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El Ministerio de Publicaciones

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    Capítulo 15—Reproche divino por ignorar el consejo

    Introducción

    En un periodo de cuatro años, de 1902 a 1906, se produjeron incendios arrasadores que destruyeron las instituciones mayores de la denominación.MPu 184.1

    Debido a la debilidad y las deficiencias de la administración institucional de las casas editoras situadas en Battle Creek y Mountain View, la Providencia divina permitió que se produjeran estas tragedias.MPu 184.2

    Los incendios también revelaron el hecho de que las instituciones de la iglesia pertenecían a Dios, y él no deseaba que se invalidara su autoridad. Las instituciones debían ser manejadas de acuerdo con la pauta divina de instrucciones si se quería tener éxito.MPu 184.3

    Los administradores recibieron un mensaje tras otro de advertencia y consejo para que se percataran de los problemas y peligros. Elena de White escribió, en 1898, lo que sigue al pastor Urías Smith:MPu 184.4

    “Cristo se aflige y llora por nuestras iglesias e instituciones de aprendizaje que han fallado en satisfacer las condiciones establecidas por Dios. El ha estado investigando en la casa editora de Battle Creek, la cual ha estado yendo en la misma dirección que Jerusalén [en la antigüedad]. La casa editora ha sido convertida en altares profanados, en lugares donde se comercia con mercaderías impías. Se ha convertido en un lugar en el que se practican la injusticia y el fraude, y donde se ha manifestado orgullo, maldad, envidia y pasión. Y sin embargo los hombres que son responsables de que el trabajo se efectúe siguiendo principios equivocados, no parecen estar conscientes de su mal proceder. Cuando reciben advertencias y amonestaciones, dicen: ‘¿No habla él en parábolas?’ Han tratado las amonestaciones y los reproches como si fueran cuentos sin sentido”.—Carta 31, 1898.MPu 184.5

    “El Señor no nos permite—dice Elena de White—dedicarnos a la impresión o venta de tales publicaciones, pues son un agente de destrucción para muchas almas. Sé lo que escribo, pues esta cuestión me ha sido presentada claramente. Que aquellos que creen en el mensaje de nuestro tiempo no se dediquen a semejante trabajo con la esperanza de ganar dinero”.—Joyas de los Testimonios 3:164.MPu 185.1

    Una razón por la que se permitió el incendio es la proliferación y desarrollo excesivo de instituciones en Battle Creek; y el descuido de la iglesia de ir a otros lugares y establecer nuevos y eficaces centros de influencia en muchos lugares. El pago de sueldos excesivos para un grupo selecto de administradores era algo que también desagradaba a Dios.MPu 185.2

    Los incendios de las dos grandes casas editoras fueron juicios enviados debido a la secularización de la Review and Herald y la Pacific Press, evidenciada en el exceso de materiales comerciales que imprimían; y no sólo eso, sino también la gran cantidad de publicaciones objetables publicadas. Debido a eso, la impresión de materiales denominacionales pasó a ocupar un segundo lugar, y disminuyó la influencia y el poder espirituales. Dios y su gran obra en la tierra tuvieron que esperar mientras los intereses comerciales mundanos tomaban la delantera.MPu 185.3

    Por este tiempo, Elena de White efectuó una observación de gran interés, que es un ejemplo de la perspicacia que Dios le había dado:MPu 185.4

    “Aun las personas que tratan de exaltar sus propios sentimientos como si fueran una ciencia maravillosa, se asombran al ver que hombres que ocupan posiciones de responsabilidad en nuestra casa editora—que es una institución establecida para defender la verdad de Dios—hayan consentido en publicar los libros que ellos les presentan”.—Manuscrito 124, 1901.MPu 185.5

