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Testimonios Selectos Tomo 2

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    Capítulo 43—Terminación del tercer mensaje

    Se me señaló la época en que terminaría el mensaje del tercer ángel. El poder de Dios había asistido a sus hijos, quienes después de cumplida su obra estaban preparados para sobrellevar la hora de prueba que les aguardaba. Habían recibido la lluvia tardía o refrigerio de la presencia del Señor y se había reavivado el viviente testimonio. Por todas partes había cundido la postrera gran amonestación, agitando y enfureciendo a los moradores de la tierra que no habían querido recibir el mensaje.2TS 228.1

    Vi ángeles que iban y venían de uno a otro lado del cielo. Un ángel con tintero de escribano en la cintura regresó de la tierra y dijo a Jesús que había cumplido su encargo, quedando sellados y numerados los santos. Vi entonces a Jesús, que había estado administrando ante el arca de los diez mandamientos, desprenderse del incensario, y alzando las manos exclamar en alta voz: “Consumado es.” Y toda la hueste angélica se quitó sus coronas cuando Jesús hizo esta solemne declaración: “El que es injusto, sea injusto todavía: y el que es justo, sea todavía justificado: y el santo sea santificado todavía.” 1Apocalipsis 22:11.2TS 228.2

    Todas las causas habían sido falladas para vida o para muerte. Mientras Jesús administraba en el santuario, había proseguido el juicio de los justos muertos y luego el de los justos vivientes. Cristo había recibido su reino, por haber hecho expiación por su pueblo, habiendo borrado sus pecados. Estaba completo el número de los súbditos del reino, y consumado el matrimonio del Cordero. Y el reino y el poderío fué dado a Jesús y a los herederos de salvación, y Jesús iba a reinar como Rey de reyes y Señor de señores.2TS 228.3

    Al salir Jesús del lugar santísimo, oí el tintineo de las campanitas de su túnica. Una tenebrosa nube cubrió entonces a los habitantes de la tierra. Ya no había mediador entre el culpable hombre y el ofendido Dios. Mientras Jesús estuvo interpuesto entre Dios y el pecador, tuvo la gente un freno; pero cuando dejó de estar entre el hombre y el Padre, desapareció el freno y Satanás tuvo completo dominio sobre los finalmente impenitentes.2TS 229.1

    Era imposible que fuesen derramadas las plagas mientras Jesús oficiase en el santuario; pero al terminar allí su obra, y cesar en su intercesión, nada detenía ya la ira de Dios que cayó furiosamente sobre la desamparada cabeza del culpable pecador que había descuidado la salvación y aborrecido las reprensiones. En aquel terrible tiempo, después de cesar la mediación de Jesús, los santos vivían en presencia del Dios santo sin intercesor. Había sido decidido todo caso y numerada cada joya. Detúvose un momento Jesús en el departamento exterior del santuario celeste, y los pecados confesados mientras él estuvo en el lugar santísimo fueron asignados a Satanás, originador del pecado, quien debía sufrir su castigo.2TS 229.2

    Entonces vi que Jesús se despojaba de sus vestiduras sacerdotales y se revestía de sus más regias galas. Ceñían sus sienes multitud de coronas interpuestas corona dentro de corona. Rodeado de la angélica hueste salió del cielo. Caían las plagas sobre los moradores de la tierra. Algunos acusaban a Dios y le maldecían. Otros acudían presurosos al pueblo de Dios en súplica de que se les enseñase cómo escapar a los juicios divinos. Pero los santos no tenían nada para enseñarles. Había sido derramada la última lágrima, ofrecida la última angustiosa oración, soportada la última carga y dado el postrer aviso en beneficio de los pecadores. La dulce voz de misericordia ya no había de invitarlos. Cuando los santos y el cielo entero se interesaban por la salvación de los pecadores, ellos no habían tenido interés por sí mismos. Se les ofreció escoger entre la vida y la muerte. Muchos deseaban la vida, pero no se esforzaron en obtenerla. No escogieron la vida, y ya no había expiatoria sangre para purificar al culpable ni compasivo Salvador que abogase por ellos y exclamase: “Perdona, perdona al pecador durante algún tiempo todavía.” Los cielos se habían unido a Jesús, al oir las terribles palabras: “Consumado es. Ha terminado.” El plan de salvación estaba cumplido, pero pocos habían querido aceptarlo. Y al callar la dulce voz de misericordia, el miedo y el horror invadió a los malvados. Con terrible claridad, oían estas palabras: “¡Demasiado tarde, demasiado tarde!”2TS 229.3

    Quienes habían menospreciado la palabra de Dios, corrían azorados de un lado a otro, errantes de mar a mar y de norte a oriente en busca de la palabra del Señor. El ángel dijo: “Y no la hallarán. Hay hambre en la tierra; no hambre de pan ni sed de agua, sino de oir palabra del Señor. ¡Qué no dieran por oir de Dios una palabra de aprobación! Pero no; han de seguir hambrientos y sedientos. Día tras día descuidaron la salvación, estimando en más las riquezas y placeres de la tierra que los tesoros y alicientes del cielo. Rechazaron a Jesús y menospreciaron a sus santos. Los sucios permanecerán sucios para siempre.”2TS 230.1

    Muchos malvados se enfurecieron grandemente al sufrir los efectos de las plagas. Eran un espectáculo de terrible agonía. Los padres recriminaban amargamente a sus hijos y los hijos a sus padres, los hermanos a sus hermanas y las hermanas a sus hermanos. Por todas partes se oían fuertes y gemebundos gritos diciendo: “Tú me impediste recibir la verdad que me hubiera salvado de esta terrible hora.” La gente se volvía contra sus ministros con reconcentrado odio y los reconvenía diciendo: “Vosotros no nos advertisteis. Nos dijisteis que el mundo entero se iba a convertir, y exclamabais ‘Paz, paz’ para disipar nuestros temores. Nada nos enseñasteis acerca de esta hora, y a los que nos precavían contra ella los tildabais de fanáticos y malignos que querían arruinarnos.” Los ministros no se libraron de la ira de Dios. Sus sufrimientos eran diez veces mayores que los de sus feligreses.2TS 230.2

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