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Testimonios Selectos Tomo 3

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    Capítulo 16—Peligros de la juventud

    El 6 de junio de 1863 me fueron mostrados algunos de los peligros que corre la juventud. Satanás está dominando las mentes de los jóvenes y extraviando sus pies inexpertos. Ellos ignoran sus designios, y en estos tiempos peligrosos los padres deben despertar y trabajar con perseverancia y laboriosidad para rechazar el primer ataque del enemigo. Deben instruir a sus hijos, cuando salen, cuando entran, cuando se levantan y cuando se sientan, dándoles renglón tras renglón, precepto tras precepto, un poco aquí y un poco allá.3TS 61.1

    El trabajo de la madre empieza con el niño mamante. Ella debe subyugar la voluntad y el genio de su hijo, ponerlo en sujeción, enseñarle a obedecer. Y a medida que el niño crezca, no relaje la mano. Cada madre debe tomarse tiempo para razonar con sus hijos, para corregir sus errores y enseñarles pacientemente el buen camino. Los padres cristianos deben saber que están instruyendo y preparando a sus hijos para ser hijos de Dios. Toda la experiencia religiosa de los niños queda afectada por las instrucciones dadas, y el carácter se forma en la niñez. Si la voluntad no se subyuga entonces, ni se la hace someter a la voluntad de los padres, será tarea muy difícil el aprender la lección en los años ulteriores. ¡Qué lucha intensa, qué conflicto costará para someter a los requisitos de Dios esa voluntad que nunca fué subyugada! Los padres que descuidan esa obra importante, cometen un grave error, pecan contra sus pobres hijos y contra Dios.3TS 61.2

    Sucederá a veces que los niños que se hallan bajo una disciplina estricta se sentirán descontentos. Se volverán impacientes bajo las restricciones, y querrán hacer su voluntad, e ir y venir como les plazca. Especialmente entre los diez y dieciocho años, creerán a menudo que no habría ningún perjuicio en participar en salidas campestres y otras reuniones de compañías jóvenes; pero sus padres experimentados pueden ver el peligro. Ellos conocen los temperamentos peculiares de sus hijos, conocen la influencia que sobre su mente ejercen esas cosas, y porque desean salvarlos, les evitan estas diversiones excitantes. Cuando estos niños deciden por su cuenta abandonar los placeres del mundo, y hacerse discípulos de Cristo, ¡qué carga desaparece de los corazones de los padres cuidadosos y fieles! Y sin embargo, aun entonces no debe cesar la labor de los padres. No se debe dejar a los niños que elijan su propio curso de acción, ni tampoco que hagan siempre sus propias decisiones. Han empezado tan sólo a luchar en serio contra el pecado, el orgullo, las pasiones, la envidia, los celos, el odio y todos los males del corazón natural. Los padres necesitan velar y aconsejar a sus hijos, decidir por ellos y mostrarles que si no prestan una obediencia alegre y voluntaria a sus padres, no pueden obedecer voluntariamente a Dios, y les es imposible ser cristianos.3TS 61.3

    Los padres deben animar a sus hijos a confiar en ellos, a presentarles las penas de su corazón, sus pequeñas molestias y pruebas diarias. Así podrán los padres aprender a simpatizar con sus hijos y podrán orar con ellos y por ellos, para que Dios los escude y los guíe. Deben revelarles a su Amigo y Consejero infaltable, que se compadecerá de sus flaquezas, porque fué tentado en todo como nosotros, aunque sin pecar.3TS 62.1

    Satanás tienta a los niños a ser reservados con sus padres, y a elegir sus confidentes entre sus compañeros jóvenes e inexpertos; entre aquellos que no les pueden ayudar, sino que les darán malos consejos. Los niños y las niñas se reunen, y conversan, ríen y bromean, y ahuyentan a Cristo de sus corazones y a los ángeles de su presencia por sus insensateces. La conversación ociosa, relativa a los actos ajenos, las habladurías acerca de ese joven o de aquella niña, agostan los pensamientos y sentimientos nobles, arrancan del corazón los deseos buenos y santos, dejándolo frío y destituído del verdadero amor hacia Dios y su verdad.3TS 62.2