    En octubre de 1901 ella escribió:MPu 185.6

    “En la Pacific Press se ha aceptado para su publicación un material objetable: novelas y libros de historias que absorben la mente de quienes los manejan, lo cual aparta su atención de la Palabra de Dios... La introducción de este material ha destruido la espiritualidad en la casa editora”.—Carta 140, 1901.MPu 186.1

    Además, los gerentes de las casas editoras descuidaron en gran medida el deber de preparar aprendices y obreros para que fueran capaces de servir en las casas editoras del país y del extranjero, con lo cual privaron a la Review and Herald y a la Pacific Press del espíritu misionero que hubiera podido manifestarse en estas instituciones.MPu 186.2

    La mensajera del Señor denunció también planes egoístas, que ella denominó una “confederación [confabulación]”, para privar a los escritores de ciertos derechos de autor.MPu 186.3

    En esta importante sección, los testimonios de Elena de White referentes a los incendios, a sus causas y a las crisis suscitadas por estos notables eventos, se han reunido en un mismo lugar para que se los estudie con reflexión y oración. Afortunadamente, las lecciones enseñadas por estos sucesos, no fueron desaprovechadas por los dirigentes de la iglesia.—Los Fideicomisarios de los Escritos de Elena G. de White.MPu 186.4

    * * * * *

    Consideración de peligros inminentes en 1890—Estoy alarmada por las perspectivas que se presentan para el sanatorio y la casa editora de Battle Creek, y para nuestras instituciones en general. Se ha estado manifestando un espíritu, y se ha fortalecido con los años en las instituciones, que es de un carácter enteramente diferente del que Dios ha revelado en su Palabra y que deberían manifestar los médicos y obreros relacionados con nuestras instituciones de salud y con la obra de publicaciones. Se tiene la idea de que los médicos del sanatorio y los hombres que ocupan posiciones de responsabilidad en la casa editora no tienen la obligación de regir su vida mediante los principios de abnegación y sacrificio personal enseñados por el cristianismo. Pero esta idea tiene su origen en los concilios de Satanás. Cuando los médicos revelan que piensan más en la remuneración que en el trabajo de la institución, demuestran con ello que no son hombres dignos de confianza como siervos de Cristo abnegados, temerosos de Dios y fieles en realizar la obra del Maestro.—Mensajes Selectos 2:221, 222.MPu 186.5

    Los principios mundanos neutralizan la identidad—La conformidad con el mundo es la causa por la que nuestro pueblo está perdiendo el rumbo. La perversión de los principos rectos no se ha producido repentinamente. El ángel del Señor me presentó este asunto en símbolos. Me parecía como si un ladrón se aproximara disimuladamente cada vez más cerca y despojara paulatina pero seguramente de su identidad a la obra de Dios, al hacer que nuestros hermanos se conformen con los principios que imperan en el mundo.MPu 187.1

    La mente del hombre ha usurpado el lugar que legalmente le pertenece a Dios. No importa qué cargo tenga una persona; por muy elevado que sea, debiera actuar como Cristo lo haría si ocupara su lugar. Debe parecerse a Cristo en la forma como realiza su trabajo y en su carácter.MPu 187.2

    Nadie debiera permitir que la obra de Dios se lleve a cabo en una forma contraria a esta sencilla norma: “Así dice el Señor”. Pero cada vez se hace más común que los hombres se aparten de Dios pensando que es su privilegio seguir su propio camino, de acuerdo con sus ideas personales.—Manuscrito 96, 1902.MPu 187.3

    Predicción sobre la limpieza de las instituciones—El Señor obrará para purificar su iglesia. Ciertamente el Señor está por trastornarlo todo en las instituciones que se llaman por su nombre; aunque no sé cuán pronto comenzará este proceso refinador, pero no demorará mucho. Aquel que tiene el aventador en su mano purificará su templo de contaminación moral. Limpiará meticulosamente su piso.—Carta 4, 1895.MPu 187.4

