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Testimonios Acerca de Conducta Sexual, Adulterio y Divorcio

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    Capítulo 26—A un evangelista*El evangelista a quien fueron dirigidas estas cartas, a menudo conducía una serie de reuniones en un área determinada, luego se trasladaba a otra y, mientras tanto, su esposa permanecía en el lugar atendiendo el interés y dando estudios bíblicos. Esta situación no era la ideal. El evangelista terminó cayendo en adulterio, rechazó el espíritu de profecía y los consejos recibidos de los dirigentes de la Asociación General. Por medio de la Review and Herald se le comunicó que se le había retirado la credencial de pastor ordenado. Pocos años antes de su muerte se arrepintió y volvió al Señor.

    Poderoso para mover multitudes, débil para manejar su yo—Antes que Ud. reciba esta carta, podrá notar que el Señor ha visitado una vez más a su pueblo dándome un testimonio. En la visión me fue mostrado que Ud. no estaba parado debajo de una luz clara, y corría el peligro de causar oprobio a la causa de Dios por conducirse de la manera como cree que puede conducirse. El designio de Satanás es causar su ruina. Ha estado tratando de mantener su mente en un estado constante de agitación, excitándola para que arroje lodo y suciedad en vez de verter los pacíficos frutos de justicia...TCS 189.1

    Hermano R, se me mostró que precisamente ahora Ud. debería ser muy circunspecto en su comportamiento y en sus palabras. Está siendo observado por enemigos. Es muy débil, aunque aparenta ser un hombre muy fuerte cuando mueve las multitudes. Dado que Ud. está ahora sin su esposa, se fraguarán suspicacias, celos y falsedades, aunque Ud. haya dado ocasión para ello. Si no es cuidadoso acarreará un oprobio sobre la causa de Dios que después no podrá borrar. Ud. puede pensar, como sé que ha pensado, que si no va a vivir junto a su esposa, le gustaría sentirse libre de ella. Se siente inquieto, ansioso y alterado. Satanás está tentándolo para hacer de Ud. un necio. Ahora es el tiempo para que demuestre que es un hombre y exhiba la gracia de Dios mediante paciencia, entereza y valor...TCS 189.2

    Peligro de los confidentes—Ud. debería consagrarse a Dios y no vivir espaciándose en sus problemas. Sea cuidadoso cuando es tentado a hacer de mujeres sus confidentes, o permitirles que ellas hagan de Ud. su confidente. Manténgase alejado de la compañía de mujeres tanto como le sea posible. Ud. puede correr peligro. Recuerde que estamos viviendo en medio de los problemas de los últimos días. Casi todo está echado a perder y corrompido.TCS 190.1

    Mire hacia Dios y ore; sí, ore como nunca antes lo ha hecho para ser mantenido por el poder de Dios mediante la fe. Permaneciendo en Dios puede mantenerse incorruptible, sin mancha ni tacha. Afírmese en Dios. Mírelo con fe para llegar a ser participante de su naturaleza divina; huya de la corrupción que está en el mundo por la concupiscencia. Dios lo hará victorioso si vive una vida humilde de oración y dependencia confiada.—Carta 23, 1871.TCS 190.2

    Sin gusto por la Palabra de Dios—Su caso me fue presentado en la última visión que tuve. He estado aguardando para comprobar si Ud. tiene una conciencia compasiva, sensible o endurecida. Lo que sigue lo he tenido escrito por mucho tiempo, pero pensé que debía aguardar hasta que Ud. diera el primer paso. Me ha sido mostrado que Ud. no ha estado viviendo a la altura de la luz que ha tenido. Se ha separado de la luz. El Señor lo ha amonestado con reprobaciones y consejos con el propósito de preservarlo de la ruina de su propia alma y evitar que cause oprobio a su causa. Me ha sido mostrado que Ud. ha retrocedido en vez de avanzar y crecido en la gracia y el conocimiento de la verdad...TCS 190.3

