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Testimonios Acerca de Conducta Sexual, Adulterio y Divorcio

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    Capítulo 13—Luchemos contra pensamientos y sugerencias impuras

    Necesidad de una clara visión espiritual—Nunca antes hubo un tiempo cuando hombres y mujeres cristianos, en todas las sendas de la vida, hayan tenido mayor necesidad de una clara visión espiritual como ahora. No es seguro desviar la vista de Jesús por un solo momento. Sus seguidores deben orar, creer y amarlo fervientemente.TCS 116.1

    Debe realizarse un trabajo a conciencia para limpiar el templo del alma de su depravación natural. Los cristianos tienen que estar bien despiertos para resistir la intromisión del espíritu licencioso entre los que afirman haber sido santificados. Cuando nuestros corazones sean lavados, limpiados y emblanquecidos por la sangre del Cordero, la obra que debe realizarse en nuestra experiencia avanzará tal como fue delineado por Cristo en su admirable oración: “Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad”. Juan 17:19.TCS 116.2

    ¿Qué se puede decir de un hombre que ha sido grandemente bendecido como maestro de justicia y que, cuando le sobreviene la tentación, es seducido y acaba en la senda del pecado? Satanás, en la forma de un ángel del cielo ha venido a él de la misma manera como le apareció a Cristo en el desierto de la tentación, y ha obtenido la victoria...TCS 116.3

    Satanás disfrazado de ángel de luz—Es a los que más luz poseen a quienes más asiduamente Satanás trata de entrampar. El sabe que si logra engañarlos, ellos vestirán el pecado con ropaje de justicia y, bajo su control, conducirán a muchos a errar el camino. Les digo a todos: manténganse en guardia porque Satanás, haciéndose pasar por un ángel de luz, se pasea en todas las asambleas de obreros cristianos, en todas las iglesias, tratando de ponerlos de su lado. Me siento impelida a presentar al pueblo de Dios la siguiente advertencia: “No se engañen; Dios no puede ser burlado”.—The Review and Herald, 14 de mayo de 1908.TCS 117.1

    Maldición que acarrea la transgresión—¡Ojalá que tanto hombres como mujeres consideraran e inquirieran qué es lo que en verdad se gana con la transgresión de la Ley de Dios: En cualquier tiempo y lugar, ante cualquier circunstancia, la transgresión es un gravísimo error, una deshonra para Dios y una maldición para el hombre. Debemos considerarlo así, no importa cuán favorable pueda parecer su apariencia ni por quién haya sido cometido. Como embajadora de Cristo imploro a quienes profesan la verdad presente, a que se sientan resueltamente agraviados ante cualquier aproximación a la impureza, y que abandonen la sociedad de quienes intiman o respiran sugerencias. Detesten sus pecados degradantes con el odio más intenso. Huyan de quienes aun en la conversación permiten que sus mentes se deslicen por tales canales, “porque de la abundancia del corazón habla la boca”. Evítenlos como evitarían la lepra.TCS 117.2

    Exhorto a todos los que tienen confianza en esas personas cuyas vidas no son elevadas ni sus conversaciones puras, a que las midan por la regla del Evangelio: “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido”. Isaías 8:20. Permitan que el espejo de la Palabra de Dios les refleje la voluntad de Dios para que puedan discernir los defectos de su carácter moral.TCS 117.3

    Carácter ofensivo del pecado—Estamos viviendo en una época del mundo en la cual se percibe un poder fascinante, hipnótico, en toda esa clase de personas que barnizan el pecado, insinúan secretamente pensamientos impuros, y se asemejan a ángeles de luz, cuando en verdad son servidores del pecado. No perciben el carácter ofensivo del pecado, ni la justicia retributiva de Dios que sobrevendrá al pecador. Tiemblo por los que no están en guardia y corren el riesgo de ser engañados y corrompidos. Como sierva de Jesucristo, los animo a abandonar la compañía de tal clase de personas. No permitan que entren en sus casas, ni les den la bienvenida. Sepárense de tales compañías porque ellos corrompen el aire mismo que Uds. respiran...TCS 117.4

