Ellen G. White Writings

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La Verdad acerca de los Angeles, Page 230

inmortalizó la verdad sagrada de que era el Salvador del mundo.—Primeros Escritos, 196-197.

Pedro y Juan librados de la prisión

Poco tiempo después del descenso del Espíritu Santo, Pedro y Juan, que habían estado dedicados a la oración ferviente, fueron al templo a adorar. Allí encontraron a un pobre y desanimado paralítico... Los discípulos se compadecieron de él. “Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos... No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda”. Hechos 3:4-6.—The Spirit of Prophecy 3:275-276.

Como los saduceos no creían en la resurrección, se encolerizaban al oír a los discípulos afirmar que Cristo había resucitado de entre los muertos, pues comprendían que si se dejaba a los apóstoles predicar a un Salvador resucitado y obrar milagros en su nombre, todos rechazarían la doctrina de que no habrá resurrección y pronto se extinguiría la secta de los saduceos.—Los Hechos de los Apóstoles, 64-65.

Algunos de los oficiales del templo y el jefe de la guardia eran saduceos. El jefe, con la ayuda de otros saduceos, arrestó a los dos apóstoles y los puso en prisión, ya que era muy tarde para que sus casos fuesen examinados esa noche.—The Spirit of Prophecy 3:278.

Satanás parecía triunfar y los ángeles malignos lo celebraban; pero los ángeles de Dios fueron enviados a abrir las puertas de la prisión. Contrariamente a la orden del sumo sacerdote y los ancianos, los ángeles les ordenaron volver al templo y continuar hablando palabras de vida.—Spiritual Gifts 1:83-84.

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