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La Única Esperanza

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    “No encuentro delito”

    Pero no esperó para recibir una respuesta. El tumulto de la turba que llegaba desde afuera de la corte de justicia había aumentado hasta convertirse en una gritería. Siendo que los sacerdotes exigían una decisión inmediata, le recordaron a Pilato los intereses del momento. Entonces salió afuera y, dirigiéndose al pueblo, declaró: “Yo no hallo en él ningún delito”. Juan 18:38.UE 115.6

    Estas palabras, pronunciadas por un juez pagano, eran un severísimo reproche a la perfidia y la falsedad de los gobernantes de Israel que acusaban al Salvador.UE 116.1

    Al oír los sacerdotes y los príncipes las palabras de Pilato, su enojo e ira no tuvieron límites. Durante mucho tiempo habían complotado, esperando que se produjera esta oportunidad. Ante la perspectiva de la liberación de Cristo, parecían dispuestos a hacerlo pedazos.UE 116.2

    Abandonaron toda razón y, al perder el discernimiento y el dominio propio, prorrumpieron en maldiciones, comportándose más como demonios que como seres humanos. Se enfurecieron contra Pilato y a gritos amenazaron con la censura del gobierno romano. Lo acusaron de eludir la decisión de condenar a Jesús, quien, según afirmaban, se había declarado contra el César. Entonces se pusieron a gritar:UE 116.3

    “Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí”. Lucas 23:5.UE 116.4

    En aquel momento Pilato no pensaba condenar a Jesús. Estaba seguro de su inocencia. Pero cuando oyó que Cristo era de Galilea, decidió enviarlo a Herodes, el gobernador de esa provincia, que estaba entonces en Jerusalén. De esta manera Pilato pensó trasladar la responsabilidad del juicio, transfiriéndola a Herodes.UE 116.5

    Jesús estaba desfalleciente de hambre y cansado por falta de sueño. Sufría también por el trato cruel que había recibido. No obstante, Pilato lo entregó de nuevo a los soldados, y Jesús fue arrastrado en medio de las burlas e insultos de la multitud enfurecida.UE 116.6

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