    Como Moisés le pidió a Israel que se alejara de las tiendas de Coré, Datán y Abiram, nosotros debemos requerir de todos que dejen solos a esos hombres corruptos para que sufran la desgracia y el castigo de sus crímenes.TCS 118.1

    Satanás con forma humana—De la misma manera como Dios me ha mostrado cuán aborrecibles a su vista son estos perniciosos pecados, y cómo aumentan en forma constante y se introducen en las iglesias, los insto a que no den lugar al diablo. Huyan del seductor. Puede ser un ministro, pero es Satanás con forma de hombre. Ha tomado prestado el ropaje del cielo, con el propósito de servir a su amo y engañar a las almas. No den, ni por un momento, lugar a una sugerencia impura, disimulada. No se permitan gratificación alguna. Reprendan a los que se las sugieran. No se asocien con ellos, ni los sienten a su mesa. No consideren con complacencia las palabras que puedan manchar la pureza de su alma. Aun escuchar solamente una sugestión impura manchará el alma de Uds., de la misma manera como el agua sucia e impura contamina al canal por el cual fluye.TCS 118.2

    Clara como la luz del sol—Escojan la pobreza, la separación de los amigos, pérdidas, reproches o cualquier sufrimiento antes que manchar el alma con el pecado. La muerte antes que la deshonra o la transgresión de la Ley de Dios, debería ser la consigna de todo cristiano. Como pueblo que profesa ser reformador, que atesora las verdades más sagradas, solemnes y purificadoras de la Palabra de Dios, debemos elevar mucho más la norma de lo que está actualmente. Debemos tratar prontamente con el pecado y los pecadores que hay en la iglesia, para que otros teman así a Dios. La verdad y la pureza requieren que hagamos un trabajo más acabado con el fin de limpiar de Acanes el campamento.TCS 118.3

    Que los que ocupan posiciones de responsabilidad no toleren el pecado en un hermano. Muéstrenle que debe abandonar el pecado o ser separado de la iglesia. Cuando los miembros de la iglesia actúen como verdaderos seguidores del manso y humilde Señor, habrá menos encubrimiento y excusa por el pecado. Todos lucharán para actuar en todo tiempo como en la misma presencia de Dios. Se darán cuenta de que el ojo de Dios los observa y que los pensamientos más secretos son plenamente conocidos por él. El carácter, los motivos, los deseos y los propósitos aparecen a los ojos del Omnisciente tan claros como la luz del sol.TCS 119.1

    Peligro del pecado consentido—En gran medida, la mayoría de las personas no toman esto en cuenta porque no cultivan la espiritualidad y no miden sus caracteres con la norma de rectitud de Dios. No tienen constantemente en mente que deben rendir cuenta seriamente ante el tribunal de Dios, por todas las transgresiones a su Ley. La vida debe ser ordenada y modelada como si estuviera a la vista misma del que nos señaló la tarea. ¿Podría Ud., que pretende haber recibido una gran luz con preferencia a cualquier otro pueblo sobre la faz de la tierra, contentarse con un nivel bajo?TCS 119.2

    ¡Oh, cuán seria y constantemente deberíamos procurar la presencia divina, para no tener sólo una profesión cristiana, sino para darnos cuenta de la solemne verdad que el fin de todas las cosas está próximo, y que el Juez de toda la tierra está a las puertas! ¿Cómo podemos desantender sus requerimientos justos y santos? ¿Cómo podemos ser transgresores de su Ley ante la vista misma de Jehová? ¿Podemos proseguir en el camino del pecado ante la plena visión de sus consecuencias? ¿Podemos abrigar pensamientos impuros y pasiones bajas ante la plena vista de los ángeles puros y del mismo Redentor, que se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y limpiar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras? ¿Podremos considerarnos sin culpa y a la vez acariciar el pecado ante la vista de Dios? Al considerar el asunto a la luz que fluye de la cruz de Cristo, ¿no les parece el pecado tan bajo, tan peligroso, tan terrible como para no consentirlo?TCS 119.3