    Ud. ha hecho de las mujeres el tema de sus pensamientos en vez de centrarlos en la Palabra de Dios. Su mente está desasosegada e insatisfecha cuando no puede ocuparse de mujeres jóvenes y mayores. No siente gusto por el estudio de la Palabra de Dios; en cambio, sus pensamientos han estado ocupados en asuntos que guerrean contra el alma. No tiene excusas para su vida insensata.TCS 191.1

    Ministro con mente desdoblada—Por lo que me ha sido mostrado, Ud. es un transgresor del séptimo mandamiento. ¿Cómo puede su mente armonizar con la preciosa Palabra de Dios, con sus verdades, que lo cortan en cada recodo de su vida? Si hubiera sido traicionado inconscientemente por la insensatez, sería más excusable, pero no lo fue. Ud. ha sido advertido, reprobado y aconsejado. Aparentemente aceptó—no de corazón—la instancia a morir a la mente carnal. Pero no se ha determinado a erradicar el mal. Pronto perdió la sensación del dolor vivo del castigo de la vara del Señor, y se apresuró hacia necedades mayores que antes, como un tonto se apresura hacia el cepo. Su amor por la complacencia propia ha llegado a constituirse en su estrategia concupiscente.TCS 191.2

    A Ud. le gusta la compañía de mujeres jóvenes y mayores. Durante una serie de reuniones permitió que su mente planeara e ideara cómo podría relacionarse con señoritas y mujeres mayores, y a la vez no traicionar sus sentimientos. Ud. será conducido a la tentación porque no tiene poder moral para resistirla. Su mente es, permanentemente, impura, porque la fuente nunca ha sido purificada. No ha encontrado deleite en la investigación cuidadosa y diligente de las Escrituras...TCS 191.3

    Carencia de castidad en pensamiento y acción—Dios ha levantado la barrera de los testimonios como una valla a su alrededor, para guardarlo de caer bajo los engañosos ardides del enemigo, pero Ud. la ha derribado y ha arremetido contra todo para seguir sus propias inclinaciones. Su pesar por sus pecados se asemeja al de los que antiguamente rasgaban sus vestiduras para expresar su dolor, pero no afligían sus almas. Ud. no tiene una comprensión correcta de lo que es pecado. No ha sentido el grave carácter de la carencia de castidad del pensamiento y la acción. Su mente es continuamente carnal. Si realmente hubiera sentido tristeza por sus pecados, si hubiera tenido una comprensión correcta de sus errores, habría experimentado el arrepentimiento del cual no hay que arrepentirse.TCS 191.4

    Más perjuicio que ayuda a la causa—Me gustaría establecer algunos hechos. Me ha sido mostrado que su vida y sus labores en la causa de Dios durante algunos años han sido más perjudiciales que beneficiosas para la verdad presente. Si Ud. no hubiera tenido parte en esta obra y se hubiera mantenido totalmente separado de ella, les habría ahorrado mucha tristeza a los que aman la causa de Dios; también les habría ahorrado mucho trabajo, el que Ud. los forzó a realizar para contrarrestar su mala influencia.TCS 192.1

    Si el esfuerzo requerido para corregirlo y evitar que causara desgracia a la obra, hubiera sido empleado para convertir las almas del error a la verdad—y los obreros no hubieran tenido nada que hacer en relación con su persona—, el interés y la robustez de la causa de la verdad presente serían mejores hoy tanto en California como en el este.TCS 192.2

    Influencia de un ministro transgresor—Satanás lo ha hecho su agente para llevar adelante los planes de su mente. La gran agitación y excitación que Ud. ha causado en discusiones esporádicas, y el éxito aparente que ha tenido, lo ha mantenido erguido en su justicia propia. Que se le haya permitido trabajar como se le ha permitido, cuando su corazón no era recto para con Dios, lo ha perjudicado mucho. Ud. no se ha puesto a escudriñar su propio corazón ni ha afligido su alma delante de Dios. Ha sentido muy livianamente sus terribles errores del pasado. Se ha hecho todo lo posible para salvarlo de una desgracia y ruina completas. Ud. ha sido soportado con paciencia y, cuando inepto del todo para la obra sagrada, se le permitió continuar en el trabajo, con el propósito de lograr la salvación de su alma, algunos corazones gemían de dolor bajo la carga de su proceder insensato y pecaminoso.TCS 192.3