    Una espada de fuego sobre Battle Creek—Antes del incendio que acabó con la planta de la Review and Herald estuve angustiada durante muchos días... Vi la representación del peligro: una espada de fuego que se volvía hacia un lado y luego hacia el otro. Estuve en agonía por la angustia. Las siguientes noticias que recibí fueron que el edificio de la Review and Herald había sido consumido por el fuego, pero que ninguna vida se había perdido. En esto Dios expresó su misericordia mediante el juicio. La misericordia de Dios estuvo mezclada con el juicio al salvar las vidas de los obreros, para que pudieran hacer la obra que habían descuidado, y que parecía imposible hacer que la vieran y la comprendieran.—The General Conference Bulletin, 6 de abril de 1903, 85.MPu 188.1

    Depuración de los trabajos comerciales—Tres noches antes del incendio de la casa editora Review and Herald, yo había caído en un estado de agonía indescriptible. No podía dormir. Caminaba por el cuarto orando a Dios que tuviera misericordia con su pueblo. De pronto, tuve la impresión de que me encontraba en la Review and Herald con los administradores de la institución. Procuraba hablar con ellos para prestarles ayuda. Uno con autoridad se levantó y dijo: “Vosotros decís: ¡El templo del Señor! El templo del Señor somos nosotros; por lo tanto tenemos autoridad para hacer esto, aquello o lo de más allá”. Pero la palabra de Dios prohíbe muchas de las cosas que os proponéis hacer. Cristo purificó el templo en ocasión de su primera venida. Antes de su segunda venida volverá a purificar el templo. El mismo estaba ahí para purificarlo ¿Por qué? Porque se había introducido en él trabajo comercial y Dios había sido olvidado. Debido a la prisa con que debían hacerse los trabajos en toda la institución, no quedaba tiempo para pensar en el cielo. Se presentaron los principios de la Ley de Dios, y oí que se hacía esta pregunta: “¿Cuánto de la Ley habéis obedecido?” Luego se hizo esta declaración: “Dios limpiará y purificará su templo en su desagrado”.MPu 188.2

    En visiones nocturnas vi una espada ígnea suspendida sobre Battle Creek.MPu 188.3

    Hermanos, Dios está tratando en serio con nosotros. Deseo deciros que si después de las advertencias dadas mediante estos incendios, los dirigentes de nuestro pueblo siguen actuando como de costumbre, tal como lo hicieron en el pasado, enalteciéndose ellos mismos, Dios a continuación tomará los cuerpos. Tan seguramente como que está vivo, les hablará con un lenguaje que no dejarán de entender.MPu 189.1

    Dios nos está observando para ver si nos humillamos ante él como niñitos. Os digo estas cosas ahora que podemos aproximarnos a él con humildad y contrición para preguntar por lo que él requiere de nosotros.—Manuscrito 11, 1903.MPu 189.2

    Cumplimiento de las advertencias—Hoy recibí una carta del pastor Daniells [presidente de la Asociación General] concerniente a la destrucción de la Review and Herald por un incendio. Siento mucha tristeza al considerar la enorme pérdida que eso significa para la obra. Pienso que éste debe ser un tiempo de prueba muy serio para los hermanos encargados de la obra y para los empleados de la casa editora. Simpatizo con todos los que están afligidos. Pero las tristes noticias no me tomaron por sorpresa, porque en visiones nocturnas había visto a un ángel con una espada ígnea extendida sobre Battle Creek. Una vez, mientras tenía la pluma en la mano, perdí el conocimiento y tuve la impresión de que esa espada ígnea se volvía primero en una dirección y después en otra. Era como si un desastre siguiera en pos de otro*Los incendios de las instalaciones adventistas de Battle Creek no sólo destruyeron el edificio del sanatorio y de la casa editora Review and Herald, sino además el Hogar Haskell para Huérfanos. Y también hubo otros incendios de menos importancia. No hubiera sido posible dar una manifestación más convincente de desaprobación de la situación imperante de parte del Jefe supervisor de la obra, que estas calamidades., porque Dios había sido deshonrado por las maquinaciones de los hombres para exaltarse y glorificarse personalmente...MPu 189.3

