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La Verdad acerca de los Angeles

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    Los ángeles debaten los asuntos

    Mientras algunos de los ángeles se unían a Satanás en su rebelión, otros buscaban disuadirlo de sus propósitos, y defendían el honor y la sabiduría de Dios al dar autoridad a su Hijo. Pero Satanás razonaba y se preguntaba por qué Cristo debía ser dotado de poder ilimitado y de comando más alto que el suyo.—Spiritual Gifts 3:37.VAAn 41.3

    Lucifer no quiso escucharlos. Se apartó entonces de los ángeles leales acusándolos de servilismo. Estos se asombraron al ver que Lucifer tenía éxito en sus esfuerzos por incitar a la rebelión. Les prometió un nuevo gobierno, mejor que el que tenían entonces, en el que todo sería libertad. Muchísimos expresaron su propósito de aceptarlo como su dirigente y comandante en jefe. Cuando vio que sus propuestas tenían éxito, se vanaglorió de que podría llegar a tener a todos los ángeles de su lado, que sería igual a Dios mismo, y su voz llena de autoridad sería escuchada al dar órdenes a toda la hueste celestial.VAAn 41.4

    Los ángeles leales le advirtieron nuevamente y le aseguraron cuáles serían las consecuencias si persistía, pues el que había creado a los ángeles tenía poder para despojarlos de toda autoridad y, de una manera señalada, castigar su audacia y su terrible rebelión. ¡Pensar que un ángel se opuso a la ley de Dios que es tan sagrada como él mismo! Exhortaron a los rebeldes a que cerraran sus oídos a los razonamientos engañosos de Lucifer, y le aconsejaron a él y a cuantos habían caído bajo su influencia que volvieran a Dios y confesaran el error de haber permitido siquiera el pensamiento de objetar su autoridad.—La Historia de la Redención, 16.VAAn 42.1

    Satanás fue astuto al presentar su lado del asunto. Tan pronto como notaba que una posición suya era vista en su verdadero carácter, la cambiaba por otra. En cambio Dios, podía obrar con una sola clase de armas: la verdad y la justicia. Satanás podía usar lo que Dios no podía: el engaño y el fraude.—The Review and Herald, 9 de marzo de 1886.VAAn 42.2

    La acción subversiva era tan sutil que no podía hacérsela aparecer delante de la hueste celestial como lo que en realidad era... Este estado de cosas existió por largo tiempo antes de que Satanás fuera desenmascarado y se expulsara a los rebeldes.—Comentario Bíblico Adventista 4:1165.VAAn 42.3

    En su gran misericordia, Dios soportó por largo tiempo a Lucifer. Este no fue expulsado inmediatamente de su elevado puesto, cuando se dejó arrastrar por primera vez por el espíritu de descontento, ni tampoco cuando empezó a presentar sus falsos asertos a los ángeles leales. Fue retenido aún por mucho tiempo en el cielo. Varias y repetidas veces se le ofreció el perdón con tal de que se arrepintiese y se sometiese.—Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, 549-550.VAAn 43.1

    El espíritu de descontento y desafecto no se había conocido antes en el cielo. Era un elemento nuevo, extraño, misterioso e inexplicable. Lucifer mismo, al principio, no entendía la verdadera naturaleza de sus sentimientos; durante algún tiempo había temido dar expresión a los pensamientos y a las imaginaciones de su mente; sin embargo no los desechó. No veía el alcance de su extravío. Para convencerlo de su error, se hizo cuanto esfuerzo podían sugerir la sabiduría y el amor infinitos. Se le probó que su desafecto no tenía razón de ser, y se le hizo saber cuál sería el resultado si persistía en su rebeldía. Lucifer quedó convencido de que se hallaba en el error. Vio que “justo es Jehová en todos sus caminos, y misericordioso en todas sus obras” (Salmos 145:17), que los estatutos divinos son justos, y que debía reconocerlos como tales ante todo el cielo.VAAn 43.2

    De haberlo hecho, podría haberse salvado a sí mismo y a muchos ángeles. Aún no había desechado completamente la lealtad a Dios. Aunque había abandonado su puesto de querubín cubridor, si hubiese querido volver a Dios, reconociendo la sabiduría del Creador y conformándose con ocupar el lugar que se le asignó en el gran plan de Dios, habría sido restablecido en su puesto. Había llegado el momento de hacer una decisión final; él debía someterse completamente a la divina soberanía o colocarse en abierta rebelión. Casi decidió volver sobre sus pasos, pero el orgullo no se lo permitió.—Historia de los Patriarcas y Profetas, 18-19.VAAn 43.3

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