    Si hubiera sido abandonado a su suerte hasta que hubiera dado evidencia de que Dios estaba realmente con Ud. y de que era un hombre totalmente reformado, ahora podría ser usado en esta obra solemne. Pero vi que habíamos arriesgado todo y demasiado al animarlo a trabajar en la conversión de los pecadores a Cristo, cuando sus caminos estaban contaminados delante de Dios y su corazón estaba manchado de pecados. Se ha emitido juicio acerca de los auténticos siervos de Dios que son como Ud. No se le debería permitir que desfigure más la obra de Dios con su corazón corrupto y carnal, representando así miserablemente la causa de la verdad presente.TCS 193.1

    El éxito no es evidencia de la aceptación de Dios—Para que Ud. pueda obrar bien, debe vivir una vida nueva, en armonía con Dios. Su naturaleza perversa no ha sido transformada. Ud. no está en paz con Dios, ni con Ud. mismo. Está bajo la esclavitud del gran adversario de las almas, sujeto al viejo hombre de pecado. No es un hombre libre en Cristo. Tiene que producirse un cambio antes que Dios pueda obrar en su persona. Ud. puede argumentar que tiene éxito en sus labores. Eso sucede con muchos: están en guerra con Dios pero tienen alguna medida de éxito. Si hay quienes abrazan la verdad por medio de sus argumentos convincentes, eso no es una evidencia de que Dios acepta su conducta presente.TCS 193.2

    Una vida de conocido pecado mental—Si tan sólo hubiera parado allí... pero no paró. Por un corto tiempo advirtió su mal proceder, pero no se dio cuenta plenamente de que había sido engañado e infatuado por Satanás y nunca fue quitada de sus ojos la niebla que los cubría. Ud. humilló su corazón delante de Dios, y él aceptó su humillación. Pero pronto comenzó a ser descuidado otra vez, y permitió que su mente se llenara de fantasías vanas e impuras. Ud. se tornó un poco más cuidadoso, pero estaba totalmente engañado. Su mente volvió a estar activa para inventar medios para alcanzar su objetivo...TCS 193.3

    Su gran pasión ha sido una apología del vicio. Su vida ha sido una vergüenza; no hay en ella nada de lo cual gloriarse. Ud. caía en una gran depresión si no hacía todo lo posible para lograr alguna excitación, o no tenía una muchacha o una mujer que lo atrajera y lo escuchara contar las aflicciones relacionadas con su esposa. Vergüenza; la vergüenza debería alcanzarlo por su proceder.—Carta 52, 1876.TCS 194.1

    Conversión diaria para una obra sagrada—Dios me ha mostrado tan bien su caso que no me atrevo a dejarlo seguir adelante en el engaño acerca de su real condición. Temo mucho que Ud. malogre su vida eterna, que luego de haber predicado a otros acerca de la obligatoriedad de las demandas de la Ley de Dios, falle en cumplir en su propia vida los principios de esa ley, y abandone la fe.TCS 194.2

    Ud. está tan absorto en Ud. mismo que, a menos que se consagre a Dios, tenga una fe viva y diaria en él, y obtenga su gracia y su poder, se constituirá en un estorbo para el avance de la verdad. No puedo soportar que la obra de Dios sea dañada y sufra a causa de su ineficiencia y sus errores ciegos. Ud. tiene que convertirse diariamente, de lo contrario se tornará inepto para la sagrada obra en la cual se ocupa. Yo sé mucho más de su temperamento peculiar y de sus peligros de lo que otros pueden saber.TCS 194.3

