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Testimonios para la Iglesia, Tomo 2

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    Fanatismo e ignorancia

    Hermano E,

    Cuando estuve en Róchester, Nueva York, el 25 de diciembre de 1865, antes de visitar el estado de Maine, vi algunas cosas relacionadas con las inquietantes y desanimadoras condiciones de la causa en ese estado. Se me mostró que muchos que pensaban que su deber era enseñar la Palabra de Dios en público habían errado en su obra. No habían sido llamados a dedicarse a esta obra solemne y de responsabilidad. No estaban capacitados para la obra del ministerio, pues no podían instruir correctamente a otros.2TPI 490.2

    Algunos habían obtenido su experiencia entre un grupo de religiosos fanáticos que no tenían un concepto correcto del carácter elevado de la obra. La experiencia religiosa de este grupo de profesos adventistas del séptimo día no era confiable. No tenían principios firmes que sustentaran sus acciones. Eran confiados en sí mismos y jactanciosos. Su religión no consistía en actos justos, verdadera humildad de alma y sincera devoción a Dios; sino de impulsos, ruido y confusión, salpicados de excentricidades y rarezas. No habían sentido, ni tampoco podían sentir, la necesidad de estar revestidos con la justicia de Cristo. Tenían una justicia propia, que era como trapos de inmundicia, y que Dios en ningún caso puede aceptar. Estas personas no amaban la unión y la armonía de acción. Se deleitaban en el desorden. Preferían la confusión, el aturdimiento y la diversidad de opiniones. Eran ingobernables, insumisos, irregenerados y sin consagración. Y ese elemento de confusión estaba de acuerdo con sus mentes indisciplinadas. Eran una maldición para la causa de Dios y deshonraban el nombre de Adventistas del Séptimo Día.2TPI 490.3

    Estas personas no habían experimentado la obra de reforma, o santificación por medio de la verdad. Eran toscos e incultos. Nunca habían gustado el dulce y puro refinamiento del mundo futuro. Nunca habían experimentado el misterio de la piedad, ni sus corazones se habían admirado ante él. Colocaban las cosas divinas y eternas en el mismo nivel que las cosas comunes, y hablaban del cielo y de la venida de Jesús como hablarían de un caballo. Tenían un conocimiento superficial de la teoría de la verdad, pero más allá de esto eran ignorantes. Sus principios no habían tomado control de sus vidas para llevarlos a aborrecer al yo. Nunca se habían visto en la luz que Pablo se veía a sí mismo, lo que llevó a percibir los defectos morales de su carácter. Nunca habían sido muertos por la Ley de Dios, y no se habían separado de sus impurezas y suciedad. La ocupación favorita de algunos de este grupo es participar en conversaciones triviales y frivolidades. Contrajeron este hábito y lo practicaron en ocasiones que debieran haber estado caracterizadas por una solemne meditación y devoción. Al hacer esto, manifestaban falta de verdadera dignidad y refinamiento, y perdían la estima de personas sensatas que no conocían la verdad. Este grupo se entregó a una corriente de tentaciones y se mantuvo donde el enemigo los guiaba con éxito; tan fácilmente controlaba sus mentes y corrompía toda su experiencia que muy probablemente serán incapaces de recuperarse y salir de su trampa y obtener una experiencia saludable.2TPI 491.1

    El fuego del día de Dios consumirá la hojarasca y la paja, y no quedará nada de los que continúen en el proceder impío en que se han deleitado por tanto tiempo. Este grupo siente desagrado por la compañía de aquellos con quienes verdaderamente está Dios. Su experiencia religiosa es de una clase tan baja que no tienen parte ni suerte en una experiencia religiosa inteligente y racional; por lo tanto desprecian la compañía de aquellos a quienes Dios guía y a quienes está enseñando. El sarcasmo y la ironía es el fuerte de algunas mentes peculiares de este grupo. Son atrevidos e insolentes y no aprecian los buenos modales. No les interesa diferenciar y honrar a los que se debe honrar. Manifiestan un espíritu orgulloso, rebelde y desafiante en contra de los que no comparten sus opiniones. Sus modales estrepitosos y su comportamiento equivocado llevan al verdadero siervo de Dios a pensar que se han opuesto a los esfuerzos hechos en favor de ellos, y al sentirse desalentado deja de trabajar por ellos. Tienen parte en un despreciable triunfo de exactamente la misma naturaleza que el que Satanás y sus ángeles malos tienen sobre las almas que apresan. Tienen a Satanás y a los ángeles malos de su parte para regocijarse con ellos. Los casos de las personas en quienes se ha desarrollado este tipo de carácter peculiar y llamativo, son sin esperanza. Están encerrados en su justicia propia y llaman orgullo y falta de humildad a todo carácter refinado y elevado. La vulgaridad y la ignorancia son consideradas humildad.2TPI 491.2