    Los niños quedarían en salvo de muchos males si fuesen más familiares con sus padres. Estos deben estimular en sus hijos una disposición a manifestarse confiados y francos con ellos, a acudir a ellos con sus dificultades, presentarles el asunto tal cual lo ven y pedirles consejo cuando se hallan perplejos acerca de qué conducta es la buena. ¿Quiénes pueden ver y señalarles los peligros mejor que sus padres piadosos? ¿Quién puede comprender tan bien como ellos el temperamento peculiar de sus hijos? La madre que ha vigilado todo el desarrollo de la mente desde la infancia, y conoce su disposición natural, es la que está mejor preparada para aconsejar a sus hijos. ¿Quién puede decir como la madre, ayudada por el padre, cuáles son los rasgos de carácter que deben ser refrenados y mantenidos en jaque?3TS 62.3

    Los hijos que son cristianos preferirán el amor y la aprobación de sus padres temerosos de Dios a toda bendición terrenal. Amarán y honrarán a sus padres. El hacer a sus padres felices debe ser uno de los principales estudios de su vida. En esta era de rebelión, los hijos no han recibido la debida instrucción y disciplina, y tienen poca conciencia de sus obligaciones hacia sus padres. Sucede a menudo que cuanto más hacen sus padres por ellos, tanto más ingratos son, y menos los respetan. Los niños que han sido mimados y rodeados de cuidados, esperan siempre un trato tal; y si su expectativa no se cumple, quedan chasqueados y desalentados. Esa misma disposición se verá en toda su vida. Serán impotentes, dependerán de la ayuda ajena, esperando que los demás los favorezcan y cedan a sus deseos. Y si encuentran oposición, aun en la edad adulta, se creen maltratados; y así recorren su senda por el mundo llenos de congojas, apenas capaces de llevar su propio peso, murmurando e irritándose a menudo porque no todo les sale a pedir de boca.3TS 63.1

    Los padres que siguen una conducta errónea, enseñan a sus hijos lecciones que les resultarán ruinosas, y también siembran espinas para sus propios pies. Piensan que satisfaciendo los deseos de sus hijos y dejándoles seguir sus inclinaciones, obtendrán su amor. ¡Qué error! Los niños así consentidos, se crían sin ver restringidos sus deseos, sin saber dominar sus disposiciones y llegan a ser egoístas, exigentes e intolerantes, una maldición para ellos mismos y cuantos los rodean. En gran medida los padres tienen en sus propias manos la felicidad futura de sus hijos. A ellos les incumbe la obra importante de formar el carácter de estos hijos. Las instrucciones dadas en la niñez, les seguirán durante toda la vida. Los padres siembran la semilla, que brotará y dará fruto para bien o mal. Pueden hacer a sus hijos idóneos para la felicidad o para la desgracia.3TS 63.2

    Desde muy temprano se debe enseñar a los niños a ser útiles, a ayudarse a sí mismos y a ayudar a otros. En nuestra época, muchas hijas pueden, sin remordimiento de conciencia, ver a sus madres trabajar, cocinar, lavar o planchar, mientras ellas permanecen sentadas en la sala leyendo novelas o haciendo crochet, o bordados. Sus corazones son tan insensibles como una piedra. Pero, ¿dónde está el origen de este mal? ¿Quiénes son los que generalmente llevan la mayor parte de la culpa en este asunto? Los pobres y engañados padres. Ellos pasan por alto el bien futuro de sus hijos, y en su ternura equivocada los dejan en la ociosidad, o les permiten hacer lo que tiene poca utilidad, o que no requiere ejercicio de la mente o de los músculos, y luego disculpan a sus hijas indolentes porque son débiles. Pero, ¿qué es lo que las ha hecho débiles? En muchos casos ha sido la conducta errónea de los padres. Una cantidad apropiada de ejercicio en la casa mejoraría tanto su mente como su cuerpo. Pero, debido a ideas falsas, los niños quedan privados de dicho ejercicio, hasta que llegan a tener aversión al trabajo; éste les desagrada, y no concuerda con sus ideas de la fineza. Creen que no es digno de una dama y hasta grosero, lavar los platos, planchar o inclinarse sobre la pileta de lavar ropa. Tal es la instrucción que es de moda dar a los hijos en esta era desdichada.3TS 64.1