    Apelación a la simpatía de las mujeres—Sus problemas con las hermanas han surgido como consecuencia de atraer su simpatía. Ud. les cuenta sus pruebas y logra de ellas lástima, pues piensan que Ud. es un gran sufriente. Entonces se rinde a sus sentimientos, y da la apariencia de que está sobrellevando una vida casi de martirio. Así las conduce a prestarle servicios y atenciones que no son apropiados, y asume una actitud que lo expone fácilmente a la tentación. Ud. debería haber aprendido, por la experiencia de sus pruebas del pasado, a evitar cualquier actitud que tuviera la más mínima apariencia de familiaridad con las hermanas, casadas o solteras. Permita que sus afectos tengan como su centro a Dios. Dependa de él para lograr apoyo más que de la simpatía humana.TCS 194.4

    Ud. es muy débil en este sentido, pero la causa de Dios no debe ser dañada por sus flaquezas e indiscreciones. Este es su peligro, y Ud. es vencido; entonces se produce una herida en la causa de Dios que nunca podrá ser plenamente curada.—Carta 53, 1876.TCS 195.1

    Después que se le quitó la credencial—Estimado señor: He estado muy atribulada en relación con su caso; sin embargo, no sé qué decirle. He vacilado mucho por temor a expresar palabras que podrían desanimarlo, pues conozco el gran pesar que el desánimo puede acarrear al alma. Pensé que, al no ser renovadas sus credenciales, Ud. formalizaría su vida en su casa, y se retiraría voluntariamente. También pensé que si Ud. estaba en regla con la razón, la religión y la gran necesidad de obreros, recibiría sus credenciales. Pero no podía usar mi influencia para favorecer esto.TCS 195.2

    En la última visión que tuve, me fue presentado el gran trono blanco con el Juez de toda la tierra dictando sentencia para una multitud congregada. El libro mayor del cielo fue abierto, y los que estaban congregados alrededor del trono fueron juzgados de acuerdo con los hechos llevados a cabo en el cuerpo de la congregación.TCS 195.3

    Su nombre indicaba que había sido pesado en balanza y hallado falto. Estaba registrado como un transgresor de los mandamientos de Dios.TCS 195.4

    Oportunidad de redimir el pasado—En su gran misericordia, Dios le dio la oportunidad de redimir el pasado. Cuando manifestó arrepentimiento, él tuvo misericordia de Ud... Fue puesto en un buen campo de labor, y si se hubiera conducido como debería hacerlo un cristiano, habría experimentado el arrepentimiento del cual no hay que arrepentirse.TCS 195.5

    Por un tiempo se mostró humilde y agradecido, pero su corazón había sido entregado a la perversidad y la complacencia propia, y no podía percibir ni sentir que su manera de conducirse en el pasado era muy ofensiva a Dios. Así como Pedro, Ud. fue fielmente amonestado acerca de su peligro y de sus defectos de carácter, pero se sentía muy confiado en Ud. mismo; se puso celoso, y actuó como un niño malcriado...TCS 196.1

    Dios rechaza el trabajo ministerial—Después de haber soportado por tanto tiempo su perversidad, mientras Ud. profesaba ser un pastor del rebaño, Dios le confió otro tiempo de prueba en respuesta a nuestras apesadumbradas peticiones en su favor. El Señor, entonces, le abrió el camino. Nos sentimos muy tristes por Ud.; y cuando comprobamos cómo terminó el asunto, nos sentimos peor que antes.TCS 196.2

    Se me mostró que sus labores como ministro ya no serían aceptadas por Dios. Su sentido moral no ha sido fortalecido por la última prueba a la cual fue sometido. Ud. no asumió ni mantuvo la posición de un penitente, humillándose diariamente delante de Dios, sintiendo su gran misericordia y la pecaminosidad de su parte. Dios no está junto a Ud.TCS 196.3

