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Testimonios Selectos Tomo 4

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    Capítulo 4—Obreros para Dios

    Mis colaboradores en el gran campo de la mies, os queda muy poco tiempo para trabajar. Ahora es la oportunidad más favorable que nunca hayamos de tener, y cuán cuidadosamente debiéramos emplear todo momento. Tan consagrado se hallaba nuestro Redentor al trabajo de salvar almas, que hasta anhelaba su bautismo de sangre. Los apóstoles se contagiaron del celo de su Maestro, y firme, constante y celosamente fueron adelante en el cumplimiento de su gran obra, luchando contra principados y potestades, y maldades espirituales en lugares elevados.4TS 19.1

    Estamos viviendo en un tiempo en que se necesita aún mayor fervor que en el tiempo de los apóstoles. Pero entre muchos de los ministros de Cristo hay un sentimiento de inquietud, un deseo de imitar el estilo romántico de los modernos evangelistas sensacionales, un deseo de hacer algo grande, de crear una sensación, de ser tenidos por oradores capaces, y granjearse honores y distinción. Si los tales pudiesen afrontar peligros y recibir la honra dada a los héroes, se dedicarían a la obra con energía inquebrantable. Pero el vivir y trabajar casi desconocidos, el trabajar y sacrificarse por Jesús en la obscuridad sin recibir alabanza especial de los hombres, esto requiere una sanidad de principios y una constancia de propósito que muy pocos poseen. Si hubiese mayores esfuerzos para andar humildemente con Dios, apartando la mirada de los hombres, y trabajando únicamente por amor de Cristo, se lograría mucho más.4TS 19.2

    Mis hermanos en el ministerio, buscad a Jesús con toda humildad y mansedumbre. No tratéis de atraer la atención de la gente a vosotros mismos. Dejadla perder de vista el instrumento, mientras exaltáis a Jesús. Hablad de Jesús; perdeos a vosotros mismos en Jesús. Hay demasiado bullicio y conmoción en vuestra religión, mientras que se olvidan el Calvario y la cruz.4TS 19.3

    Corremos el mayor peligro cuando recibimos alabanzas unos de otros, cuando entramos en una confederación para ensalzarnos mutuamente. La gran preocupación de los fariseos consistía en obtener la alabanza de los hombres; y Cristo les dijo que esa era toda la recompensa que recibirían jamás. Emprendamos la tarea que nos ha sido señalada, y hagámosla por Cristo. Si sufrimos privaciones, sea para él. Nuestro divino Señor fué perfeccionado por el sufrimiento. ¡Oh! ¿cuándo veremos a los hombres trabajar como él trabajaba?4TS 20.1

    La Palabra de Dios es nuestra norma. Cada acto de amor, cada palabra de bondad, cada oración en favor de los que sufren y de los oprimidos, llega al trono eterno, y se anota en el libro imperecedero del cielo. La Palabra divina derrama luz en el entendimiento más obscurecido, y esa luz induce a los más cultivados a sentir su deficiencia y carácter pecaminoso.4TS 20.2

    El enemigo está comprando almas hoy por muy poco precio. “De balde fuisteis vendidos,” 1Isaías 52:3. es el lenguaje de las Escrituras. El uno vende su alma por el aplauso del mundo; el otro por dinero. El uno para satisfacer las bajas pasiones; el otro por las diversiones mundanas. Se hacen tales transacciones diariamente. Satanás está tratando de obtener a aquellos que fueron comprados por la sangre de Cristo y lo consigue muy barato, a pesar del precio infinito que fué pagado para rescatarlos.4TS 20.3

    Tenemos grandes bendiciones y privilegios. Podemos obtener los más valiosos tesoros celestiales. Recuerden los ministros y el pueblo que la verdad del evangelio condena si no salva. El alma que se niegue a escuchar las invitaciones de la misericordia día tras día, podrá pronto escuchar las súplicas más urgentes sin que una emoción agite su alma.4TS 20.4

    Como obreros de Dios, necesitamos más ferviente piedad, y menos ensalzamiento propio. Cuanto más se ensalce el yo, tanto más disminuirá la fe en los testimonios del Espíritu de Dios. Los que están más íntimamente relacionados con Dios son aquellos que conocen su voz cuando les habla. Los que son espirituales disciernen las cosas espirituales. Los tales se sentirán agradecidos porque Dios les ha señalado sus errores, mientras que los que confían completamente en sí mismos verán menos y menos de Dios en los testimonios de su Espíritu.4TS 20.5

    Nuestra obra debe ir acompañada de profunda humillación, de ayuno y oración. No debemos esperar que todo sea paz y gozo. Habrá tristeza; pero si sembramos rodeados de tinieblas, cosecharemos con alegría. A veces podrán la obscuridad y el abatimiento penetrar en el corazón de los que se sacrifican a sí mismos; pero esto no los condena. Tal vez sea el designio de Dios para inducirlos a buscarle más fervorosamente.4TS 21.1

    Lo que necesitamos ahora son hombres como Caleb, hombres que sean fieles y veraces. La indolencia distingue demasiadas vidas actualmente. Esas personas apartan su hombro de la rueda cuando debieran perseverar y poner todas sus facultades en ejercicio activo. Ministro de Cristo: “Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo.” 2Efesios 5:14. Vuestras labores tienen tanto sabor del yo que Cristo queda olvidado. Algunos de vosotros sois demasiado mimados y adulados. Como en los días de Noé, hay demasiada tendencia a comer y beber, plantar y edificar. El mundo ha robado las energías de los siervos de Cristo. Hermanos, si queréis que vuestra religión sea honrada por los incrédulos, honradla vosotros mismos mediante obras correspondientes. Por una íntima relación con Dios y una estricta adhesión a la verdad bíblica frente a las dificultades y la presión del mundo, podéis infundir el espíritu de la verdad en el corazón de vuestros hijos de manera que obren eficazmente con vosotros como instrumentos en las manos de Dios para el bien.4TS 21.2