    Con este grupo usted ha obtenido una gran parte de su experiencia religiosa; por lo tanto, no está capacitado para la obra de enseñar el más solemne, refinado, elevador y además el más aprobatorio mensaje dado a los mortales. Usted puede alcanzar cierta clase de mentes, pero sus esfuerzos apartarán a la porción más inteligente de la comunidad. Usted no conoce suficientemente ni lo más elemental de la educación para ser un instructor de hombres y mujeres que tienen un astuto diablo que por su lado sugiere y planea modos de apartarlos de la verdad.2TPI 492.1

    A los maestros de las escuelas comunes se les exige ser idóneos en su trabajo. Se los examina rigurosamente para comprobar si se pueden confiar los niños a su cuidado. Se investiga el esmero de sus calificaciones, para comprobar si están a la altura de la importancia del puesto que se les pide que ocupen. Vi que la obra de Dios es de un carácter tanto más exaltado y de tanto mayor interés, cuanto lo eterno está por encima de lo temporal. Un error cometido aquí no se puede reparar. Es de infinita importancia que todos los que salen a enseñar la verdad estén capacitados para hacer su trabajo. Se debiera hacer un estudio de su habilidad para enseñar la verdad, no menos estricto que en el caso de los que enseñan en nuestras escuelas. La obra de Dios ha sido disminuida por la conducta relajada y negligente que han seguido los profesos ministros de Cristo.2TPI 492.2

    Se me mostró que los ministros deben ser santos y conocer la Palabra de Dios. Debieran estar familiarizados con las doctrinas bíblicas y preparados para dar razón de su esperanza, o cesar en sus esfuerzos y dedicarse a otra profesión en la que su deficiencia no acarree tan tremendas consecuencias. Los ministros de las denominaciones populares de este tiempo son predicadores aceptables si pueden hablar acerca de unos pocos puntos sencillos de la Biblia; pero los ministros que difunden una verdad impopular para estos últimos días, que tienen que encontrarse con hombres instruidos, hombres de mentes vigorosas, y opositores de toda clase, debieran estar bien preparados. No debieran tomar la responsabilidad de enseñar la verdad a menos que estén capacitados para ese trabajo. Antes de comprometerse o dedicarse a la obra debieran ser estudiosos de la Biblia. Si no tienen una educación como para hablar en público en forma aceptable, hacer justicia a la verdad y honrar al Señor al que profesan servir, debieran esperar hasta que estén capacitados para su función.2TPI 492.3

    Hermano E, usted no puede ocupar el puesto de un ministro de Cristo. Vi que carecía de una correcta experiencia religiosa. No se conoce a sí mismo. Ni siquiera puede leer correctamente, ni usar el lenguaje que pueda recomendar la verdad al entendimiento de una comunidad inteligente. Usted carece de discernimiento. No sabría cuándo correspondería hablar o cuándo sería sabio callar. Junto con el grupo peculiar que he mencionado, tanto tiempo ha pensado usted que lo sabía todo, que no ve sus deficiencias cuando se las presentan. Posee un alto grado de estima propia, y su experiencia se ha caracterizado por la confianza en sí mismo y la vanagloria.2TPI 493.1

    Usted no es enseñable, por lo tanto la causa de Dios no prosperaría en sus manos. Usted no llegaría a admitir una derrota cuando alguna le tocara. Sus esfuerzos traerían descrédito y deshonor a la causa de Dios, y no se daría cuenta de ello. Cierta clase de persona puede convencerse de la verdad por su medio; pero la mayoría se apartaría y se colocaría donde no podría ser alcanzada por una labor correcta y con criterio. Entretejidas con su experiencia hay cosas que irán en detrimento de la verdad.2TPI 493.2

    Sus modales no han sido refinados y elevados. Su conducta no ha sido agradable a Dios. Sus palabras han sido descuidadas. Le falta piedad y devoción. Usted no ha logrado experimentar la vida espiritual. No comprende cómo presentar correctamente la Palabra de vida, dando a cada uno su porción de alimento en el momento oportuno. Usted ha preferido discutir y argumentar ciertos puntos cuando estaba completamente fuera de lugar y no podría sino fracasar. Este es el espíritu del grupo de Maine que he mencionado. Se deleitan en contender en forma desafiante. Usted no manifestaría mansedumbre al instruir a los que se oponen. En cierto grado, siempre estará impedido por su desafortunada experiencia. Le falta cultura y humildad. Tiene importantes lecciones que aprender antes de poder llegar a ser un modesto y aceptable seguidor de Cristo, aun como laico. 2TPI 493.3

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