    Hace algún tiempo los hermanos de la Review and Herald me pidieron consejo acerca de la construcción de otro edificio. Entonces les dije que si los que favorecían la idea de añadir otro edificio a la casa editora pudieran discernir el futuro, si pudieran ver lo que sucedería en Battle Creek, no pensarían en construir otro edificio en ese lugar. Dios dijo: “Mi palabra ha sido despreciada; y yo derribaré y arruinaré”.MPu 189.4

    En el Congreso de la Asociación General efectuado en Battle Creek en 1901, el Señor dio a su pueblo evidencia de que estaba llamando a una reforma. Las mentes se convencieron y los corazones se conmovieron; pero no se adoptaron las medidas necesarias para producir la reforma. Si los corazones obstinados se hubieran humillado y arrepentido delante de Dios, se habría producido una de las más grandes manifestaciones del poder de Dios que se han visto en Battle Creek. Pero Dios no fue honrado. No se tomaron en cuenta los testimonios de su Espíritu. Los hombres no abandonaron las prácticas que estaban en directa contradicción con los principios de la verdad y la justicia, que siempre debieran imperar en la obra del Señor.MPu 190.1

    Aquel que me da instrucciones para su pueblo me ha repetido con frecuencia los mensajes a las iglesias de Efeso y Sardis...MPu 190.2

    Estamos viendo el cumplimiento de estas advertencias. Nunca se ha cumplido más estrictamente un pasaje bíblico que el que se refiere a las dos iglesias mencionadas.—Testimonies for the Church 8:97-99.MPu 190.3

    El descuido fue una de las causas del incendio de la Review and Herald—Desde el último Congreso de la Asociación General realizado en Battle Creek [en 1901], he soportado una carga muy pesada, porque he comprendido profundamente la enorme deficiencia que existe en esta casa editora. Durante semanas, antes del incendio de la casa editora, no pude dormir después de la medianoche. Se me dijo que la ceguera espiritual manifestada por los obreros de esta institución había sido causada por la falta de confesión y arrepentimiento plenos, y porque no habían buscado al Señor con contrición y profundo fervor. Se me dijo que existía un descuido tan grande de la Palabra de Dios presentada en los testimonios de su Espíritu Santo, que el Señor derribaría, arruinaría, y derramaría sus juicios sobre Battle Creek.—Carta 37, 1903.MPu 190.4

    Descuido de la preparación de obreros misioneros—Repetidas veces se dieron testimonios acerca de los principios que se estaba permitiendo que impregnaran la casa editora. Pero a pesar de que estos mensajes continuaban llegando, los hombres seguían guiándose por principios que Dios no podía aprobar y no efectuaron ningún cambio. A los aprendices de la casa editora no se les concedió las ventajas que debieron haber tenido. No se los estaba preparando para que fueran como misioneros a diversos lugares a medida que se los llamara. No se estaban preparando para ser representantes de Dios. La influencia de la institución distaba mucho de ser lo que se esperaba de ella. Dios declaró que debía ser un lugar sagrado, que sus ángeles recorrían las dependencias. Las expresiones contradictorias pronunciadas y las actitudes de exasperación y molestia, fueron censuradas por Dios. El propósito de Dios era que esta institución fuera una escuela donde los obreros debían prepararse para defender los principios que él había ordenado que su pueblo siempre mantuviera.—Manuscrito 20, 1903.MPu 191.1

    ¿Más revelaciones del desagrado divino?—Estoy muy consciente de las condiciones existentes en la Casa Editora Review and Herald y en el Sanatorio. Se me explicó por qué estos edificios habían sido destruidos por un incendio. Estoy segura que a menos que la administración de estas instituciones se lleve a cabo en una forma que esté más de acuerdo con la voluntad de Dios, se producirán nuevas manifestaciones del desagrado divino.—Carta 182, 1903.MPu 191.2