    Su actitud debería haber sido de contrición y oración; y si hubiera perseverado en la condición penitencial, no estaría ahora donde está: incapacitado para que se le confíe la obra solemne de trabajar por las almas, receloso, mal pensado, egoísta y descortés. Ud. y su esposa son una ofensa para Dios. Fue privilegio de Uds. colocarse en el lugar desde el cual Dios podía obrar por su intermedio, pero no lo hicieron. No tienen amor por el estudio de la Palabra de Dios ni por la oración.TCS 196.4

    La hora de adversidad de David—Ud. no asumió una posición humilde, como la de David, frente a su pecado. Luego de haber cometido aquel gran crimen de su vida, su carácter se deterioró por completo. El crimen se volvió terriblemente en contra de él mismo. Cargaba conscientemente con su culpa. Sintió que había perdido el amor y la lealtad de sus súbditos. Se debilitó física y moralmente. Perdió su respeto y confianza propios. Escasamente se atrevía a confiar en sus anteriores y avezados consejeros. Humilde y dolorosa fue la procesión que se llevó a cabo en aquella huida precipitada desde el trono hasta más allá del monte.TCS 196.5

    Pero David nunca fue más digno de admiración que en su hora de adversidad. Nunca fue verdaderamente mayor este cedro de Dios que cuando tuvo que luchar contra la tormenta y la tempestad. Era un hombre de temperamento fino, que podría haber experimentado los más fuertes sentimientos de resentimiento, pues fue herido profundamente por la imputación inmerecida de un error. El vituperio, nos dice él, quebró su corazón.TCS 197.1

    No habría sido una sorpresa si, aguijoneado por el arrebato, hubiera dado salida a incontrolables sentimientos de irritación, a explosiones de vehemente ira y a expresiones de venganza. Pero no hubo nada de lo que, naturalmente se hubiera esperado de un hombre con tal estampa de carácter. Quebrado de espíritu y con lágrimas de emoción pero sin una expresión de queja, dio la espalda a las escenas de gloria y también de su crimen, y prosiguió en su huida por la vida.TCS 197.2

    Simei le salió al paso y, con una tormenta de maldiciones, lanzó contra él su filípica de vituperios, arrojando piedras y tierra. Uno de los hombres leales a David le dijo: “Te ruego que me dejes pasar, y le quitaré la cabeza”. En su tristeza y humillación, David respondió: “Dejadle que maldiga, pues Jehová se lo ha dicho... He aquí mi hijo que ha salido de mis entrañas, acecha mi vida”. 2 Samuel 16:9-11.TCS 197.3

    David rechaza la venganza—En David vemos al santo de Dios. Sus sentimientos refinados y profundos no se embotaron. Sintió intensamente su pecado...TCS 197.4

    El fiel Natán pronunció el juicio de Dios: La espada nunca se apartaría de la casa de David; lo que había sembrado, habría de cosecharlo. A menudo, lo invadía el sombrío presentimiento de la hora presente. Se maravillaba por la prolongada demora del merecido juicio. El Dios a quien había ofendido por atraer, como su dirigente, tan grande pecado sobre Israel, le estaba mostrando ahora que no era un Dios que miente, y que por medios terribles, en justicia, revelaría su aversión por el pecado. Se dio cuenta de que, verdaderamente, “puedes estar seguro de que tu pecado te alcanzará”.TCS 197.5

    David reveló el oro puro que había en su carácter: en la adversidad, y mientras sufría el juicio retributivo de Dios, rehusó vengarse de Simei e inclinarse ante la estrategia de las artes de los expedientes bajos para ganar su honor y su reino...TCS 198.1

    Trajo a la memoria cuán a menudo Dios había obrado en su favor, y pensó: “Si él acepta mi arrepentimiento, aún podría concederme su favor, y tornar mis lamentos en alegría. Podría quitarme la vestidura de saco y concederme la de benevolencia. Por otro lado, si no se complace conmigo, si me ha olvidado, si va a dejarme perecer en el exilio, no murmuraré. Merezco sus juicios y me someteré a ellos. Soportaré la indignación del Señor, porque he pecado en contra de él, hasta que excuse mi causa y ejecute juicio por ella”.TCS 198.2

