Ellen G. White Writings

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La Verdad acerca de los Angeles, Page 198

temía que su naturaleza humana no pudiese soportar el venidero conflicto con las potestades de las tinieblas. En el desierto de la tentación, había estado en juego el destino de la raza humana. Cristo había vencido entonces. Ahora el tentador había acudido a la última y terrible lucha, para la cual se había estado preparando durante los tres años del ministerio de Cristo. Para él, todo estaba en juego. Si fracasaba aquí, perdía su esperanza de dominio; los reinos del mundo llegarían a ser finalmente de Cristo; él mismo sería derribado y desechado. Pero si podía vencer a Cristo, la tierra llegaría a ser el reino de Satanás, y la familia humana estaría para siempre en su poder. Frente a las consecuencias posibles del conflicto, embargaba el alma de Cristo el temor de quedar separada de Dios. Satanás le decía que si se hacía garante de un mundo pecaminoso, la separación sería eterna...

Satanás presentaba al Redentor la situación en sus rasgos más duros: el pueblo que pretende estar por encima de todos los demás en ventajas temporales y espirituales te ha rechazado... Uno de tus propios discípulos... te traicionará. Uno de tus más celosos seguidores te negará. Todos te abandonarán...

En su agonía, se aferra al suelo frío, como para evitar ser alejado más de Dios... De sus labios pálidos, brota el amargo clamor: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa”. Pero aun entonces añade: “Pero no sea como yo quiero, sino como tú”.—El Deseado de Todas las Gentes, 636-638.

Los ángeles en Getsemaní

El universo celestial había mirado con intenso interés la entera vida de Cristo; cada paso desde el pesebre hasta esta terrible escena. ¡Y qué escena para ser

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