Ellen G. White Writings

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La Verdad acerca de los Angeles, Page 50

fieles, y Satanás, con sus secuaces, fue expulsado del cielo.—Primeros Escritos, 146.

Las consecuencias de la rebelión

Satanás quedó sorprendido con su nueva condición. Su felicidad se había disipado. Contempló a los ángeles que como él habían sido tan felices, pero que habían sido expulsados del cielo con él... Ahora todo parecía haber cambiado. Los rostros que habían reflejado la imagen de su Hacedor manifestaban ahora melancolía y desesperación. Entre ellos había continua discordia y acerbas recriminaciones. Antes de su rebelión estas cosas eran desconocidas en el cielo. Satanás consideró entonces las terribles consecuencias de su rebelión. Se estremeció, y tuvo miedo de enfrentar el futuro y vislumbrar el fin de todas estas cosas.

Había llegado la hora de entonar felices cantos de alabanza a Dios y a su amado Hijo. Satanás había dirigido el coro celestial. Había dado la nota; luego toda la hueste angélica se había unido a él, y entonces en todo el cielo habían resonado acordes gloriosos en honor de Dios y su amado Hijo. Pero ahora, en vez de esos dulcísimos acordes, palabras de ira y discordia resonaban en los oídos del gran rebelde... Se acerca la hora de la adoración, cuando los santos y resplandecientes ángeles se postran delante del Padre. Nunca más se unirá al cántico celestial. Nunca más se inclinará, reverente y con santo temor ante la presencia del Dios eterno...

Satanás tembló al contemplar su obra. Meditaba a solas en el pasado, el presente y sus planes para el futuro. Su poderosa contextura temblaba como si fuera sacudida por una tempestad. Entonces pasó un ángel del cielo. Lo llamó y le suplicó que le consiguiera una

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