    ¡Qué maravilloso cambio para David! Estaba huyendo de su trono y su reino hacia una tierra árida y sin agua.TCS 198.3

    Contraste con el caso de David—Le he presentado esta lección para que Ud. vea el contraste entre su conducta ante la reprobación y el desagrado de Dios, y la de David. Ud. ha estado siempre listo para cargar su desconcierto sobre alguien que mantenga prejuicios en su contra. En vez de reconocer que nadie puede mantener sentimientos demasiado estrechos hacia un hombre que profesa ser un pastor del rebaño pero que corrompe las mentes de los no sospechosos, Ud. actúa como si fuera un mártir que sufre injustamente, un hombre perseguido que merece la simpatía de la gente. Ud. no tiene una adecuada conciencia del pecado. No se comporta rectamente ante Dios en motivo ni en espíritu...TCS 198.4

    Confesión sin penitencia real—Después que Ud. se mudó a Texas y demostró, por la confesión de algunos hechos, que lamentaba sus pecados, su proceder no fue como debería ser el de un penitente. Se sintió apesadumbrado por haber sido enfrentado, y su nombre vituperado. Ud. simpatizaba con Ud. mismo en todo este asunto, y luego se retiró en un estado de irremediable apostasía. Su ejemplo e influencia no fueron, pues, los de un penitente.TCS 198.5

    Mientras tanto nos sentimos realmente tristes por Ud. y su esposa. Ambos han tenido gran luz y grandes privilegios, y ambos se han entregado en las manos del enemigo cuando estaban en medio mismo de la luz, las oportunidades y los privilegios. Nos sentimos muy tristes por Uds. Nos hemos colocado en el lugar de Uds. e hicimos nuestro su caso. Haber tenido una vez parte activa en la causa y luego haber sido puestos de lado, sin más parte en ella, me parece terrible. Pensamos que Ud. se había arrepentido. Hemos orado fervientemente por Ud., y su caso me fue presentado en un sueño.TCS 199.1

    Segunda oportunidad inmerecida—Soñé que, aunque Ud. era totalmente indigno, Dios le daría otra oportunidad. Enseguida hicimos lo que estaba a nuestro alcance para llevarlo a Colorado. Sabíamos perfectamente bien que al hacerlo estábamos obrando en directa oposición a los hermanos dirigentes que conocían su caso. Asumimos la responsabilidad. Le hablamos acerca de esto. Cuando la visión me fue dada hace dos años, se me mostraron algunos hechos relacionados con los peligros que implicaba su conducta, y le escribí fielmente, informándole acerca del proceder que debía adoptar.TCS 199.2

    Al mismo tiempo, le rogué seriamente que no fallara esta vez, que éste era su tiempo, su día de oportunidad. Si fallaba ahora, sería desastroso para Ud. Le dirigí cartas privadas. Lo insté acerca de lo que debía hacer y los esfuerzos serios que debía realizar. Lea el Testimonio No 28. Véase Testimonies for the Church 3:306-383.TCS 199.3

    Amonestación desoída—Cuando estuve en Colorado, hace un año, su proceder me apesadumbró, no por alguna diferencia personal, sino porque noté que Ud. no estaba obrando como Dios le había indicado que obrase. Mi corazón se abatió. Lo amonesté, pero Ud. no escuchó la amonestación. Supe entonces, como lo sé ahora, que había fracasado. Le había señalado claramente el curso que debía seguir en relación con los frutos que esperábamos ver en Ud. Sólo necesitaba darse cuenta de su situación y mejorar en ésta, su última oportunidad.TCS 199.4

    Desmoralización debido a la vanidad y la envidia—Cuando Ud. se trasladó a Colorado, dispuso de un excelente campo de trabajo, una buena casa y mejores privilegios que los que tuvieron otros hermanos. Estaba bien familiarizado con la verdad que presentaba a la gente, y algunos respondieron a ella. Al principio se comportó humildemente... Continuó trabajando, pero comenzó a pensar que Ud. había llegado a ser una gran adquisición para la causa y se ofendía por cualquier cosa que diera la impresión que sus esfuerzos no eran apreciados. Pronto comenzó a quejarse y a manifestar descontento...TCS 200.1