    Muchos están incapacitados para trabajar tanto mental como físicamente porque comen con exceso y satisfacen las pasiones concupiscentes. Las propensiones animales son fortalecidas, mientras que la naturaleza moral y espiritual queda debilitada. Cuando estemos en derredor del gran trono blanco, ¿qué informe presentará la vida de muchos? Entonces verán lo que podrían haber hecho si no hubiesen degradado las facultades que Dios les dió. Entonces comprenderán a qué altura de grandeza intelectual podrían haber alcanzado, si hubiesen dado a Dios toda la fuerza física y mental que les había confiado. En la agonía de su remordimiento, anhelarán poder volver a vivir de nuevo su vida.4TS 22.1

    Invito a aquellos que profesan ser portaantorchas—dechados del rebaño—a apartarse de toda iniquidad. Emplead bien el poco tiempo que os queda. ¿Tenéis esa firme confianza en Dios, esa consagración a su servicio, que hará que vuestra religión no falte frente a la más acerba persecución? El profundo amor de Dios es lo único que sostendrá al alma en medio de las pruebas que están por sobrecogernos.4TS 22.2

    La abnegación y la cruz son nuestra porción. ¿Las aceptaremos? Ninguno de nosotros necesita esperar que cuando vengan sobre nosotros las últimas grandes pruebas se desarrollará un espíritu abnegado y patriótico en un momento porque lo necesitamos. No, en verdad. Este espíritu debe fusionarse con nuestra experiencia diaria, e infundirse en la mente y el corazón de nuestros hijos, tanto por los preceptos como por el ejemplo. Las madres de Israel pueden no ser guerreras ellas mismas, pero pueden criar guerreros que se ciñan toda la armadura y peleen virilmente las batallas del Señor.4TS 22.3

    Los ministros y el pueblo necesitan el poder conversivo y la gracia antes que puedan subsistir en el día del Señor. El mundo está aproximándose rápidamente a ese grado de iniquidad y depravación humanas que harán necesaria la intervención de Dios. En este tiempo los que profesan seguirle deben ser tanto más notados por su fidelidad a su santa ley. Su oración debe ser como la de David: “Tiempo es de hacer, oh Jehová; disipado han tu ley.” 3Salmos 119:126. Por su conducta dirán: “Por eso he amado tus mandamientos más que el oro, y más que oro muy puro.” 4Salmos 119:127. El mismo desprecio que se manifiesta hacia la ley de Dios es suficiente razón para que los que observan sus mandamientos se adelanten y muestren su estima y reverencia por su ley pisoteada.4TS 22.4

    “Y por haberse multiplicado la maldad, la caridad de muchos se resfriará.” 5Mateo 24:12. La misma atmósfera está contaminada de pecado. Pronto los hijos de Dios serán probados por intensas pruebas, y muchos de aquellos que ahora parecen ser sinceros y fieles resultarán ser vil metal. En vez de ser fortalecidos y confirmados por la oposición, las amenazas y los ultrajes, se pondrán cobardemente del lado de los oponentes. La promesa es: “Yo honraré a los que me honran.” 61 Samuel 2:30. ¿Estaremos menos firmemente ligados a la ley de Dios porque el mundo en general haya tratado de anularla?4TS 23.1

    Ya los juicios de Dios están en la tierra, según se ven en tempestades, inundaciones, tormentas, terremotos, peligros por tierra y mar. El gran YO SOY está hablando a aquellos que anulan su ley. Cuando la ira de Dios se derrame sobre la tierra, ¿quién podrá subsistir? Ahora es el tiempo para que los hijos de Dios se demuestren fieles a los buenos principios. Cuando la religión de Cristo sea más despreciada, cuando su ley sea más menoscabada, entonces deberá ser más ardiente nuestro celo, y nuestro valor y firmeza más inquebrantables. El permanecer de pie en defensa de la verdad y la justicia cuando la mayoría nos abandone, el pelear las batallas del Señor cuando los campeones sean pocos, ésta será nuestra prueba. En este tiempo, debemos obtener calor de la frialdad de los demás, valor de su cobardía, y lealtad de su traición. La nación estará de parte del gran caudillo rebelde.4TS 23.2

    La prueba vendrá seguramente. Hace treinta y seis años, me fué mostrado que lo que está sucediendo ahora sucedería, que la observancia de una institución del Papado sería impuesta al pueblo por una ley dominical, mientras que el santificado día de reposo de Jehová sería hollado bajo los pies.4TS 24.1

    El Capitán de nuestra salvación fortalecerá a su pueblo para el conflicto en el cual deberá empeñarse. Cuán a menudo, al oponer Satanás todas sus fuerzas a los que siguen a Cristo, y cuando la muerte los confrontaba, las fervientes oraciones, elevadas con fe, han traído al Capitán de la hueste del Señor al campo de la acción y cambiado el curso de la batalla y librado a los oprimidos.4TS 24.2

    Ahora es el tiempo en que debemos unirnos íntimamente con Dios, para estar escondidos cuando el ardor de su ira se derrame sobre los hijos de los hombres. Nos hemos apartado de los antiguos hitos. Volvamos. Si Jehová es Dios, seguidle; si Baal, id en pos de él. ¿De qué lado estaremos?4TS 24.3

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