    Examen de conciencia—La destrucción de la sede de la Review and Herald no debiera considerarse un hecho carente de significado. Todos los obreros de esta institución debieran preguntarse: “¿En qué sentido merezco esta lección? ¿En qué respecto he obrado contrariamente a un ‘Así dice el Señor’ para que él me haya enviado esta lección? ¿He obedecido las advertencias y los reproches que él ha enviado, o bien he actuado siguiendo mi propia voluntad?”MPu 191.3

    Permitamos que el Dios que examina nuestra conciencia reproche al que yerra, y que todos se inclinen ante él con humildad y arrepentimiento, dejando de lado toda actitud de fariseísmo y vanagloria; que todos confiesen y abandonen todo pecado, y pidan perdón a Dios, en el nombre del Redentor. Dios ha dicho: “Y al que viene a mí, nunca lo echo fuera”. Juan 6:37. Y los que se presentan ante él con sinceridad serán perdonados y justificados, y recibirán poder para ser hijos de Dios.MPu 192.1

    Oro para que los que se han opuesto a la luz y la evidencia, que han rehusado escuchar las advertencias de Dios, puedan ver en la destrucción de la Review and Herald una llamada para que se vuelvan a Dios con toda sinceridad. ¿No comprenderán que Dios trata en serio con ellos? No procura destruir vidas, sino salvarlas. En la reciente destrucción, Dios en su gracia preservó las vidas de los obreros, para que todos tuvieran oportunidad de ver que Dios estaba corrigiendo por medio de un mensaje que no procedía de una fuente humana, sino de arriba. El pueblo de Dios se ha apartado de él; no ha obedecido sus instrucciones, y él ha llevado su acción correctiva cerca de ellos; pero no ha producido pérdida de vidas. Nadie perdió la vida. Todos han quedado vivos para que reconozcan el Poder que ningún hombre puede contradecir.MPu 192.2

    Alabemos al Señor porque ha considerado tan valiosas las vidas de sus hijos. Pudo haber destruido a los obreros por su desobediencia y autosuficiencia. ¡Pero no lo hizo! El dice: “Tendrán otra oportunidad. Dejaré que el fuego les hable y observaré para ver si se oponen a la acción de mi providencia. Los probaré con fuego y veré si aprenden la lección que deseo enseñarles”.—Testimonies for the Church 8:101-103.MPu 192.3

    Peligro de los dirigentes que exaltan su voluntad—Se me ha dicho que los que insisten en seguir por un camino equivocado a pesar de las lecciones enseñadas por el incendio del Sanatorio y la Casa Editora Review and Herald, están manifestando la misma terquedad de Faraón. Están rehusando recibir las amonestaciones de los juicios celestiales, y siguen avanzando sin comprender que estos eventos deben inducirlos a escudriñar cuidadosamente sus corazones y a humillarse delante de Dios. A menos que se arrepientan, el Señor ciertamente repartirá sus juicios, tal como repartió los juicios que derramó sobre el rey de Egipto. Dios soportó pacientemente la perversidad de los hombres. Les envía reproches definidos y claras instrucciones; pero si no aceptan las advertencias de Dios, si persisten en seguir su propia voluntad, sus impulsos personales, el Señor les enviará sus juicios y no perdonará su persistente determinación de ser como la gente del mundo.MPu 192.4

    Lamento profundamente que los hombres sean tan voluntariamente obstinados, como lo fue Faraón en Egipto y Nabucodonosor en Babilonia; pero eso es lo que sucede. Que todos reciban la advertencia de los mensajes enviados por el cielo, para que cuando cualquier persona exalte su propia manera de hacer las cosas y su juicio personal como supremos, sepa que se pondrá bajo la jurisdicción de Satanás y será ofuscado por él, hasta que su espíritu y sus métodos se conformen a los del archiengañador, poco a poco, hasta que la totalidad de su mente quede sometida a la influencia de su hechizo. La serpiente mantiene sus ojos fijos sobre esa persona para hipnotizarla, hasta que pierde todo poder para escapar de la trampa.—Manuscrito 122, 1905.MPu 193.1