    Sin mancha ni contaminación hasta el fin—¡Corrupciones pecaminosas! ¡Cuán pecaminosas siempre, pero cuánto más ahora, cuando estamos en los bordes mismos del mundo eterno! Hablo a mi pueblo. Si nos acercáramos a Jesús y procuráramos adornar nuestra profesión religiosa por medio de una vida bien ordenada y una conversación piadosa, nuestros pies serían guardados de desviarse hacia las sendas prohibidas. Si tan sólo veláramos continuamente en oración, si hiciéramos todo lo que debemos hacer como si estuviéramos en la misma presencia de Dios, seríamos librados de rendirnos a la tentación, y podríamos ser guardados puros, sin mancha y sin contaminación hasta el fin.TCS 120.1

    Si nos mantenemos firmes hasta el fin y confiamos en él, todas nuestras sendas serían establecidas en Dios, y lo que fue iniciado por la gracia, será coronado de gloria en el reino de nuestro Dios. “El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”. Gálatas 5:22, 23. Si Cristo está en nosotros, crucificaremos la carne con sus afectos y concupiscencias.—Manuscrito 9, 1880.TCS 120.2

    La purificación del corazón—Al aceptar a Cristo como Salvador personal, el hombre se coloca en la misma relación con Dios, y disfruta de su favor particular del mismo modo como su Hijo amado es honrado, glorificado y está íntimamente asociado con Dios, y su vida permanece escondida con Cristo en Dios. ¡Oh, qué amor, qué amor maravilloso!TCS 120.3

    Esta es mi enseñanza sobre la pureza moral. El descubrimiento de la negrura de la impureza no será ni la mitad de eficaz para desarraigar el pecado como lo sería la presentación de estos grandiosos y ennoblecedores temas. El Señor no ha dado a las mujeres un mensaje que les permita acometer y atacar a los hombres con su impureza e incontinencia. Incitan sensualidad en vez de desarraigarla. La Biblia, y sólo la Biblia, nos presenta lecciones de auténtica pureza. Por lo tanto, prediquemos la Palabra.TCS 121.1

    Cristo, la propiciación por el pecado—Tal es la gracia de Dios. Tal es el amor con el cual él nos ha amado, aunque estábamos muertos en delitos y pecados, enemigos en nuestras propias mentes por nuestras obras impías, sirviendo a la concupiscencia y los placeres, esclavos de pasiones y apetitos degradados, siervos del pecado y de Satanás. ¡Cuánta profundidad del amor manifestado por Cristo, al constituirse en propiciación por nuestros pecados! Por medio del ministerio del Espíritu Santo es que somos dirigidos al encuentro del perdón de nuestros pecados.TCS 121.2

    La pureza y la santidad de la vida de Jesús, tal como nos las presenta la Palabra de Dios, tienen más poder para reformar y transformar el carácter que todos los esfuerzos realizados para describir los pecados de los hombres y sus seguros resultados. Una mirada resuelta dirigida al Salvador levantado en la cruz podrá lograr más para purificar la mente y el corazón de toda contaminación, que lo que podrían conseguir las explicaciones científicas de la lengua más hábil.TCS 121.3

    Perdón en la cruz—Ante la cruz, el pecador puede ver su desemejanza de carácter con Cristo. Ve la terrible consecuencia de su transgresión; odia el pecado que ha cometido y se aferra a Jesús con fe viva. Juzga su condición de impureza a la luz de la presencia de Dios y de las inteligencias celestiales. Se mide por la norma de la cruz. Es pesado en la balanza del santuario. La pureza de Cristo le ha revelado su propia impureza en sus detestables colores. Se arrepiente del pecado degradante; mira a Jesús y vive.TCS 121.4

    En Cristo Jesús, el pecador encuentra un carácter que todo lo absorbe: dominante, atractivo, que murió para librarlo de la deformidad del pecado. Entonces, con labios temblorosos y lágrimas declara: “El no murió en vano por mí”.—Carta 102, 1894.TCS 122.1

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