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Servicio Cristiano

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    Lecciones de la vida de Nehemías

    En los años pasados, he hablado en favor del plan de presentar nuestra obra misionera y su progreso ante nuestros vecinos y amigos, y me he referido al ejemplo de Nehemías. Y ahora deseo instar a nuestros hermanos y hermanas a estudiar de nuevo la experiencia de este hombre de oración y fe y sano juicio, quien tuvo el valor de pedir a su amigo, el rey Artajerjes, ayuda para hacer progresar los intereses de la causa de Dios.—Manuscrito 2, 5 de junio de 1914, “Consecrated Efforts to Reach Unbelievers” [Esfuerzos Consagrados para Alcanzar a los no Creyentes].SC 213.3

    Medios solicitados de los que están en condiciones de dar—Los hombres de oración deben ser hombres de acción. Los que están listos a trabajar y dispuestos a hacerlo, hallarán las formas y los medios. Nehemías no dependió de la incertidumbre. Los medios de los cuales carecía los solicitó de aquellos que podían otorgarlos.—The Southern Watchman, 15 de marzo de 1904.SC 214.1

    El ánimo para la tarea se obtiene por la oración—Nehemías y Artajerjes se hallaban frente a frente, el uno como siervo de una raza oprimida, el otro como monarca de un gran imperio mundial. Pero infinitamente mayor que la diferencia social era la distancia moral que los separaba. Nehemías había aceptado la invitación del Rey de reyes: “Echen mano ... de mi fortaleza, y hagan paz conmigo. ¡Sí, que hagan paz conmigo!” La petición silenciosa fué la misma que había ofrecido durante muchas semanas, a saber, que Dios prosperara su solicitud. Y ahora, cobrando ánimo ante el pensamiento de que tenía un Amigo, omnisciente y omnipotente, que podía obrar en su favor, el hombre de Dios dió a conocer al rey su deseo de que se lo eximiera por un tiempo de su puesto en la corte, y de recibir autorización para reedificar los lugares desolados de Jerusalén, y volver a hacerla una vez más una ciudad fortificada y protegida. Trascendentales resultados para la ciudad y la nación judía dependían de esta petición. “Y—dijo Nehemías—otorgómelo el rey, según la benéfica mano de Jehová sobre mí.”—The Southern Watchman, 8 de marzo de 1904.SC 214.2

    Se obtuvo el apoyo oficial—Cuando su pedido [el de Nehemías] al rey hubo sido favorablemente recibido, se sintió animado a solicitar la asistencia necesaria para la realización de sus planes. Para dar dignidad y autoridad a su misión, así como para proveer lo referente a la protección durante el viaje, obtuvo una escolta militar. Se le dieron cartas reales dirigidas a los gobernadores de las provincias que estaban al otro lado del Eufrates, el territorio por el cual debía pasar en su viaje hacia Judea; y obtuvo, además una carta dirigida al custodio del bosque que el rey tenía en las montañas del Líbano, en que se le solicitaba que proveyera la madera necesaria para el muro de Jerusalén y para los edificios que Nehemías se proponía levantar. A fin de que no hubiera ocasión de queja, en el sentido de que había excedido su comisión, Nehemías tuvo el cuidado de que la autoridad y los privilegios que se le acordaran quedaran claramente definidos.—The Southern Watchman, 15 de marzo de 1904.SC 214.3

    Las cartas reales dirigidas a los gobernadores de las provincias que se hallaban a lo largo de su ruta, aseguraron a Nehemías una recepción honorable y una pronta ayuda. Y ningún enemigo osó molestar al funcionario que estaba protegido por el poder del rey persa y tratado con señalada consideración por los gobernantes de las provincias. El viaje de Nehemías fué seguro y próspero.—The Southern Watchman, 22 de marzo de 1904.SC 215.1

    Se encuentran obstáculos—Su arribo a Jerusalén, sin embargo, con la ayuda de una escolta militar, que demostraba que había venido con alguna importante misión, excitó los celos y el odio de los enemigos de Israel. Las tribus paganas establecidas cerca de Jerusalén habían manifestado anteriormente su enemistad contra los judíos acumulando contra ellos todo insulto e injuria que quisieran infligirles. Además, en esta obra malvada actuaban ciertos jefes de esas tribus, Sanballat el horonita, Tobías el ammonita y Gesem el árabe; desde el principio esos caudillos observaron con ojos críticos los movimientos de Nehemías, y por todos los medios a su alcance procuraron estorbar sus planes y perjudicar su obra.—The Southern Watchman, 22 de marzo de 1904.SC 215.2

