echar mi corona a sus pies y tocar el arpa de oro llenando el cielo con la música más hermosa.SE2 51.3

    Si finalmente deseamos ser vencedores, habrá batallas que pelear, veremos que la carne lucha contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne. A nosotros nos corresponde decidir quién va a triunfar. Nuestros corazones camales no se someten a la voluntad de Dios, sino que se resisten a obedecer.SE2 51.4

    Cristo dijo: «He guardado los mandamientos de mi Padre»; y él es nuestro ejemplo en todo. ¿Cómo nos enfrentaremos a las pruebas que sobrevendrán? Debemos dirigimos al gran Ayudador. Jamás él nos abandona para que peleemos esas batallas a solas. Él vino a este mundo de tinieblas para luchar con el príncipe de las tinieblas, y cuando exclamó «¡Consumado es!”, hubo gozo en el cielo. «Él fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”.SE2 51.5

    Entonces, ¿qué debemos hacer? Debemos acudir a Cristo como se acercaría un niño a sus padres terrenales, creyendo que él nos escuchará. Él dice: «Si tu hijo te pide pan, ¿le darás una piedra? Y si te pide un pescado, ¿le darás una serpiente?».SE2 51.6

    Nuestro anhelo ha de ser cultivar una fe viva en Dios; apartar nuestros ojos de las distracciones de este mundo y enfocarlos en el cielo, y en las cosas celestiales. No queremos que el mundo se interponga entre nosotros y Dios, lo que queremos es contemplar la gloria de Dios. Hablamos del cielo y de sus bendiciones, ¡y perderlo sería un gran fracaso!SE2 51.7

    Entonces, si es algo tan hermoso, tan deseable, integrémoslo a esta vida. Llévenlo a las familias de ustedes y eduquen a sus hijos no para que vivan para este mundo, sino para la vida futura e inmortal. Ustedes deben entretejer a Jesús en las vidas de ellos desde su más tierna infancia, enseñándoles que Jesús los ayudará a vencer sus inclinaciones al mal.SE2 52.1

    He tenido la oportunidad de educar a mis propios hijos, y sé lo mucho que ellos tienen que luchar para alcanzar la victoria. Sé lo difícil que era cuando Satanás los tentaba a hacer lo malo. Deseamos que un Jesús vivo y práctico esté con nosotros cada día de nuestras vidas, así podremos educar y enseñar a nuestros hijos, y habrá paz en nuestros hogares. Dios dice: «Yo sé que Abraham mandará a sus hijos y a su casa después de sí».SE2 52.2

    Esta es lo que debiéramos hacer: Enseñar a los padres de este tiempo, al igual que Abraham, que manden a sus hijos y a su casa después de ellos. Dios dice: yo sé que él mandará a sus hijos y a su casa a cumplir con los mandatos del Señor. Abraham sabía que Dios tenía mandamientos, y que él los guardaría. Sabía que Dios tenía una ley, y que él la obedecería y que no se apartaría de ella, ni permitiría que sus hijos lo hicieran.SE2 52.3

    No queremos que Jesús se avergüence de nosotros. Hay muchas cosas que pueden hacer que deshonremos a Cristo: el amor al yo, el amor al mundo, la ansiedad por lo que comeremos o beberemos, o lo que vestiremos. Cristo ha prometido satisfacer nuestras necesidades si tan solo confiamos en él. Pero todo esto quedará atrás, si ustedes se acostumbran a confiar en Cristo podrán reflejar luz a todos los que los rodean.SE2 52.4

    Ahora bien, en lugar de hablar de esas cosas y espaciarnos en ellas, pensemos en el paraíso de Dios y en las riquezas de gloria que se les dará a los santos del Altísimo. Si ese ha de ser nuestro hogar ¿por qué no hablar de él? Si ustedes van a unirse al coro celestial y a cantar las alabanzas de Dios en el cielo ¿por qué no cantarlas aquí? Ustedes jamás podrán cantarlas allá, a menos que las aprendan aquí. ¿Cuánto alaban ustedes a Dios?SE2 52.5

    ¿Por qué no se acostumbran a hablar de Jesús: aquel en quien está centrada nuestra esperanza de vida eterna; aquel que ha mostrado tanto amor por nosotros que dio su vida para redimimos? «Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios”. El mundo no nos conoce porque no lo conoció a él.SE2 52.6

    Ustedes pueden ver cómo el mundo trató a Jesús. ¿Los trata mejor a ustedes de lo que trató a Jesús? Si ustedes han adaptado sus vidas a Jesús, tendrán el privilegio de ser portadores de luz para el mundo. ¿Por qué? Debido a que ustedes lo representan a él en carácter, dirán: «Mírenlo a él”. En palabra y acción estarán representando a Cristo. Él tampoco se avergüenza de llamarlos sus hermanos. Valoro la aprobación de Dios más que todas las alabanzas que hombres y mujeres podrían prodigarme en este mundo.SE2 53.1