    Los hijos de Dios deben ser gobernados por principios superiores a los de los mundanos, que tratan de medir todo su curso de acción por la moda. Los padres que temen a Dios deben educar a sus hijos para una vida de utilidad. No deben permitir que sus principios de gobierno estén mancillados por las nociones extravagantes que prevalecen en esta época, ni tampoco deben conformarse a las modas, ni ser gobernados por las opiniones de los mundanos. No deben permitir a sus hijos que elijan sus compañeros. Enseñadles que es vuestro deber elegirlos por ellos. Preparadlos para llevar cargas mientras son jóvenes. Si vuestros hijos no se han acostumbrado al trabajo, pronto se cansarán. Se quejarán de dolores en los costados, en los hombros, y de que tienen los miembros cansados; y vuestra simpatía os hará correr el riesgo de hacer el trabajo vosotros mismos más bien que verlos sufrir un poco. Sea la carga impuesta a los niños muy ligera al principio, y luego vaya aumentando un poco cada día, hasta que puedan hacer la debida cantidad de trabajo sin cansarse. La inactividad en los niños, es la causa principal de los dolores en los costados y los hombros.3TS 64.2

    Me ha sido mostrado que mucho pecado ha resultado de la ociosidad. Las manos y las mentes activas no hallan tiempo para prestar oído a toda tentación que el enemigo sugiere; pero las manos y los cerebros ociosos están completamente preparados para ser dominados por Satanás. Cuando la mente no está debidamente ocupada, se espacia en cosas impropias. Los padres deben enseñar a sus hijos que la ociosidad es pecado. Se me mencionó lo que dice en Ezequiel 16:49: “He aquí que ésta fué la iniquidad de tu hermana Sodoma: La soberbia, la hartura de pan y el reposo próspero, que tenía ella y sus hijas; y no apoyaba la mano del pobre y del menesteroso.”3TS 65.1

    Los hijos deben sentir que tienen una deuda para con sus padres que los han vigilado durante su infancia, y cuidado en tiempos de enfermedad. Deben darse cuenta de que sus padres han sufrido mucha ansiedad por ellos. Los padres piadosos y concienzudos han sentido especialmente el más profundo interés en que sus hijos eligiesen el buen camino. ¡Cuán tristes se han sentido sus corazones al ver defectos en sus hijos! Si los hijos, que han causado tanto dolor a esos corazones, pudiesen ver el efecto de su conducta, ciertamente se arrepentirían de ella. Si pudiesen ver las lágrimas de su madre, y oír sus oraciones a Dios en su favor, si pudiesen escuchar sus reprimidos y entrecortados suspiros, sus corazones se conmoverían, y prestamente confesarían sus pecados y pedirían perdón. Tanto los de más edad como los jóvenes, tienen una obra que hacer. Los padres deben prepararse mejor para desempeñar su deber para con sus hijos. Algunos padres no comprenden a sus hijos, ni los conocen verdaderamente. A menudo hay una gran distancia entre padres e hijos. Si los padres quisieran compenetrarse plenamente de los sentimientos de sus hijos, y desentrañar lo que hay en sus corazones, ello tendría una influencia benéfica sobre ellos mismos.3TS 65.2

    Los padres deben obrar fielmente con las almas que les han sido confiadas. No deben estimular en sus hijos el orgullo, el despilfarro y el amor a la ostentación. No deben enseñarles ni permitir que aprendan pequeñas gracias que parecen vivezas en los niños, pero que después tienen que desaprender, y de las que han de ser corregidas cuando son mayores. Los hábitos que primero se adquieren no se olvidan fácilmente. Padres, debéis comenzar a disciplinar las mentes de vuestros hijos mientras son muy tiernos, a fin de que sean cristianos. Tiendan todos vuestros esfuerzos a su salvación. Obrad como que han sido confiados a vuestro cuidado para ser hallados como preciosas joyas que han de resplandecer en el reino de Dios. Cuidad de no estar arrullándolos sobre el abismo de la destrucción, con la errónea idea de que no tienen bastante edad para ser responsables, ni para arrepentirse de sus pecados y profesar a Cristo.3TS 66.1