    ¿Qué lección nos está enseñando Dios?—Debemos aprender el significado de la destrucción de dos de nuestras instituciones mayores. No podemos permitirnos mirar con indiferencia estas cosas. ¿Qué lección nos está enseñando Dios? ¿No trata de hacernos ver la necesidad de examinarnos con atención para que veamos si estamos en la fe? ¿No procura acaso inducirnos a pensar más en el tiempo en que vivimos? Las señales de los tiempos que se están produciendo por todas partes nos muestran que el fin de todas las cosas está cerca. Debiéramos manifestar una intensa seriedad. Nuestras energías adormecidas debieran ser despertadas por un esfuerzo perseverante. Obreros consagrados debieran ir al campo y avanzar con inteligencia, preparando el camino para el Rey y obteniendo victorias en nuevos lugares.—Carta 43, 1903.MPu 193.2

    Las experiencias del pasado preparan para el futuro—Se me ha mostrado repetidamente que las experiencias del pasado del pueblo de Dios no deben considerarse como si fueran sin valor. No debemos tratar la historia de estos eventos como trataríamos a un almanaque del año anterior. Hay que recordar los hechos porque la historia se repetirá. Las tinieblas de los misterios de la noche deben iluminarse con la luz celestial...MPu 194.1

    Las supersticiones satánicas asumirán en el futuro nuevas formas. Falsas teorías revestidas con ropaje luminoso se presentarán al pueblo de Dios. De este modo Satanás tratará de engañar, si fuera posible, a los escogidos. Nuestra consigna debe ser: “A la ley y al testimonio. Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido”. Isaías 8:20.—Carta 238, 1903.MPu 194.2

    Advertencia: Battle Creek no debe reconstruirse—Ayer en la mañana nos enteramos de que las instalaciones de la Review and Herald se habían incendiado y habían quedado totalmente destruidas. ¡Cuán lamentable es esto! No sabemos todavía el monto financiero de la pérdida que esto significará para la causa. Oí que no se había salvado nada.MPu 194.3

    Este desastre podría introducir un cambio definido en los asuntos de la casa editora. Espero que nuestros hermanos aprendan la lección que Dios está tratando de enseñarles, y que no reconstruirán la casa editora en Battle Creek. Dios propone que no nos establezcamos en las ciudades, porque en el futuro nos esperan tiempos muy tormentosos.—Carta 2, 1903.MPu 194.4

    La dispersión de Battle Creek esparcirá la luz—Con las calamidades ocurridas en Battle Creek hemos recibido una amonestación de Dios. No pasemos por alto descuidadamente esta amonestación sin tratar de comprender su significado. Habrá algunos que dirán: “Por supuesto, la Review and Herald tiene que ser reedificada en Battle Creek”.MPu 194.5

    ¿Por qué permitió Dios que Jerusalén fuera destruida por fuego la primera vez? ¿Por qué permitió que su pueblo fuera vencido por sus enemigos y llevado cautivo a países paganos? Fue porque habían sido infieles en su tarea de ser misioneros y construyeron murallas de separación entre ellos y la gente que vivía a su alrededor. El Señor los esparció para que el conocimiento de su verdad fuera llevado a todo el mundo. Si hubieran sido leales, fieles y sumisos, Dios los habría llevado nuevamente a su tierra.—Manuscrito 22, 1903.MPu 195.1