    Intentaron causar división entre los obreros sugiriendo dudas y levantando incredulidad con respecto a su éxito. Además ridiculizaron los esfuerzos de los edificadores, declararon que la empresa era una imposibilidad, y predijeron un desgraciado fracaso. ... Los edificadores que trabajaban sobre el muro pronto se vieron confrontados por una oposición más activa. Se vieron obligados a estar en guardia continuamente contra las asechanzas de sus alertas adversarios. Los emisarios del enemigo trataron de destruir su valor haciendo circular falsos informes; se formaron conspiraciones con varios pretextos para hacer caer a Nehemías en sus trampas: y se hallaron judíos de corazón falso que estaban listos a ayudar los planes de traición. ... Emisarios del enemigo, que profesaban ser amigos, se mezclaron con los edificadores, sugiriendo cambios en el plan, tratando de varias maneras de distraer la atención de los obreros, de causar confusión y perplejidad, y de hacer surgir desconfianza y sospecha.—The Southern Watchman, 12 de abril de 1904.SC 216.1

    Algunos obstáculos confrontan a los dirigentes hoy—La experiencia de Nehemías se repite en la historia del pueblo de Dios en este tiempo. Los que trabajan en la causa de la verdad hallarán que no pueden hacer esto sin excitar el enojo de sus enemigos. Aun cuando han sido llamados por Dios a la obra en la cual están empeñados, y su conducta es aprobada por él, no pueden escapar al reproche y al ridículo. Serán acusados de ser visionarios, indignos de confianza, maquinadores, hipócritas: cualquier cosa, en suma, que convenga a los propósitos de los enemigos. Las cosas más sagradas serán presentadas bajo una luz ridícula para divertir a los impíos. Un poquito de sarcasmo y de ingenio vil, unido a la envidia, los celos, la impiedad y el odio, es suficiente para excitar el regocijo del burlón profano. Y estos burladores presuntuosos agudizan mutuamente su ingenio, y se envalentonan el uno al otro en su obra blasfema. El desprecio y el ridículo son sin duda dolorosos para la naturaleza humana; pero deben ser soportados por todos los que son leales a Dios. Satanás tiene así el plan de que las almas desistan de hacer la obra que el Señor les ha confiado.—The Southern Watchman, 12 de abril de 1904.SC 216.2

    Han de reunirse las fuerzas desalentadas—En secreto y silencio, Nehemías completó su gira de inspección de los muros. Declara: “Y no sabían los magistrados dónde yo había ido, ni qué había hecho; ni hasta entonces lo había yo declarado a los judíos y sacerdotes, ni a los nobles y magistrados, ni a los demás que hacían la obra.” En su dolorosa gira no quería él llamar la atención ni de sus amigos ni de sus adversarios, para no crear ninguna excitación, y para que no se pusieran en circulación informes que pudieran derrotar o por lo menos obstaculizar su obra. Nehemías dedicó el resto de la noche a la oración; por la mañana debía hacer un esfuerzo ferviente para levantar y unir a sus desalentados y divididos connacionales.—The Southern Watchman, 22 de marzo de 1904.SC 217.1

    Aunque Nehemías llevaba una comisión real que requería de los habitantes la cooperación con él en la reedificación de los muros de la ciudad, no quiso depender del mero ejercicio de la autoridad. Intentó más bien ganar la confianza y la simpatía de la gente, pues sabía bien que una unión de los corazones así como de las manos era esencial para el éxito en la gran obra que había emprendido.SC 217.2

    Cuando llamó a la gente a reunirse por la mañana, presentó argumentos calculados para despertar sus dormidas energías y para unir sus esparcidas huestes. ... Y habiendo presentado el asunto plenamente ante ellos, mostrándoles que estaba sostenido por la autoridad combinada del rey de Persia y del Dios de Israel, Nehemías formuló ante el pueblo directamente la pregunta de si aprovecharían esta favorable ocasión, y se levantarían con él para edificar el muro. Este discurso llegó directamente a sus corazones; la manifestación del favor del cielo hacia ellos los hizo avergonzar de sus temores. Con renovado valor clamaron a gran voz: “Levantémonos, y edifiquemos”.—The Southern Watchman, 29 de marzo de 1904.SC 217.3

    La santa energía y las elevadas esperanzas de Nehemías fueron comunicadas al pueblo. Al ser dominados por ese espíritu, se elevaron por un tiempo al nivel moral de su dirigente. Cada uno en su propia esfera era una especie de Nehemías; y cada uno de ellos fortaleció y sostuvo a su hermano en la obra.—The Southern Watchman, 29 de marzo de 1904.SC 218.1