    Se me hizo referencia a las muchas promesas preciosas registradas para aquellos que buscan temprano a su Salvador. Eclesiastés 12:1: “Acuérdate de tu Criador en los días de tu juventud, antes que vengan los malos días, y lleguen los años, de los cuales digas, No tengo en ellos contentamiento.” Proverbios 8:17: “Yo amo a los que me aman; y me hallan los que madrugando me buscan.” El gran Pastor de Israel dice todavía: “Dejad a los niños, y no les impidáis de venir a mí; porque de los tales es el reino de los cielos.” Enseñad a vuestros hijos que la juventud es el mejor tiempo para buscar al Señor. Entonces las cargas de la vida no pesan sobre ellos, y sus jóvenes mentes no están agobiadas por los cuidados, y mientras están así libres, deben dedicar lo mejor de su fuerza a Dios.3TS 66.2

    Estamos viviendo en una época desdichada para los niños. Se siente una fuerte corriente que se dirige hacia abajo, hacia la perdición, y se necesita algo más que una experiencia y fuerza de niño para remontar esa corriente y no ser arrastrado por ella. Los jóvenes en general parecen cautivos de Satanás, y éste y sus ángeles los llevan a una destrucción certera. Satanás y sus huestes están haciendo guerra contra el gobierno de Dios, y a todos los que tienen deseo de entregarles su corazón y de obedecer sus requisitos, Satanás tratará de hacerles sufrir perplejidad y de vencerlos por sus tentaciones, a fin de que se desalienten y renuncien a la lucha.3TS 67.1

    Padres, ayudad a vuestros hijos. Despertad del letargo que ha pesado sobre vosotros. Velad continuamente para detener la corriente y rechazar el peso del mal que Satanás está echando sobre vuestros hijos. Los niños no pueden hacer esto de por sí, pero los padres pueden hacer mucho. Mediante la oración ferviente y la fe viva, ganarán grandes victorias. Algunos padres no se han dado cuenta de las responsabilidades que pesan sobre ellos, y han descuidado la educación religiosa de sus hijos. Por la mañana, los primeros pensamientos del cristiano deben fijarse en Dios. Los trabajos mundanales y el interés propio deben ser secundarios. Debe enseñarse a los niños a respetar y reverenciar la hora de oración. Antes de salir de la casa para ir a trabajar, toda la familia debe ser convocada, y el padre, o la madre en ausencia del padre, debe rogar con fervor a Dios que los guarde durante el día. Venid con humildad, con un corazón lleno de ternura, y con el sentimiento de las tentaciones y peligros que hay delante de vosotros y de vuestros hijos, y por la fe ligadlos sobre el altar, solicitando por ellos el cuidado del Señor. Los ángeles ministradores guardarán los niños así dedicados a Dios. Es el deber de los padres creyentes levantar así, mañana y tarde, por ferviente oración y fe perseverante, una valla en derredor de sus hijos. Deben instruirlos con paciencia, enseñándoles bondadosa e incansablemente a vivir de tal manera que agraden a Dios.3TS 67.2