    Amo a Jesús. Reconozco en él dones inefables. Les presento al Varón del Calvario. Deseo que se familiaricen con él. Si ustedes lo llevan a sus vidas diarias, permítanme decirles que perderán de vista todas las perplejidades terrenales. Jesús dice: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. Hay descanso en Jesús. Si ustedes encuentran a pobres almas abatidas por la pena y la angustia, es porque no tienen puesto el yugo de Jesús. Quizá, por ese pliegue de tela adicional, por causa de tal o cual adorno, es que no han permitido que Jesús entre. Él dice: «Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo” (Apoc. 3: 20).SE2 53.2

    Ustedes pueden disfrutar de un pedacito de cielo aquí abajo sin tan solo fijan su vista en Dios, pero eso no se consigue mirando a Cristo la mitad del tiempo y al mundo la otra mitad. Cuando vivan para Dios, él los rodeará con sus brazos eternos y les dirá: «Mi yugo es fácil y ligera mi carga».SE2 53.3

    ¿Lo creen ustedes? Yo puedo testificar que esto es así. Basada en mi experiencia pasada, puedo testificar que no elegiría tener una prueba menos, una aflicción menos, pensando que Pablo dice: «Pues esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando las cosas que se ven, sino las que no se ven” (2 Cor. 4: 17, 18). Queremos mantener la vista fija en la eternidad, para que así reflexionemos seriamente respecto al uso que hemos dado a nuestra facultad de pensar, si es que hemos tratado de fortalecerla con nimiedades que no hemos de llevar con nosotros cuando seamos llevados a encontrar a Cristo en el aire.SE2 53.4

    Queremos aprender la lección que Cristo nos indicó: la humildad y la sencillez de espíritu. Hemos de prepararnos para entrar sin problemas a la ciudad de Dios, y disfrutar una vida que se compara con la vida de Dios. Todo lo que se compare con eso no tendrá valor, al contrastarlo con lo que Dios nos tiene reservado si cumplimos su voluntad.SE2 53.5

    En los últimos días únicamente habrá dos grupos: uno a la mano derecha y otro a la mano izquierda. Cristo le dirá al primero: «Venid, benditos de mi Padre, heredad el Reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo, porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me recogisteis; estuve desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel y fuisteis a verme” (Mat. 25: 34-36).SE2 54.1

    Y ellos contestarán: ¿Cuándo te vimos así y te socorrimos? Y Cristo responde: «De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis” (v. 40). En cambio dirá a los de su izquierda: «Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles” (v. 41).SE2 54.2

    El primer grupo había entretejido a Cristo en sus vidas y era en realidad consciente de lo que había hecho. «Venid, benditos de mi Padre, heredad el Reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (v. 34).SE2 54.3

    De modo que vemos cómo Cristo se identifica con el ser humano caído. Él se vuelve a los que están a su mano izquierda y dice: «Tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis”. Y cuando le preguntaron: «¿Cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo o en la cárcel, y no te servimos?», la respuesta es: «De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis” (Mat. 25: 41-46). No a los más grandes, sino a los más pequeños.SE2 54.4

    Queremos integrar a Cristo a nuestra vida diaria. Los que no habían alimentado al hambriento, vestido al desnudo, o visitado al enfermo, ni siquiera eran conscientes de ello. ¿Por qué? Porque se habían formado o educado en la escuela del egoísmo, y el resultado fue que perdieron el cielo y el gozo de la eternidad, algo que podrían haber disfrutado si hubieran dedicado sus talentos a Dios.SE2 54.5

    ¿Te ha concedido Dios algún talento? Devuélveselo. Todo tu cuerpo y alma pertenecen a Dios; dáselos a él. En lugar de estar dedicando todo tu tiempo a los placeres de este mundo, a comer, beber y a la moda entrégalo todo a Dios. Y la luz que Dios te ha dado, utilízala para llevar almas a él. Recuerda lo que dice Daniel: «Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas, a perpetua eternidad”.SE2 54.6

    Podrían decir ustedes: «Pero eso le concierne al pastor». ¡Perdónenme! Esa es una responsabilidad de todo discípulo de Cristo, sin importar lo débil que sea. Ustedes serán juzgados de acuerdo con la luz que hayan recibido. Han aceptado a Cristo en sus vidas con el fin de representarlo ante el mundo. Lo que hemos de buscar es más de Jesús y menos el yo.SE2 55.1

    Un poco más y veremos al Rey en su hermosura. La obra concluirá y escucharemos las palabras: «Hijo, sube acá. Entra en la ciudad y accede al árbol de la vida, y contempla las inigualables gracias de Jesús”. ¿Estarán ustedes allá? ¿Será colocada la corona de gloria en sus cabezas? ¿Serán ustedes cubiertos de blancas vestiduras? ¿Comeremos nosotros del árbol de la vida?SE2 55.2

    Dios quiera que todos estemos allá. No podemos por nada del mundo perdérnoslo. Que Dios los bendiga esta noche. Que el Señor los ilumine con su luz, pues es la luz, ¡y que anden siempre en ella! SE2 55.3

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