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Testimonios para la Iglesia, Tomo 2

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    Una actitud egoísta y dictatorial

    Querido Hno. U,

    Se me mostró en la última visión que usted necesita vigilarse a sí mismo con celo y cuidado, pues de otra manera su temperamento tan peculiar lo va a dominar del todo. Usted se equivocó cuando se puso a orar por la hermana V, y asumió la misma actitud dictatorial y dominante que ha sido la maldición de su vida. Atacó al hermano W cuando, si hubiera tomado en consideración sus fracasos del pasado, debería haber sido discreto y modesto. Le va a resultar muy difícil vencer el hábito de vigilar a los demás, tomar nota de cosas pequeñas, y hablar de una manera tajante y censuradora. Nada de esto le importa en absoluto. Tan ciertamente como que usted fracasa en este sentido, la puerta queda abierta para fracasos mayores. No hay otra seguridad para usted fuera de ejercer constante dominio propio, y controlar su alma mediante la paciencia. No está en condiciones de llevar a cabo una gran obra; no obstante, si obra correctamente, puede hacer algo de bien en la causa de Dios. Su influencia no necesita causar perjuicios; pero si se conserva para Dios y permite que él lo santifique, puede hablar palabras de paz y consuelo, y dar testimonio de las grandes riquezas de Dios y del eterno amor de Jesús.2TPI 287.1

    Permita que su corazón sea suavizado y ablandado gracias a la divina influencia del Espíritu de Dios. No debería hablar tanto acerca de sí mismo, porque esto no va a fortalecer a nadie. No debería convertirse en el centro, ni creer que siempre se tiene que preocupar de usted mismo, ni inducir a otros a que lo cuiden. Aparte su mente de sí mismo y oriéntela en direcciones más saludables. Hable de Jesús, y deje que el yo se vaya; sumérjalo en Cristo y que éste sea el lenguaje de su corazón: “Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”. Gálatas 2:20. Jesús será para usted un pronto auxilio en todo momento de necesidad. No lo va a dejar solo para combatir con los poderes de las tinieblas. ¡Oh, no! Hay un Auxiliador que es poderoso para salvar hasta lo sumo a los que a él se allegan.2TPI 287.2

    No se preocupe de sí mismo. Venza sus prejuicios, sus pequeñas peculiaridades, y trate solamente de representar a Jesús. Cuando hable u ore en la reunión, no se extienda demasiado. Ha fallado en esto. Lo puede remediar. Los discursos y las oraciones largos son perjudiciales para usted, y no benefician a los oyentes. Va a tener que trabajar tenazmente para vencer. Pero puede lograrlo si se dedica a la obra con calma. En esto tiene que cuidarse. Usted es inquieto, apresurado, nervioso. También puede vencer estas cosas.2TPI 288.1

    Usted desea honesta y ansiosamente hacer lo correcto y conseguir la aprobación de Dios. Prosiga con sus esfuerzos fervientes y perseverantes, y no se desanime. Sea paciente. Nunca censure a nadie. No permita nunca que el enemigo lo aparte de su actitud de vigilancia. Vele y ore también. Después de orar, siga velando. Este esfuerzo es suyo; nadie lo puede hacer por usted. Aférrese de la fortaleza de Dios, y tan pronto como vea los errores que ha cometido en el pasado, redima el tiempo. 2TPI 288.2

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