    La impaciencia en los padres incita la impaciencia en los hijos. La ira manifestada por los padres, crea ira en los hijos, y despierta lo malo de su naturaleza. Algunos padres corrigen a sus hijos severamente en un espíritu de impaciencia, y muchas veces con ira. Las correcciones tales no producen ningún buen resultado. Al tratar de corregir un mal, crean dos. La censura continua, y el castigo corporal, endurecen a los niños y los separan de sus padres. Estos deben aprender primero a dominarse a sí mismos; y entonces podrán dominar con más éxito a sus hijos. Cada vez que pierden el dominio propio, y hablan y obran con impaciencia, pecan contra Dios. Deben primero razonar con sus hijos, señalarles claramente sus equivocaciones, mostrarles su pecado, y hacerles comprender que no sólo han pecado contra sus padres, sino contra Dios. Teniendo vuestro propio corazón subyugado y lleno de compasión y pesar por vuestros hijos errantes, orad con ellos antes de corregirlos. Entonces vuestra corrección no hará que vuestros hijos os odien. Ellos os amarán. Verán que no los castigáis porque os han causado inconvenientes, ni porque queréis desahogar vuestro desagrado sobre ellos, sino por un sentimiento de deber para su bien, a fin de que no se desarrollen en el pecado.3TS 68.1

    Algunos padres han dejado de dar a sus hijos una educación religiosa, y también han descuidado su educación escolar. Ni la una ni la otra debieran haber sido descuidadas. Las mentes infantiles son activas, y si ellos no se dedican al trabajo físico o se ocupan en el estudio, quedarán expuestos a las malas influencias. De parte de los padres es un pecado dejar a sus hijos crecer en la ignorancia. Deben proporcionarles libros útiles e interesantes, deben enseñarles a trabajar, a tener sus horas de trabajo físico y sus horas de estudio y lectura. Los padres deben tratar de elevar las mentes de sus hijos, y de cultivar sus facultades mentales. La mente, abandonada a sí misma, sin cultivo, es generalmente baja, sensual y corrupta. Satanás aprovecha su oportunidad, y educa a las mentes ociosas.3TS 69.1

    Padres, el ángel registrador escribe toda palabra impaciente e irritada que decís a vuestros hijos. Cada vez que dejáis de darles las instrucciones debidas y de mostrarles el carácter excesivamente grave del pecado, y el resultado final de una conducta pecaminosa, ello queda registrado frente a vuestro nombre. Cada palabra que decís descuidadamente delante de ellos, aunque sea en broma, cada palabra que no es casta y elevada, queda anotada por el ángel como una mancha sobre vuestro carácter cristiano. Todos vuestros actos quedan registrados, sean buenos o malos.3TS 69.2

    Los padres no pueden tener éxito en el gobierno de sus hijos, antes de haber adquirido perfecto dominio sobre sí mismos. Deben primero aprender a subyugarse, a dominar sus palabras, y la misma expresión de su rostro. No deben permitir que se perturbe el tono de su voz, o se agite con excitación e ira. Entonces podrán tener una influencia decisiva sobre sus hijos. Los hijos pueden desear hacer lo recto, pueden proponerse en su corazón ser obedientes y bondadosos para con sus padres o tutores; pero necesitan ayuda y estímulo de parte de ellos. Pueden hacer buenas resoluciones, pero a menos que sus principios sean fortalecidos por la religión, y en sus vidas reine la influencia de la gracia renovadora de Cristo, no alcanzarán su objeto.3TS 69.3

    Los padres deben duplicar sus esfuerzos para la salvación de sus hijos. Deben instruirlos con fidelidad, no dejando que ellos mismos consigan su educación lo mejor que puedan. No se debe permitir que los jóvenes aprendan lo bueno y lo malo indistintamente, con la idea de que en algún tiempo futuro lo bueno prevalecerá y lo malo perderá su influencia. Lo malo se desarrolla más rápidamente que lo bueno. Es posible que lo malo que hayan aprendido, sea erradicado después de muchos años; pero ¿quién quiere correr este riesgo? El tiempo es corto. Es más fácil y mucho más seguro sembrar semilla limpia y buena en el corazón de vuestros hijos, que arrancar las malas hierbas después. Es el deber de los padres velar para que las influencias que rodean a sus hijos no tengan un efecto perjudicial sobre ellos. Es su deber elegirles sus compañías, y no dejarles que ellos mismos las elijan. ¿Quién cumplirá con este deber si los padres no lo hacen? ¿Pueden los demás tener en vuestros hijos el interés que debierais tener vosotros? ¿Pueden ejercer ese cuidado constante y amor profundo que los padres tienen?3TS 70.1

