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Servicio Cristiano

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    La divina comisión

    La obra que hicieron los discípulos, tenemos que hacerla nosotros también. Todo cristiano debe ser un misionero. Con simpatía y compasión tenemos que desempeñar nuestro ministerio en bien de los que necesitan ayuda, y procurar con todo desprendimiento aliviar las miserias de la humanidad doliente.—El Ministerio de Curación, 97.SC 29.3

    Antes de ascender al cielo, Cristo dió a los discípulos su comisión. Les dijo que debían ser los ejecutores del testamento por el cual él legaba al mundo los tesoros de vida eterna.—Los Hechos de los Apóstoles, 22.SC 29.4

    En la comisión dada a los primeros discípulos, se hallan incluidos los creyentes de todas las edades. Todo el que aceptó el Evangelio, recibió una verdad sagrada para impartirla al mundo. El pueblo fiel de Dios estuvo siempre constituido por misioneros activos, que consagraban sus recursos al honor de su nombre y usaban sabiamente sus talentos en su servicio.—Los Hechos de los Apóstoles, 90.SC 30.1

    La comisión misionera es la magna carta misionera del reino de Cristo. Los discípulos habían de trabajar fervorosamente por las almas, dando a todos la invitación de misericordia. No debían esperar que la gente viniera a ellos; sino que debían ir ellos a la gente con su mensaje.—Los Hechos de los Apóstoles, 23.SC 30.2

    Los mensajeros de Dios han recibido la orden de emprender la misma obra que Cristo realizó cuando estaba en la tierra. Deben entregarse a todos los ramos de actividad a los que él se consagró. Con fervor y sinceridad, deben hablar a los hombres de las riquezas inagotables y del tesoro imperecedero de los cielos.—Joyas de los Testimonios 3:349.SC 30.3

    El mandato dado a los discípulos nos es dado también a nosotros. Hoy día, como entonces, un Salvador crucificado y resucitado ha de ser levantado delante de los que están sin Dios y sin esperanza en el mundo. El Señor llama a pastores, maestros y evangelistas. De puerta en puerta han de proclamar sus siervos el mensaje de salvación. A toda nación, tribu, lengua y pueblo se han de proclamar las nuevas del perdón de Cristo. El mensaje ha de ser dado, no con expresiones atenuadas y sin vida, sino en términos claros, decididos, conmovedores. Centenares están aguardando la amonestación para poder escapar a la condenación. El mundo necesita ver en los cristianos una evidencia del poder del cristianismo. No meramente en unos pocos lugares, sino por todo el mundo se necesitan mensajes de misericordia.—Obreros Evangélicos, 29.SC 30.4

    Cuando Jesús ascendió al cielo, encomendó su obra en la tierra a los que habían recibido la luz del Evangelio. Habían de hacer progresar su obra hasta su terminación. No ha provisto ningún otro medio para la proclamación de su verdad. “Id por todo el mundo, predicad el Evangelio a toda criatura.” “He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” Esta solemne comisión nos alcanza en este tiempo. Dios deja con su iglesia la responsabilidad de recibirla o rechazarla.—Historical Sketches of the Foreign Missions of the Seventh Day Adventist, 288.SC 31.1

    Una comisión sagrada nos ha sido confiada. Esta es la orden que nos ha sido dada: “Por tanto, id, y doctrinad a todos los gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” Mateo 28:19, 20. La obra a la que os habéis consagrado consiste en dar a conocer el Evangelio de la salvación. Vuestro poder está en la perfección celestial.—Joyas de los Testimonios 3:289.SC 31.2

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