    Cuando tratamos de poner las cosas en orden, Ud. no se comportó como lo hizo David. Compare su concepción y su percepción del pecado con su arrepentimiento y humillación. Su influencia estaba del lado del enemigo. Ud. estaba confundido. Comenzó a recordar cuán grandes cosas había realizado, y a mencionar los nombres de quienes había llegado al conocimiento de la verdad desde que Ud. fue trasladado a Colorado. Sin embargo, si no hubiera sido por artículos y otras influencias aparte de la suya, habría habido pocos que se pusieran de parte de la verdad como gavillas suyas. Ud. reclama demasiado en su favor...TCS 200.2

    Es cierto que habrá algunos que soliciten su trabajo y, debido a su corazón no santificado, Ud. se lisonjea pensando que eso está a favor suyo, y que es un hombre de valor. Pero, ¿podría Ud. suponer, por un momento siquiera, que si ellos pudieran leer su corazón, o si se abriera ante ellos su proceder impío del pasado, estarían ansiosos de solicitar sus tareas? No saben de su proceder, ni de cuánta paciencia ha tenido para con Ud. el pueblo de Dios. Tampoco saben cuán grave ha sido su caso, cuántos testimonios de amonestación le han sido dirigidos, que fueron desoídos. Si ellos supieran cómo son realmente las cosas, no lo animarían para que les predique...TCS 200.3

    Lecciones bien aprendidas por David—En el ejemplo de David pueden verse los frutos del arrepentimiento. Aprendió la lección de la resignación bajo la aflicción, de la paciencia ante las injurias, de la dependencia humilde y total de Dios. En la condición de desánimo y de sombras, tanto suya como de su esposa, deberían haber comenzado como nuevos conversos, tratando de buscar, no ya su voluntad y sus caminos, sino evitando conjeturar acerca de otros y juzgar los motivos de los demás, olvidando para siempre los lamentos y las quejas de los años pasados. Los que no ven como Dios ve, observan los hechos desde el punto de vista humano, y arguyen que David habría tenido razones para quejarse, y que la sinceridad revelada en su arrepentimiento del pasado tendría que haberlo liberado del juicio presente.TCS 201.1

    Es posible que David haya pensado así. Podría haber dicho: He sido obediente durante mucho tiempo, y ello podría compensar mi desobediencia. Es muy duro, en mi vejez, hacer frente a este vendaval arrasador. En general, he vivido una vida de fiel cumplimiento del deber como siervo honrado de Dios, rey de Israel y cantor de su iglesia. Es duro a esta altura colgar mi arpa de los sauces, dejar de producir melodías y ser un errante exiliado. “Mi hijo que ha salido de mis entrañas, acecha mi vida”.TCS 201.2

    Las excusas para el pecado carecen de valor ante Dios—Pero David no presentó excusas. La justicia señala las tablas rotas de la ley transgredida y desenvaina la espada contra el transgresor. Ninguna apología o excusa del pecado tienen valor ante Dios. El sentimiento del alma de David era: ¿Quién podrá disminuir la culpa del pecador cuando Dios testifica en contra de él? El veredicto de Dios—culpable—se ha dado a conocer, y el hombre no puede borrarlo. [David conocía la Escritura]: “Maldito aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas”. David no pronunció queja alguna. El salmo más elocuente que alguna vez entonara fue el que cantó cuando subía la cuesta del Monte de los Olivos, llorando, descalzo, humillado en espíritu, desinteresado y generoso, sumiso y resignado. El fugitivo real no devolvió mal por mal, injuria por injuria. No abrigó sentimientos de venganza en su corazón sino que, aun en medio de sus enemigos se mostró bondadoso, noble, compasivo. ¡Qué marcado contraste hubo en su conducta!...TCS 201.3