    Puede suceder que los niños que observan el sábado se vuelvan impacientes por las restricciones, y piensen que sus padres son demasiado estrictos; y hasta puede suceder que se susciten en sus corazones sentimientos duros, y lleguen a alimentar pensamientos de descontento y pesar contra aquellos que obran para su bien presente, futuro y eterno. Pero si llegan a vivir algunos años más, bendecirán a sus padres por el cuidado estricto y la vigilancia fiel que ejercieron sobre ellos en sus años de inexperiencia. Los padres deben explicar y simplificar ante sus hijos el plan de salvación, a fin de que sus mentes juveniles puedan comprenderlo. Los niños de ocho, diez y doce años, tienen ya bastante edad para que se les hable de la religión personal. No enseñéis a vuestros hijos con referencia a algún período futuro en el que tendrán bastante edad para arrepentirse y creer en la verdad. Si son debidamente instruidos, los niños aún muy jóvenes pueden tener opiniones correctas en cuanto a su estado de pecado, y el camino de salvación por Cristo. Los predicadores son generalmente demasiado indiferentes para con la salvación de los niños, y su obra no es tan personal como debiera ser. Muchas veces se dejan sin aprovechar áureas oportunidades de impresionar las mentes de los niños.3TS 70.2

    La mala influencia que rodea a nuestros niños es casi abrumadora; está corrompiendo sus mentes y arrastrándolos a la perdición. Las mentes juveniles son por naturaleza dadas a la liviandad; y en edad temprana, antes que su carácter esté formado y su juicio maduro, manifiestan a menudo una preferencia por compañías que ejercen sobre ellos una influencia perjudicial. Algunos adquieren afición al sexo opuesto, contra los deseos y ruegos de sus padres, y violan, deshonrándolos así, el quinto mandamiento. Es deber de los padres vigilar las salidas y las entradas de sus hijos. Deben estimularlos y presentarles incentivos que los atraigan al hogar y les hagan ver que sus padres se interesan en ellos. Deben hacer alegre y placentero el hogar.3TS 71.1

    Padres y madres, hablad bondadosamente a vuestros hijos, recordad cuán sensibles sois vosotros mismos, cuán poca censura podéis soportar; reflexionad, y reconoced que vuestros hijos son como vosotros. No les impongáis lo que vosotros mismos no podéis soportar. Si no podéis vosotros soportar la censura y la inculpación, tampoco lo pueden vuestros hijos, que son más débiles que vosotros, y no pueden soportar tanto. Sean vuestras palabras agradables y alegres como rayos de sol en la familia. Los frutos del dominio propio, de la atención y esmero de vuestra parte se centuplicarán. Los padres no tienen derecho a echar una nube lóbrega sobre la felicidad de sus hijos por su censura o severas críticas por errores triviales. Lo que es verdaderamente malo y pecado, debe ser presentado en el verdadero carácter pecaminoso que tiene, debe seguirse un curso de acción firme y decidido para evitar su repetición. Debe hacerse sentir a los niños el mal que han hecho, pero no debe dejárseles en un estado mental desesperado, sino con cierto grado de valor a fin de que ellos puedan mejorar y ganar vuestra confianza y aprobación.3TS 71.2

    Algunos padres cometen el error de conceder a sus hijos demasiada libertad. Tienen a veces tanta confianza en ellos que no ven sus defectos. Es malo permitir a los niños realizar visitas distantes con cierto gasto, sin estar acompañados de sus padres o tutores. Ello tiene una mala influencia sobre los niños. Llegan a pensar que son muy importantes, y que les pertenecen ciertos privilegios, y si éstos no les son concedidos, se creen maltratados. Hacen alusión a otros niños que van y vienen y tienen muchos privilegios, mientras que ellos tienen tan pocos.3TS 72.1