    El Señor me dijo que a menos que el pueblo respondiera a las amonestaciones que les había enviado, inevitablemente los esparciría de Battle Creek... El Señor me dijo que debo presentar estas advertencias a su pueblo en otras partes del mundo, quienes no las han escuchado, y aunque han asistido a juntas y concilios en Battle Creek, ignoran que la luz se ha enviado acerca de la necesidad de salir de ese lugar.—Carta 126, 1903.MPu 195.2

    El problema de la centralización quedó resuelto por el fuego—El pastor Daniells y el pastor Prescott han cometido algunos errores en su experiencia religiosa, lo mismo que otros; pero nunca desafiaron al Espíritu Santo ni rehusaron ser corregidos. En un momento se suponía que todo lo relacionado con las publicaciones debía centralizarse bajo la organización en Battle Creek. Este parecer me causó mucha aflicción. Me sentí aplastada como un carro lleno de gavillas. Pero esta dificultad quedó resuelta cuando el Señor permitió que el edificio principal de la Review and Herald fuera destruido por el fuego...MPu 195.3

    Los hermanos Daniells y Prescott llevaron a cabo precisamente el trabajo que Dios les había asignado al trasladar la casa editora de Battle Creek a Wáshington, distrito de Columbia. El Señor los bendijo mucho en cada paso que han dado en conformidad con la luz que él les dio. Su sello de aprobación ha sido puesto sobre su obra, y él los acompañará mientras ellos continúen buscándolo como su Maestro y ejemplo. Pero si se apartan, como lo hizo Salomón, para trabajar contrariamente a las instrucciones de Dios, entonces el Señor no podrá seguir cooperando con ellos.—Manuscrito 58, 1904.MPu 195.4

    No pensemos en la ruina ni en la falta de recursos—El juez hizo una presentación muy desanimadora de la condición financiera de la Review and Herald. Si el caso es realmente como lo presentó tenemos suficiente razón para sentirnos tristes. Pero yo no me entristeceré. Estoy decidida a sentirme gozosa. Dios me mostró algunas cosas antes del incendio de la Review and Herald, de modo que no me dejaré afectar por ahora. No mantengamos los ojos fijos en las ruinas de una casa condenada, porque no obtendremos inspiración de ello.MPu 196.1

    Hermano mío, no quiero que se preocupe por las finanzas, porque el Señor sabe lo que necesitamos.—Carta 134, 1903.MPu 196.2

    Calamidades en San Francisco y Mountain View—Se me ha instruido que diga a los obreros de San Francisco y Oakland, y también a los de Mountain View: Que cada obrero recuerde que se encuentra bajo la más solemne obligación de trabajar de acuerdo con el plan de Dios. Que nuestros hermanos y hermanas que participan en la obra del Señor comprendan que tienen una gran responsabilidad delante de Dios en este tiempo, en vista de las calamidades especiales que han acaecido en San Francisco (terremoto e incendio el 18 de abril de 1906) y la casa editora de Mountain View. Que ellos mediten en esto y obedezcan. Que todos los que trabajan en la obra examinen la posición individual en que se encuentran delante de Dios.MPu 196.3

    Se me ha pedido que diga a los obreros de la Pacific Press en Mountain View: “Que todos se alejen de la impenitencia que acarreó destrucción en San Francisco. Tened cuidado de eliminar de vuestra vida todos los pecados que afectaban a los habitantes de esa ciudad condenada. No procuréis olvidar que los juicios de Dios pronto caerán sobre todos los que son impíos. Entonces nadie tendrá la oportunidad que ahora tenéis, de efectuar una preparación para la vida futura e inmortal.—Manuscrito 85, 1906.MPu 196.4

    La calamidad no siempre es retribución—Cuando sobreviene una calamidad, a menos que el Señor indique claramente que ese desastre es enviado como castigo para los que se han alejado de sus consejos; a menos que él revele que ha sobrevenido como retribución por los pecados de los obreros, que todos refrenen su impulso de criticar. Seamos cuidadosos de no reprochar a nadie.—The Review and Herald, 16 de agosto de 1906.MPu 197.1

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