    La ley de la siembra y la cosecha—Ud. ha tenido todas las oportunidades, todos los privilegios, todas las ventajas, pero no las aprovechó. Si ambos hubieran buscado a Dios como nuevos conversos cuando fueron a Colorado, si hubieran estudiado la Biblia, andado humildemente con Dios, orado seriamente y vigilado, habrían revelado que apreciaban la dádiva de la vida eterna.TCS 202.1

    Pero Ud. no aprecia el cielo. Aunque a causa de sus pecados ha sido terriblemente amonestado por Dios durante años acerca del castigo proveniente del cielo, que seguramente se manifestará debido a la transgresión, Ud. siempre ha agraviado al Salvador. El lo ha hecho el centro de su incansable amor y tierna solicitud. El y todo el cielo se han avergonzado de Ud. y han reprobado su conducta.TCS 202.2

    Cuando el labrador siembra maíz, cosecha maíz. Si siembra trigo, cosecha trigo. Si siembra semillas venenosas, tendrá lo propio en la cosecha. Y así sucederá con Ud. como agente responsable. Si siembra para la carne, de la carne segará corrupción. Si siembra concupiscencia, cosechará lo que ha sembrado. La semilla sembrada producirá semilla igual a la que se sembró...TCS 202.3

    Logros posibles de una segunda oportunidad—Dios le concedió otra oportunidad. Ojalá la hubiera apreciado debidamente, y hubiera ofrecido oraciones fervorosas y de corazón, con verdadera penitencia y una fe viva para apoderarse de la preciosa promesa. Si con corazón dispuesto hubiera practicado la abnegación y resistido la tentación, habría aumentado su vigor con cada esfuerzo para dominar el yo. Cada nuevo logro respecto de los principios habría facilitado el camino hacia nuevas realizaciones del mismo tipo, fruto de cada victoria moral. La victoria es la semilla que produce según la especie, y lleva al sembrador a una posición más elevada con cada triunfo de justicia. Cada acción virtuosa fortalece los tendones espirituales para lograr nuevas virtudes, a la vez que cada vicio repetido fortalece sus propias cadenas. Existe una fuerza creciente en el hábito y, por su intermedio, cada acción prepara el camino para la repetición...TCS 202.4

    Se retiró cuando le quitaron las credenciales—Si Ud. quiere salvar su alma por medio de una vida humilde y penitente, ésa es la mayor obra a la cual puede dedicarse. Dios es misericordioso, pero Ud. no debería enseñar a otros. Ha perdido el poder para enseñar que proviene de Dios. El Señor no acepta su trabajo.TCS 203.1

    Es alarmante ver cuán rápidamente se está introduciendo en nuestro medio el pecado de la permisividad. Cuando redactaba estos testimonios personales me fue presentado, en las visiones de la noche—y con gran fuerza—, su caso; y no pude dejar de escribirle. Día y noche lleva mi alma la carga por el Israel de Dios...TCS 203.2

    Pérdida del poder divino—Espero que tenga suficiente comprensión como para entender que, como no se le concedieron las credenciales, Ud. debe mantenerse humilde y retirarse. Es posible que haya sabido que fueron mis palabras las que tuvieron que responder a las interrogaciones directas que pusieron fin al asunto relacionado con la recepción de credenciales.TCS 203.3

    Cuando leo los informes que Ud. ha enviado a la revista, mi corazón se entristece. Ningún informe como ése debería aparecer en las columnas de nuestro periódico. ¿Cómo considerarían esos informes las personas a quienes Ud. trató de arruinar? ¿Cómo los recibirían quienes viven en ________________? A causa de que la percepción de quienes tienen a su cargo la revista está empañada, sus informes encuentran acceso a sus columnas. Las elevadas normas de verdad y pureza han sido rebajadas. Su espíritu de independencia y estima propia demostrado desde las reuniones de Battle Creek nada tiene que ver con el espíritu que Ud. habría manifestado si tuviera discernimiento y verdadera conciencia de pecado.—Carta 6, 1880.TCS 203.4

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