    Y la madre, temiendo que sus hijos la crean injusta, satisface sus deseos, lo cual, al fin, resulta en gran perjuicio para ellos. Los jóvenes visitantes, que no se hallan bajo el ojo vigilante de alguno de sus padres, para ver y corregir sus faltas, reciben a menudo impresiones cuya supresión requiere meses. Se me refirieron casos de padres que tenían hijos buenos y obedientes y que, teniendo la mayor confianza en ciertas familias, dejaron a sus hijos alejarse por un tiempo de su lado para visitar a estos amigos. Desde entonces se notó un cambio completo en la conducta y el carácter de estos hijos. Antes, vivían contentos y felices en el hogar, y no tenían muchos deseos de hallarse en compañía de otras personas jóvenes. Cuando volvieron a sus padres, la restricción les pareció injusta, y el hogar una cárcel. Decisiones tan imprudentes de parte de los padres deciden el carácter de sus hijos.3TS 72.2

    Al hacer visitas tales, algunos niños traban relaciones que al fin resultan en su ruina. Padres, conservad a vuestros hijos a vuestro lado si podéis, y vigiladlos con la más tierna solicitud. Cuando los dejáis ir de visita a cierta distancia, se sienten con bastante edad para cuidarse y hacer sus propias decisiones. Cuando se deja a los jóvenes así abandonados a sí mismos, su conversación versa a menudo sobre temas que no los refinan ni elevan, ni tampoco aumentan su amor por lo que atañe a la religión. Cuanto mayor sea el número de visitas que se les permita hacer, tanto mayor será el deseo de realizarlas y menos atrayente les parecerá el hogar.3TS 72.3

    Hijos, Dios ha visto propio confiaros al cuidado de vuestros padres, para que ellos os instruyan y disciplinen, y así desempeñen su parte en formar vuestro carácter para el cielo. Y sin embargo, os incumbe a vosotros decir si queréis adquirir un buen carácter cristiano aprovechando las ventajas que significa para vosotros el haber tenido padres piadosos fieles y vigilantes en la oración. A pesar de toda la ansiedad y la fidelidad de los padres en favor de sus hijos, ellos solos no pueden salvarlos. Los hijos tienen también una obra que hacer. Cada hijo tiene que atender a su caso individual. Padres creyentes, os incumbe una obra de responsabilidad para guiar los pasos de vuestros hijos aun en su experiencia religiosa. Cuando amen verdaderamente a Dios os bendecirán y reverenciarán por el cuidado que habéis manifestado para con ellos, y por vuestra fidelidad en restringir sus deseos y en subyugar sus voluntades.3TS 73.1

    La tendencia que prevalece en el mundo, es la de dejar a los jóvenes seguir la inclinación natural de sus propias mentes. Y los padres dicen que si los jóvenes son muy desenfrenados en su adolescencia se corregirán más tarde, y que cuando tengan dieciséis o dieciocho años razonarán por su cuenta, abandonarán sus malos hábitos, y llegarán por fin a ser hombres y mujeres útiles. ¡Qué error! Durante años permiten al enemigo que siembre en el jardín del corazón; permiten que se desarrollen en él malos principios, y en muchos casos todo el trabajo que se haga para cultivar ese terreno, no servirá de nada. Satanás es un obrero astuto y perseverante, un enemigo mortífero. Cuando quiera que se pronuncie una palabra descuidada para perjuicio de la juventud, sea en adulación, o para hacerle considerar un pecado con menos aborrecimiento, Satanás aprovecha de ello y alimenta la mala semilla, a fin de que pueda arraigar y producir abundante cosecha. Algunos padres han dejado a sus hijos adquirir malas costumbres, cuyos rasgos podrán verse a través de toda la vida. Los padres son responsables de este pecado. Esos hijos pueden profesar ser cristianos, pero sin una obra especial de la gracia en el corazón, y una reforma cabal en la vida, sus malas costumbres pasadas, se verán en toda su experiencia y manifestarán precisamente el carácter que sus padres les permitieron adquirir.3TS 73.2