    Los sacerdotes de Israel se contaron entre los primeros en responder—Entre los primeros que captaron el espíritu de celo y fervor de Nehemías se hallaban los sacerdotes de Israel. Desde la posición de influencia que ocupaban, estos hombres podían hacer mucho para obstaculizar la obra o hacerla progresar. Su pronta cooperación, al comienzo mismo, contribuyó no poco a su éxito. Así debe ocurrir con toda empresa santa. Los que ocupan puestos de influencia y de responsabilidad en la iglesia, deben ser los primeros en la obra de Dios. Si ellos se mueven lentamente, otros no se moverán en absoluto. Pero su “ejemplo ha estimulado a muchos.” Cuando su luz brille en forma refulgente, un millar de antorchas serán encendidas en su llama.—The Southern Watchman, 5 de abril de 1904.SC 218.2

    Nehemías como organizador—La gente en general estaba animada como un solo corazón y una sola alma en su patriotismo y alegre actividad. Hombres de capacidad e influencia organizaron las diversas clases de ciudadanos en grupos, haciéndose responsable cada dirigente de la erección de determinada parte del muro. Era un espectáculo muy agradable para Dios y los ángeles ver los activos grupos trabajando armoniosamente sobre las murallas derribadas de Jerusalén, y era un ruido alegre el que producían sus instrumentos de trabajo desde las primeras horas de la madrugada “hasta salir las estrellas”.—The Southern Watchman, 5 de abril de 1904.SC 218.3

    La demostración de un verdadero espíritu de dirigente—El celo y la energía de Nehemías no decrecieron, ahora que el trabajo había comenzado de hecho. No se cruzó de brazos, sintiendo que podía deponer la carga. Con incansable vigilancia dirigió constantemente la obra, guiando a los obreros, notando cada obstáculo, y tomando las providencias para cada emergencia. Su influencia se sentía constantemente a lo largo de toda la extensión de aquellos casi cinco kilómetros de muro. Con palabras oportunas animaba a los temerosos, encomiaba a los diligentes, o despertaba a los perezosos. Y otra vez vigilaba con ojo de águila los movimientos de sus enemigos, que a veces se reunían a la distancia entregándose a una animada conversación, como si estuvieran complotando el mal, y luego, acercándose a los obreros, intentaban distraer su atención y obstaculizar su trabajo.SC 219.1

    Mientras los ojos de cada obrero se dirigían con frecuencia a Nehemías, listos para prestar atención a la más leve señal, esos ojos y corazones se elevaban también a Dios, el gran Director de toda la obra, Aquel que había puesto en el corazón de su siervo el deseo de edificar. Y a medida que se fortalecían la fe y el valor en su propio corazón, Nehemías exclamaba, y sus palabras, repetidas una y otra vez, conmovían los corazones de los obreros a lo largo de toda la línea: “El Dios de los cielos, él nos prosperará.”—The Southern Watchman, 5 de abril de 1904.SC 219.2

    Nehemías y sus compañeros no rehuyeron el trabajo duro, ni se excusaron del servicio penoso. Ni de noche ni de día, ni aun durante el breve tiempo usado para dormir, se quitaban la ropa, o aun colocaban a un lado su armadura. “Y ni yo, ni mis hermanos, ni mis mozos, ni la gente de guardia que me seguía, desnudamos nuestro vestido: cada uno se desnudaba solamente para lavarse.”—The Southern Watchman, 26 de abril de 1904.SC 220.1

    Se pretenderá ejercer influencia negativa en cada movimiento religioso—La mayor parte de los nobles y los jefes de Israel también acudieron noblemente al cumplimiento del deber; pero había unos pocos, los nobles tecoítas, que “no prestaron su cerviz a la obra de su Señor”. Mientras los fieles constructores han sido objeto de honrosa mención en el libro de Dios, la memoria de estos siervos perezosos quedó señalada con oprobio, y se registró como advertencia para todas las generaciones futuras.SC 220.2

    En todo movimiento religioso habrá algunos que, aunque no puedan negar que se trata de la obra de Dios, se mantendrán alejados, rehusando hacer cualquier esfuerzo para hacerlo progresar. Pero en empresas para promover sus intereses egoístas, estos hombres son a menudo los obreros más enérgicos y activos. Bueno sería que recordáramos el registro que se lleva en lo alto, el libro de Dios, en el cual todos nuestros motivos y nuestras obras están escritas: el libro en que no hay omisiones ni errores, y en base al cual hemos de ser juzgados. Allí está fielmente asentada toda oportunidad para hacer servicios para Dios que hayamos descuidado, y todo acto de fe y de amor, por humilde que sea, será mantenido en eterno recuerdo.—The Southern Watchman, 5 de abril de 1904.SC 220.3

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