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Testimonios Acerca de Conducta Sexual, Adulterio y Divorcio

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    Capítulo 33—Esteban Belden

    [Declaración de W. C. White: “La hermana White no simpatizaba con los que afirmaban que una persona que se había separado del cónyuge por razones diferentes de las que establecen las Escrituras y vuelto a casar, tenía que disolver su segundo matrimonio para ser aceptado o retenido en la Iglesia Adventista del Séptimo Día.TCS 249.1

    “La hermana White reconocía plenamente que esas personas, en la mayoría de los casos, habían pecado. Algunos habían pecado gravemente, y por lo tanto no debían ser aceptados en la confraternidad de nuestras iglesias a menos que se hubieren arrepentido de sus pecados. La hermana White no aceptaba la condición de que ese arrepentimiento sólo podía ser genuino si rompían la nueva unión y hacían un esfuerzo extremo por volver con el compañero anterior. Ella reconocía que, en muchos casos, volver a unir las partes que anteriormente se habían casado y luego separado, podría ser imposible o sumamente infructuoso. Reconocía, además, que los votos contraídos en un segundo matrimonio demandaban una mayor medida de misericordia y benevolencia hacia las partes contrayentes.TCS 249.2

    “Algunas veces se refirió a la enseñanza de Pablo, quien habiendo alcanzado cierto nivel en su experiencia, dijo: ‘Y yo os lo quisiera evitar’. El sabía que había situaciones, bajo las cuales la gente vivía, que eran resultado de relaciones pecaminosas. También sabía que Cristo aceptaría su arrepentimiento y que, en muchos casos, las cosas empeorarían si las relaciones existentes fueran deshechas para preparar el camino para la unión de las partes que fueron antes incompatibles. La hermana White solía decir: ‘Yo quisiera evitárselos’.TCS 249.3

    “La hermana que seguía en edad a Elena de White, Sara Harmon, contrajo matrimonio con Esteban Belden, y llegó a ser madre de cinco niños. Después de la muerte de su esposa, y por consideración a sus hijos, él se casó con una mujer que había sido por muchos años una fiel servidora de la familia. Poco tiempo después, el sarampión se manifestó en la vecindad y ella, como otras personas, se contagió de una forma muy grave de la enfermedad. Esta afectó su cerebro, perdió la razón y fue a parar a un asilo. Por un tiempo el hermano Belden sostuvo una gran lucha cuidando a sus cinco hijos. Luego, y por causa de los hijos, se casó con una mujer muy buena y eficiente. Lo ayudó a arreglar la casa, cuidó de los niños y lo acompañó hasta su muerte en la isla de Norfolk. En varias ocasiones, algunas personas que vivían cerca de Belden, se propusieron lograr su exclusión de la iglesia debido a que se había casado sin haberse separado de la esposa anterior por razones de adulterio. Cuando recurrieron a la hermana White en relación con el caso, ella dijo: ‘Déjenlos en paz’ ”.—Carta de W. C. White, 6 de enero de 1931].TCS 250.1

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