    La norma de la piedad es tan baja entre los que profesan ser cristianos, en general, que los que desean seguir a Cristo con sinceridad, lo hallan más difícil y trabajoso de lo que de otro modo sería. La influencia de los que profesan ser cristianos pero que manifiestan un espíritu mundanal, perjudica a los jóvenes. Los más de los que profesan ser cristianos han suprimido la línea de demarcación entre los cristianos y el mundo; y aunque profesan vivir por Cristo, están viviendo para el mundo. Su fe ejerce poca influencia refrenadora sobre sus placeres; mientras que profesan ser hijos de la luz andan en tinieblas y son hijos de la noche y de las tinieblas. Los que andan en tinieblas no pueden amar a Dios ni desear sinceramente glorificarle. No son iluminados para discernir la excelencia de las cosas celestiales, y por lo tanto no pueden amarlas de veras. Profesan ser cristianos porque ello es considerado honorable, y no tienen que llevar cruz alguna. Sus motivos son a menudo egoístas. Las tales personas, que profesan ser cristianas, pueden entrar en un salón de bailes y participar de todas las diversiones que proporciona. Otras no pueden ir tan lejos, pero asisten a partidas de placer, salidas campestres, exposiciones y otras diversiones. Y el ojo más avizor no lograría discernir en los tales cristianos profesos una sola señal de cristianismo. Uno no podría ver en su aspecto diferencia alguna entre ellos y el incrédulo. El cristiano profeso, el disoluto, el que se burla abiertamente de la religión, y el que es francamente profano, todos se mezclan como un solo cuerpo, y Dios los considera uno en espíritu y práctica.3TS 74.1

    Una profesión del cristianismo, sin la fe y las obras correspondientes, no servirá de nada. Nadie puede servir a dos señores. Los hijos del maligno son los siervos de su señor, al cual se entregaron para obedecerle; son sus siervos, y no pueden ser siervos de Dios a menos que renuncien a todas sus obras. No puede ser inofensivo para los siervos del Rey celestial el participar de los placeres y diversiones en que participan los siervos de Satanás, aun cuando repitan a menudo que las tales diversiones son inocentes. Dios ha revelado verdades sagradas y santas que han de separar a sus hijos de los impíos y purificarlos para sí. Los adventistas del séptimo día deben vivir conforme a su fe. Los que obedecen los diez mandamientos, consideran el estado del mundo y las cosas religiosas desde un punto de vista completamente diferente del que tienen los que profesan ser cristianos, pero que son amantes de los placeres, rehuyen la cruz y viven violando el cuarto mandamiento. En el actual estado de cosas de la sociedad, no es tarea fácil para los padres refrenar a sus hijos e instruirlos de acuerdo con la norma de lo recto que establece la Biblia. Los que profesan tener religión se han apartado de la Palabra de Dios a tal punto que cuando los hijos de Dios vuelven a su Palabra sagrada, y quieren educar a sus hijos según sus preceptos, y como antiguamente lo hizo Abrahán, mandar a su familia después de sí, los pobres niños que sienten tal influencia en derredor de sí, piensan que sus padres son innecesariamente exigentes y demasiado estrictos para con ellos con respecto a sus compañías. Desean naturalmente seguir el ejemplo de aquellos que profesan ser cristianos, y, sin embargo, aman los placeres y el mundo.3TS 75.1

    En estos tiempos, no se conocen casi las persecuciones y el oprobio por amor de Cristo. Muy poca abnegación y sacrificio son necesarios para asumir una forma de piedad y hacer inscribir el nombre de uno en los registros de la iglesia; pero el vivir de tal manera que nuestros caminos agraden a Dios y nuestros nombres estén registrados en el libro de la vida, requerirá vigilancia y oración, abnegación y sacrificio de nuestra parte. Los que profesan ser cristianos no son ejemplo para la juventud, sino tan sólo en la medida en que sigan a Cristo. Las buenas acciones son inequívocos frutos de la verdadera piedad. El Juez de toda la tierra dará a cada uno conforme a sus obras. Los niños que siguen a Cristo tienen una lucha delante de sí; tienen que llevar diariamente una cruz para salir del mundo y mantenerse separados, imitando la vida de Cristo.3TS 76.1

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