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Servicio Cristiano

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    Fuerzas cristianas combinadas

    Hermanos y hermanas en la fe, ¿surge en vuestro corazón la pregunta, “¿Soy yo guarda de mi hermano?” Si pretendéis ser hijos de Dios, sois guardas de vuestros hermanos. El Señor tiene a la iglesia por responsable de las almas de aquellos que podrían ser los medios de salvación.—Historical Sketches of the Foreign Missions of the Seventh Day Adventist, 291.SC 19.1

    El Salvador dió su preciosa vida para establecer una iglesia capaz de asistir a los que sufren, a los tristes, y a los tentados. Una agrupación de creyentes puede ser pobre, inculta, y desconocida; sin embargo en Cristo puede realizar una obra en el hogar, en la comunidad, y aun en “tierras lejanas”, cuyos resultados alcanzarán hasta la eternidad.—El Ministerio de Curación, 99.SC 19.2

    Por débil e imperfecta que parezca, la iglesia es el objeto al cual Dios dedica en un sentido especial su suprema consideración. Es el escenario de su gracia, en el cual se deleita en revelar su poder para transformar los corazones.—Los Hechos de los Apóstoles, 11.SC 19.3

    Alguien debe cumplir la comisión de Cristo; alguien debe continuar realizando la obra que él comenzó en la tierra; y a la iglesia se le ha concedido este privilegio. Con este propósito ha sido organizada. ¿Por qué, entonces, no han aceptado los miembros de la iglesia esta responsabilidad?—Testimonies for the Church 6:295.SC 19.4

    El pide que la iglesia asuma el deber que le fuera asignado, sosteniendo el estandarte de la verdadera reforma en su propio territorio, y permitiendo que obreros preparados y experimentados vayan a nuevos campos.—Testimonies for the Church 6:292.SC 19.5

    Los creyentes tesalonicenses eran verdaderos misioneros. ... Los corazones eran ganados por las verdades presentadas, y almas eran añadidas al número de los creyentes.—Los Hechos de los Apóstoles, 208.SC 19.6

    Al ordenar a los doce, se dió el primer paso en la organización de la iglesia que después de la partida de Cristo habría de continuar su obra en la tierra.—Los Hechos de los Apóstoles, 16.SC 20.1

    La iglesia de Dios es el palacio de la vida santa, lleno de variados dones, y dotado de Espíritu Santo. Los miembros han de hallar su felicidad en la felicidad de aquellos a quienes ayudan y benefician. Es maravillosa la obra que el Señor determina que sea realizada por su iglesia, a fin de que su nombre sea glorificado.—Los Hechos de los Apóstoles, 11.SC 20.2

    Nuestra obra se halla claramente establecida en la Palabra de Dios. El cristiano debe unirse con el cristiano, la iglesia con la iglesia, el instrumento humano debe cooperar con el divino, y todo instrumento ha de subordinarse al Espíritu Santo, y todo debe combinarse para dar al mundo las buenas nuevas de la gracia de Dios.—The General Conference Bulletin, 421, 28 de febrero de 1893.SC 20.3

    Nuestras iglesias han de cooperar en la obra de cultivo espiritual, con la esperanza de ir cosechando a lo largo del tiempo. ... El suelo es rebelde, pero la dura tierra ha de ser roturada, y la semilla de justicia sembrada. No os detengáis, amados maestros que trabajáis en favor de Dios, como si dudarais de si debéis continuar una labor que crecerá a medida que se realice.—Testimonies for the Church 6:420.SC 20.4

    La iglesia es el medio señalado por Dios para la salvación de los hombres. Fué organizada para servir, y su misión, es la de anunciar el Evangelio al mundo. Desde el principio fué el plan de Dios que su iglesia reflejase al mundo su plenitud y suficiencia. Los miembros de la iglesia, los que han sido llamados de las tinieblas a su luz admirable, han de revelar su gloria.—Los Hechos de los Apóstoles, 9.SC 20.5

    Que ninguna iglesia piense que es demasiado pequeña para ejercer una influencia y efectuar servicio en la gran obra que ha de hacerse en este tiempo.SC 21.1

    Id a trabajar, hermanos. No son solamente los grandes congresos, asambleas y concilios los que contarán con el favor especial de Dios; el esfuerzo más humilde de amor abnegado será coronado con su bendición, y recibirá su gran recompensa. Haced lo que podáis y Dios aumentará vuestra capacidad.—The Review and Herald, 13 de marzo de 1888.SC 21.2

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