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Testimonios Selectos Tomo 3

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    Capítulo 8—Deberes para con los hijos

    Me ha sido mostrado que generalmente los padres no se han conducido debidamente para con sus hijos. No los han refrenado como debieran haberlo hecho, sino que les han permitido manifestar orgullo y seguir sus propias inclinaciones. Antiguamente, la autoridad paternal era respetada; los niños estaban entonces sujetos a sus padres, y los temían y reverenciaban; pero en estos últimos días el orden ha sido invertido. Algunos padres están sujetos a sus hijos. Temen contrariar la voluntad de sus hijos, y por lo tanto ceden a lo que éstos exigen. Pero mientras que los hijos están bajo el techo de sus padres, y dependen de ellos, deben estar sujetos a su voluntad. Los padres deben obrar con decisión, requiriendo que sea seguido lo que ellos consideran correcto.3TS 29.1

    Elí podría haber reprendido a sus hijos perversos, pero temía desagradarles. Los dejó proseguir en su rebelión, hasta que llegaron a ser una maldición para Israel. Se exige de los padres que refrenen a sus hijos. La salvación de los hijos depende en gran parte de la conducta seguida por los padres. En su amor y ternura equivocados hacia sus hijos, muchos padres los miman para perjuicio suyo, fomentan su orgullo, y los atavían con adornos que los hacen vanos y los inducen a pensar que el traje es lo que hace a un caballero o a una dama. Pero una corta relación con ellos convence a quienes los tratan de que una hermosa apariencia no es suficiente para ocultar la deformidad del corazón desprovisto de las gracias cristianas, pero lleno de amor propio, altanería, y pasiones sin freno. Los que aman la mansedumbre, la humildad y la virtud, deben huir de tal sociedad, aun cuando sea la de hijos de observadores del sábado. Su compañía es deletérea, su influencia conduce a la muerte. Los padres no se dan cuenta de la influencia destructora que ejerce la semilla que están sembrando. Ella brotará y dará un fruto que hará a los hijos despreciar la autoridad paternal.3TS 29.2

    Aunque sean adultos, se requiere de los hijos que respeten a sus padres, y que atiendan a su comodidad. Deben seguir los consejos de padres piadosos, y no pensar que porque unos años más han sido añadidos a su vida han cesado de verse obligados para con ellos. Hay un mandamiento que tiene una promesa para aquellos que amen a su padre y a su madre. En estos postreros días, los hijos se distinguen tanto por su desobediencia y falta de respeto, que Dios lo ha notado especialmente, y ello constituye una señal de que el fin se acerca. Demuestra que Satanás ejerce un dominio casi completo sobre la mente de los jóvenes. Muchos no respetan ya las canas. Ello es considerado como anticuado; es una costumbre que data de los tiempos de Abrahán. Dijo Dios: “Yo lo he conocido, sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí.”3TS 30.1

    Antiguamente, no se permitía a los hijos que se casaran sin el consentimiento de sus padres. Los padres elegían los cónyuges de sus hijos. Era considerado como un delito el que los hijos contrajesen matrimonio por su propia responsabilidad. Primero se presentaba el asunto ante los padres, y ellos habían de considerar si la persona que iba a ser puesta en íntima relación con ellos era digna, y si las partes contrayentes podían sostener una familia. Era considerado de la mayor importancia el que ellos, como adoradores del verdadero Dios, no se uniesen en matrimonio con gente idólatra, a fin de que sus familias no fuesen apartadas de Dios. Aun después de que los hijos se habían casado, se hallaban bajo la más solemne obligación para con sus padres. Su juicio no era considerado aun entonces como suficiente sin el consejo de los padres, y se requería de ellos que respetasen y acatasen sus deseos, a menos que éstos se opusieran a los requisitos de Dios.3TS 30.2

    También me fué llamada la atención a la condición de los jóvenes en estos últimos días. No se ejerce dominio sobre los niños. Padres, debéis principiar vuestra primera lección de disciplina cuando vuestros hijos son aún niños mamantes en vuestros brazos. Enseñadles a conformar su voluntad a la vuestra. Esto puede hacerse con serenidad y firmeza. Los padres deben ejercer un dominio perfecto sobre su propio genio, y con mansedumbre, aunque con firmeza, doblegar la voluntad del niño hasta que no espere otra cosa sino el deber de ceder a sus deseos.3TS 30.3

    Los padres no empiezan a tiempo. La primera manifestación de mal genio del niño no se subyuga, y el niño crece terco, lo cual aumenta con el crecimiento y se fortalece a medida que ellos mismos adquieren fuerza. Algunos niños piensan que por ser ya mayorcitos es la cosa más natural que se les deje hacer su propia voluntad y que sus padres deben someterse a sus deseos. Ellos esperan que sus padres los sirvan. Las restricciones los impacientan, y cuando ya tienen bastante edad para ayudar a sus padres, no llevan las cargas que debieran llevar. Se les ha eximido de las responsabilidades, y se vuelven inútiles para el hogar y para cualquier ambiente. No tienen poder de resistencia. Los padres han llevado las cargas, y los han dejado crecer ociosos, sin hábitos de orden, laboriosidad ni economía. No se les ha habituado a la abnegación, sino que se los ha mimado y echado a perder. Sus apetitos han sido fomentados; y llegan a la edad adulta con salud debilitada. Sus modales y comportamiento no son agradables. Son desdichados ellos mismos, y hacen desdichados a cuantos los rodean. Y mientras los hijos son aún niños, mientras necesitan ser disciplinados, se les deja salir en grupos y buscar la sociedad de los jóvenes, y unos ejercen una influencia corruptora sobre otros.3TS 31.1

    La maldición de Dios descansará seguramente sobre los padres infieles. No sólo están ellos plantando espinas que los habrán de herir aquí, sino que deberán arrostrar su propia responsabilidad cuando se abra el juicio. Muchos hijos se levantarán en el juicio y condenarán a sus padres por no haberlos reprendido, y los harán responsables de su destrucción. La falsa simpatía y el amor ciego de los padres les hace excusar las faltas de sus hijos y dejarlas sin corrección, y como consecuencia sus hijos se pierden, y la sangre de sus almas recaerá sobre los padres infieles.3TS 31.2

    Los niños que son así criados sin disciplina, tienen que aprenderlo todo cuando profesan seguir a Cristo. Toda su experiencia religiosa queda afectada por la crianza que han recibido en su niñez. Muchas veces aparece el mismo carácter voluntarioso, la misma falta de abnegación, la misma impaciencia bajo los reproches, el mismo amor propio y mala voluntad para recibir consejos ajenos, o para sentir la influencia de los juicios ajenos, la misma indolencia, el mismo espíritu de rehuír las cargas y de negarse a llevar responsabilidades. Todo esto se ve en su relación con la iglesia. Para los tales es posible vencer; pero ¡cuán dura es la lucha que les aguarda y cuán severo el conflicto! ¡Cuán duro es pasar por el curso de disciplina cabal necesario para que alcancen la elevación del carácter cristiano! Sin embargo, si llegan a vencer al fin, les será permitido ver, antes de ser trasladados, cuán cerca llegaron al precipicio de la destrucción eterna, por haberles faltado la debida preparación en la juventud, por no haber aprendido a someterse en la niñez.3TS 32.1

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